Detectan señales de radio en un exoplaneta por primera vez: qué significa
Descubrieron por primera vez señales de radio en un exoplaneta a 63 años luz. Conocé qué esconde este hallazgo inédito para la astronomía y el espacio.
Señales de radio en un exoplaneta: el hallazgo en Beta Pictoris b.
Por primera vez en la historia de la astronomía, un equipo de científicos logró captar señales de radio en un exoplaneta, marcando un antes y un después en la forma en que estudiamos el universo. Se trata de emisiones provenientes de Beta Pictoris b, un gigante gaseoso ubicado a unos 63,4 años luz de la Tierra.
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Hasta hoy, los expertos habían registrado ondas similares en otras estrellas, pero jamás habían podido atribuirlas de manera inequívoca y directa a un mundo fuera de nuestro Sistema Solar. Este hallazgo sin precedentes abre una ventana fascinante para entender los campos magnéticos alienígenas y las violentas auroras que se producen en estos gigantes lejanos.
¿Qué son las señales de radio en un exoplaneta y dónde las descubrieron?
Para entender la magnitud del descubrimiento, primero hay que mirar a los responsables. La investigación fue liderada por astrónomos del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian junto con especialistas de la Universidad de Oregón. Utilizando el potente radiotelescopio MeerKAT (ubicado en Sudáfrica), el equipo logró aislar emisiones en frecuencias de entre 0,85 y 3,5 gigahercios.
Es fundamental hacer una aclaración desde el rigor científico: el estudio fue publicado recientemente en la plataforma de preprints arXiv. Esto significa que, si bien los datos son contundentes, es una investigación preliminar que todavía está pendiente de la tradicional revisión por pares ( peer review).
Estas señales de radio en un exoplaneta bautizado como Beta Pictoris b (un planeta masivo, con unas diez veces la masa de nuestro Júpiter y altísimas temperaturas de formación), mostraron una "fuerte polarización circular". En la astrofísica, esta es la firma inconfundible de que estamos ante la presencia de auroras y de una actividad magnética extrema.
¿Por qué se producen señales de radio en un exoplaneta?
Acá es donde la física se pone interesante. Las ondas no tienen absolutamente nada que ver con vida extraterrestre ni civilizaciones intentando comunicarse. La explicación científica de estas señales de radio en un exoplaneta se llama "inestabilidad máser de ciclotrón de electrones" (ECMI, por sus siglas en inglés).
Las partículas cargadas eléctricamente quedan atrapadas en el gigantesco campo magnético del exoplaneta. Al acelerar de golpe hacia sus polos, liberan esta energía en forma de ondas de radio. Es exactamente el mismo proceso natural que genera las luces de las auroras boreales en la Tierra o en Júpiter, solo que a una escala brutalmente más grande. De hecho, los datos de las universidades involucradas estiman que el campo magnético de Beta Pictoris b es de al menos 1.250 gauss (nuestro planeta apenas tiene medio gauss en su superficie).
¿Cómo detectaron las señales de radio en un exoplaneta sin confundirse con su estrella?
El mayor dolor de cabeza de los científicos siempre fue la "contaminación" espacial. Las estrellas anfitrionas (como nuestro Sol o, en este caso, la estrella Beta Pictoris) también emiten sus propias ondas por actividad magnética. Entonces, ¿cómo confirmaron que estas señales de radio en un exoplaneta venían efectivamente del planeta y no de su sol?
El equipo de investigadores de Harvard y la Universidad de Oregón resolvió el problema usando una técnica súper precisa. Tomaron como puntos de referencia unos cuásares lejanos en el fondo del cielo. Al triangular estas posiciones con el radiotelescopio MeerKAT, lograron separar milimétricamente la fuente de emisión de la estrella y ubicarla de forma inequívoca sobre el exoplaneta.
Con este hallazgo preliminar, los astrónomos ya tienen en la mira otros siete gigantes gaseosos en sistemas cercanos. Si los radiotelescopios logran aumentar su sensibilidad en los próximos años, estamos a un paso de empezar a mapear el interior magnético de mundos que jamás vamos a poder ver de cerca.
FUENTE: Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, Universidad de Oregón y arXiv







