En mayo de 2023, el gobernador de Florida en Estados Unidos, Ron DeSantis, firmó una ley que prohíbe el uso de celulares en las escuelas. Desde entonces, más de una docena de estados se sumaron a la medida. El argumento es claro: reducir el impacto negativo de las pantallas en adolescentes.
El respaldo social también es fuerte: un estudio del Pew Research Center reveló que casi la mitad de los jóvenes en EE.UU. está conectada “casi constantemente”, mientras que el 81 % de los adultos y el 72 % de los docentes apoyan restricciones totales. Incluso el cirujano general Vivek Murthy pidió advertencias sanitarias en redes sociales, al estilo de las cajetillas de cigarrillos.
joven con celular en la cama
Desde 2023 y acelerándose en 2025, un número creciente de estados en EE. UU. ha aprobado leyes que restringen o prohíben el uso de celulares en escuelas durante el horario lectivo. Al menos 18 estados más el Distrito de Columbia ya aplican prohibiciones durante todo el día escolar, mientras que otros 22 estados han adoptado reglas para cerrar esa brecha en 2025. New York celebró también hace pocas semanas el "primer día sin celulares en escuelas".
Este fenómeno por el momento no constituye una política federal única, sino un mosaico de leyes estatales y normativas escolares que avanzan en distintos grados.
La prohibición del celular en las aulas de provincia de Santa Fe
Si bien existe una ley que desde 2006 prohíbe el uso de celulares en los colegios, la norma nunca se reglamentó, nunca se aplicó y los avances tecnológicos obligan a pensar en un nuevo enfoque a este tema. El ministro de educación, José Goity, confirmó en AIRE que se está trabajando en lo que queda del 2025 para implementar lo que sea necesario y que el 2026 ya de inicio a esta prohibición tanto para alumnos como docentes de todos los niveles educativos.
¿Qué dice la evidencia científica sobre la prohibición de celulares en el aula?
Investigadores de la Universidad de Birmingham analizaron a 1.227 adolescentes en 30 escuelas secundarias de Inglaterra. En 20 de ellas estaba prohibido el uso recreativo del celular; en 10, se permitía libremente. El resultado sorprendió:
- No hubo diferencias significativas en salud mental, rendimiento académico, sueño o conducta en clase.
- La única variación fue que, efectivamente, los estudiantes usaron menos el celular durante el horario escolar.
- Sin embargo, el tiempo total de pantalla diario y semanal no se redujo.
En otras palabras, la prohibición dentro del aula no alcanzó para generar mejoras visibles en bienestar ni en aprendizajes.
victoria goodyear
Victoria Goodyear es Profesora titular en Pedagogía del Deporte, la Actividad Física y la Salud; Subdirector de Educación Digital, Universidad de Birmingham (Reino Unido). Una de las responsables del informe de Birmingham sobre el uso de celulares y su impacto en la salud mental.
La paradoja de la ansiedad: sube primero, ¿baja después?
Otro estudio experimental, titulado “Mobile Phones in Schools: With or Without you?”, mostró que los niveles de ansiedad aumentan en los estudiantes durante un “día sin celular” en la escuela.
- Este fenómeno se interpretó como una reacción de estrés por separación del dispositivo, especialmente en quienes tenían un apego más fuerte a su móvil.
- No obstante, el mismo estudio advirtió que no todos los estudiantes reaccionan igual: los más dependientes sufren más ansiedad, mientras que otros casi no muestran cambios.
Los investigadores no siguieron los efectos en el largo plazo, pero se abre una hipótesis interesante: tras la fase inicial de malestar, los adolescentes podrían atravesar una etapa de adaptación, en la que la ansiedad se estabilice o incluso se transforme en beneficios —más concentración, interacción presencial y mejor regulación emocional.
¿El verdadero problema? El exceso de pantalla
Más allá de las prohibiciones, la evidencia coincide en un punto: a mayor tiempo frente al celular y redes sociales, peores son los indicadores de salud mental, calidad del sueño y rendimiento académico.
mujer con celular en la mano
La doctora Victoria Goodyear, autora principal del estudio de Birmingham, lo resumió así: “Reducir el tiempo en pantallas debe ser un foco importante, pero no alcanza con mirar solo lo que pasa en la escuela. Hay que considerar el uso del teléfono durante todo el día y toda la semana”.
Los especialistas proponen lo que llaman un “compositional whole approach”: un modelo que busca equilibrar el tiempo frente a las pantallas con otras actividades, como ejercicio físico, descanso adecuado y relaciones cara a cara.
Este enfoque no se centra en prohibiciones estrictas, sino en educar y acompañar a los adolescentes para que aprendan a usar la tecnología de manera saludable y equilibrada.
La investigación internacional muestra un panorama complejo: prohibir celulares en las escuelas no garantiza mejoras inmediatas en salud mental ni en rendimiento académico. De hecho, puede aumentar la ansiedad en el corto plazo, sobre todo en los adolescentes más apegados a sus dispositivos.
Sin embargo, con el tiempo y el acompañamiento adecuado, las restricciones podrían ayudar a recuperar la concentración en el aula y favorecer interacciones más saludables. La clave no estaría en las prohibiciones totales, sino en una estrategia integral que enseñe a gestionar el tiempo de pantalla dentro y fuera de la escuela.
Las imágenes de esta nota han sido realizadas con asistencia artificial de ChatGPT5.