Ciencia con sello santafesino: la investigación que busca transformar residuos agrícolas en biocombustibles de segunda generación

Investigadores santafesinos estudian cómo convertir residuos de cultivos en combustibles y avanzar hacia una nueva alternativa a los derivados del petróleo. Nicolás Bertero, graduado de la Facultad de Ingeniería Química de la UNL, explicó en AIRE las ventajas y los desafíos del proyecto.

En Santa Fe, un grupo de investigadores trabaja en el desarrollo de biocombustibles de segunda generación, una alternativa que busca aprovechar residuos agrícolas y forestales para producir energía destinada al transporte.

En Santa Fe, un grupo de investigadores trabaja en el desarrollo de biocombustibles de segunda generación, una alternativa que busca aprovechar residuos agrícolas y forestales para producir energía destinada al transporte.

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En Santa Fe, un grupo de investigadores trabaja en el desarrollo de biocombustibles de segunda generación, una alternativa que busca aprovechar residuos agrícolas y forestales para producir energía destinada al transporte.

El proyecto fue expuesto en AIRE por Nicolás Bertero, doctor en Ingeniería Química e investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (Incape). Según contó, intenta encontrar una forma de darle valor a parte de la biomasa que genera la actividad productiva de la provincia, sin competir con los cultivos destinados a la alimentación, como puede suceder con los biocombustibles de primera generación, ni afectar los nutrientes que deben permanecer en el suelo.

El desafío de convertir residuos agrícolas en combustible

La investigación busca transformar parte de esa biomasa en combustibles que puedan utilizarse en el transporte, pero el proceso carga con una complejidad que abarca desde el estudio de la materia prima disponible hasta las reacciones químicas necesarias para obtener el biocombustible y su posterior comportamiento en motores.

En diálogo con el programa Santa Siesta, Bertero explicó que el transporte representa entre el 28% y el 30% del consumo total de energía en los países desarrollados. A su vez, estimó que entre el 88% y el 90% de esa energía proviene actualmente de recursos fósiles.

Ante esa dependencia, la investigación apunta a anticipar una transición energética que ya comenzó con el uso de biodiesel y bioetanol, pero que deberá avanzar hacia alternativas que no compitan con la producción de alimentos, como ocurre en este momento con biocombustibles creados a partir de soja y maíz.

En 2025, la histórica refinería de la localidad de San Lorenzo, inactiva desde 2018, fue transformada en una biorrefinería de última generación bajo el proyecto Santa Fe Bio, impulsado por YPF y la firma Essential Energy.

En 2025, la histórica refinería de la localidad de San Lorenzo, inactiva desde 2018, fue transformada en una biorrefinería de última generación bajo el proyecto Santa Fe Bio, impulsado por YPF y la firma Essential Energy.

Los biocombustibles de segunda generación buscan resolver parte de ese problema mediante el aprovechamiento de residuos. En el caso del proyecto desarrollado en Santa Fe, los investigadores analizan especialmente residuos agrícolas y forestales.

La provincia tiene en este sentido una ventaja por su enorme producción agropecuaria y la cantidad de biomasa disponible. Sin embargo, Bertero advirtió que no todo residuo puede convertirse automáticamente en combustible.

Parte del rastrojo, por ejemplo, debe permanecer en el suelo para aportar nutrientes y otra porción puede utilizarse para alimentación animal. Además, cada cultivo tiene una composición diferente y requiere tratamientos específicos.

“Desde el rastrojo hasta el biocombustible hay un montón de etapas químicas”, explicó Bertero. El objetivo inicial es transformar la biomasa en una molécula plataforma, una estructura más sencilla y reactiva que luego permita obtener los biocombustibles.

Una investigación para ir del campo al motor

El proyecto comenzó con una parte del proceso químico, pero el equipo entendió que para avanzar necesitaba incorporar otras disciplinas. Para ello, se conformó un grupo multidisciplinario que reúne investigadores del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (Incape), la Facultad de Ingeniería Química (FIQ), la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza (FCA), la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Fich) y el Centro de Investigación en Métodos Computacionales (Cimec).

La idea es estudiar toda la cadena:

  • qué cantidad de residuos puede extraerse del campo sin afectar el suelo;
  • cómo transformarlos químicamente, qué características tienen los combustibles obtenidos;
  • cómo se comportan al ser utilizados en motores.

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En ese esquema también aparece una oportunidad para sectores como la aviación. Bertero mencionó el desarrollo de los SAF (Sustainable Aviation Fuels), combustibles sustentables para aeronaves, y la posibilidad de que el aprovechamiento de biomasa genere tanto una alternativa energética como una nueva actividad industrial con mayor valor agregado.

Además, explicó Bertero, el desarrollo de biocombustibles implica avanzar sobre un mercado en el que los combustibles fósiles tienen un peso económico enorme. A medida que aumenta la participación de biocombustibles en el transporte, disminuye la utilización de derivados del petróleo, lo que abre una disputa con un sector empresario de gran poder económico a nivel mundial.

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