Y si bien hay muchas variedades tentadoras, los expertos coinciden en que hay uno que es ideal por sabor, textura y versatilidad: el queso parmesano estacionado, o en su defecto, un grana padano.
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Según especialistas en gastronomía y sommeliers de quesos, este tipo de queso tiene todo lo que se busca en una buena tabla: un sabor intenso, una textura firme que se desgrana fácil y un alto poder de maridaje. Va bien con vinos tintos, cervezas artesanales e incluso con algo dulce como membrillo o higos, lo que lo convierte en una opción rendidora para distintos paladares.
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El queso para una picada es fundamental.
Además, su formato es clave: se puede cortar en escamas o trozos rústicos, y no necesita ser presentado con cuchillo, como pasa con los quesos blandos. Eso lo hace práctico para comer con la mano y compartir sin vueltas, como pide toda picada. Otro punto a favor: suele rendir más que otros quesos, porque con poco alcanza para generar impacto.
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Aunque el parmesano se lleva el primer puesto, los expertos también destacan otros quesos que pueden complementar bien una picada: el provolone estacionado (ideal si hay parrilla), el fontina o pategrás para quienes prefieren sabores más suaves, y hasta el queso azul, si hay lugar para un toque más jugado. Pero si hay que elegir uno solo, el parmesano estacionado sigue siendo el rey indiscutido de la picada.