Cuando se pasa por una etapa de enamoramiento fuerte, el proceso no se genera en el sector del cerebro que razona, ni en el de los sentimientos, sino que se genera disminuyendo el sector que controla impulsos.
Si a una persona se le muestra una foto de aquella de la que está perdidamente enamorada, dentro de un aparato de resonancia, se puede ver en imágenes como las redes neuronales del juicio crítico, prácticamente se apagan. Se produce un cambio en el balance de las sustancias que conectan nuestras neuronas, los neurotransmisores, produciendo un funcionamiento menos racional y ejecutivo.
Esto se exacerba si es un chico o adolescente, que aún no terminó de moldear su capacidad de control inhibitorio del lóbulo frontal. Una de las potencialidades que cuando se alcanzan, dan paso a la adultez. Sumen la falta de experiencias de vida en la memoria y suele ser el coctel perfecto, para la ceguera del amor.
LEER MÁS ► No le puedo sacar el celular a mi hijo: medidas a tener en cuenta
Por ello, hay una mayor predisposición a caer en errores de valoración y juicio crítico, en relación con la persona que genera el enamoramiento. La evolución y la selección natural, organizaron nuestro cerebro para que actuaran de una manera más automática y rápida, respecto a lo que serían prioridades para nuestra especie, en este caso la reproductiva.
El cerebro se ejercita más allá de nuestra genética, es muy moldeable. No siempre la razón podrá contener impulsos emocionales, pero tendrá más chances aquel que más entrene su razonamiento. El que ponga su voluntad y esfuerzo en analizar sus errores y evaluar sus consecuencias, luego podrá planificar y ejecutar acciones de una manera más eficaz. En los más chicos, la función de entrenadores como padres es básica.
LEER MÁS ► Los días de vacaciones no te alcanzan para desestresarte: puntos a tener en cuenta
Ahora, luego de pasada una etapa de enamoramiento “desmedido”, de duración muy variable, el regreso al razonamiento crítico, así sea al menos parcial, puede llevar a una ruptura o, al contrario, que ambos cerebros generen una conexión de apego, donde la oxitocina y vasopresina (con función de neurotransmisores y hormonas), toman el control a largo plazo.
Desde un punto de vista antropológico, el apego nos ha permitido afianzarnos como especie. Nuestros cerebros pueden aprender mucho, pero no pueden aprender mucho de todo y menos aún, contar con el tiempo para hacerlo todo. Evolutivamente, tenemos más posibilidades de sobrevivir como especie, si nos complementamos con otra persona.
No quita, por supuesto, que aquellos que no formen parejas tengan las mismas posibilidades de generar una gran calidad de vida. Pero distinto es vivir aislado, ya que el ser humano necesita vivir en sociedad con otros, para desarrollar todas sus capacidades y posibilidades.
La oxitocina no solo libera y crea conexiones neuronales de apego frente a una pareja, sino también entre familiares y amigos, en distintas potencias. Tal es así que se enciende el mismo grupo neuronal para dar alarma de que nos falta líquido y estamos deshidratados, que cuando pasamos demasiado tiempo aislados.
Temas
Te puede interesar




