La muerte se usó como un mensaje macabro. Un cadáver que sirvió como una especie de envoltorio para generar terror. La víctima, Lorenzo Altamirano, un artista callejero y músico de 29 años que nada tenía que ver con la barra de Newell’s, fue elegido al azar. Estaba en la calle, donde trabajaba.
El objetivo era “sembrar” con sangre un escenario en disputa: la hinchada leprosa, cuyo control está en manos de la banda de Los Monos. A la par de este hecho macabro se produjeron otros episodios violentos: balazos a una comisaría de Villa Gobernador Gálvez y a la Unidad Penal Nº5, conocida como Order, ubicada en la zona oeste de Rosario.
Ante esta situación las cárceles del sur de Santa Fe están bajo alerta. El trasfondo por el manejo de la barra de Newell’s, dejó una decena de muertos en los últimos años, desde que Ariel “Guille” Cantero, líder de Los Monos, tomó las riendas a través de sus delegados, que también están presos como él, como Carlos “Toro” Escobar y Leonardo “Pollo” Vinardi, entre otros.
El control de la hinchada no sólo sirve para extender la venta de drogas sino con otros emprendimientos paralelos, como la recaudación que generan los cuidacoches en esa zona, la venta ambulante, y la marca: la barra de Newell’s, que se usa como una fuerza de choque que sirve para marcar terreno en disputas sindicales, como ocurrió, por ejemplo, con el gremio de Peones de Taxis.
“Dejen de reclutar pibes”, decía el mensaje que fue encontrado en un bolsillo del pantalón de Altamirano, que fue acribillado en la zona del palomar del parque, a metros de la puerta 6 del Coloso Marcelo Bielsa. En el texto aparecía el nombre de Escobar, aliado de Guille Cantero. Unas horas antes había estado ensayando con un grupo de música. Lo subieron a un auto y lo tiraron cerca del Palomar, a metros de avenida Pellegrini, donde lo mataron de siete balazos.
El 31 de diciembre pasado, cuando se produjo un ataque a balazos a la Fiscalía y la sede de la Defensoría en Villa Gobernador Gálvez, los atacantes dejaron un mensaje que hacía alusión a Escobar, que está preso desde 2018 por homicidios y tráfico de drogas. Actualmente está detenido en el penal de Ezeiza. Escobar maneja un sector de la barra y pretenden correrlo.
El crimen de Altamirano no fue un hecho aislado. Porque unos minutos antes de que asesinaran a este muchacho que nada tenía que ver con estas tramas criminales se produjo un ataque a balazos a la comisaría 26 en Villa Gobernador Gálvez, localidad vecina a Rosario. Allí también apareció un mensaje similar, con el nombre de Toro Escobar.
La violencia en Newell’s es un problema que no parece tener solución a pesar de los cambios institucionales que hubo en el club. Desde que Roberto Pimpi Caminos perdió la hegemonía de la barra tras la derrota de Eduardo López en 2008 los conflictos internos nunca lograron apagarse. Caminos fue asesinado en 2010.
Uno de los últimos crímenes en torno a la barra ocurrió en setiembre de 2021, cuando fue ejecutado Nelson Saravia, un hombre que lideró el núcleo duro de la hinchada por un tiempo luego de que fuera detenido Diego Ochoa, alias Panadero, quien había sucedido a Pimpi Caminos, a quien mandó a matar. Saravia fue baleado en 2016 y un mes antes de morir su casa había sido blanco de un ataque a tiros.
Un mes antes del crimen de Saravia, que habría sido ejecutado por Los Monos, fue baleado el frente de la casa del hermano del entonces vicepresidente de Newell’s Cristian D’Amico, candidato a la presidencia que perdió en 2021 frente al actual titular de ese club, Ignacio Astore.
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En 2016, D’Amico fue baleado cuando iba en su camioneta junto a su hijo de diez años. Le dispararon más de una decena balas pero ninguna hirió a él ni al niño, que había ido a practicar al predio de Malvinas. Otro dirigente del club, Claudio “Tiki” Martínez, había sufrido dos ataques a balazos en su departamento del centro de Rosario. Martínez, que era uno de los vicepresidentes, se alejó de la conducción política de Newell’s para siempre.
Detrás de esos hechos intimidantes había estado mano de obra calificada dentro del crimen organizado: Brian Sprío, alias “Pescadito”, ahora aliado con Guille Cantero.
Este hombre fue condenado a 28 años de prisión por haber participado en el triple crimen de Villa Moreno, una masacre contra un grupo de chicos ajenos al mundo del narcotráfico que se produjo el 1º de enero de 2012. En agosto de 2015, dos años después de ser sentenciado, Sprío salió en libertad tras ser absuelto por el beneficio de la duda. En ese momento, según señalaron fuentes policiales, Sprío comenzó a hacer pie en la barra de Newell’s. Pero no es el único que Guille Cantero tiene como delegado dentro de la barra. Por eso las tensiones permanentes.
La semana pasada fue atacada con bombas incendiarias la seccional Nº12, donde los tres atacantes que fueron detenidos –entre ellos un menor- buscaban borrar las evidencias al prender fuego un Toyota Yaris que había sido utilizado días antes para atacar con molotov dos sedes sindicales, la de Empleados de Comercio y la del Sindicato de Recibidores de Granos. Las llamas terminaron quemando cuatro autos, entre ellos la de una agente que se desempeña en la comisaría. En este caso también se investiga a una “terminal” de Los Monos.
Casi al mismo momento de que hombres en moto dispararan el miércoles contra la comisaría de Villa Gobernador Gálvez también fue baleada la cárcel de Rosario, conocida como Order, algo que se presume estaría conectado con los hechos anteriores. Los disparos impactaron en dos autos que estaban estacionados en la puerta del penal, donde los detenidos están alojados de manera transitoria hasta ser derivados a otras prisiones, como Piñero y Coronda.
La reacción de los grupos criminales era esperada, de alguna manera, por el gobierno de Santa Fe, según apuntaron fuentes de la administración de Omar Perotti, porque los mayores controles que se empezaron a implementar en las cárceles “van a provocar venganzas”.
En el penal de Piñero, ubicado a 20 kilómetros de Rosario, se instalaron los primeros escáneres, que desarrolló el INVAP, para controlar todo lo que ingresa al penal. Esta nueva tecnología, que es similar a la que utiliza la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en los aeropuertos empezará a funcionar la semana próxima, bajo un periodo de prueba.
Esta tecnología ya se utiliza en la cárcel de Las Flores en la ciudad Santa Fe y también ya fue instalada en el penal de Coronda. Los controles más severos apuntan a impedir el ingreso de drogas y de celulares a los penales, donde hoy las cárceles actúan como una especie de call center tumbero.
A la par, a fines de mayo empezará a funcionar el sistema de inhibición de señales de celulares en todo el perímetro del penal, donde están alojados los cuadros medios de las bandas criminales. Por eso se comenzó a instalar esta semana en la Unidad Penal Nº11 de Piñero el tendido de fibra óptica para generar conectividad en la cárcel. El objetivo, según Gálvez, es que la conexión pase a ser más segura y que todas las actividades en las que se utiliza internet sea por cable y no por wifi para evitar que haya filtraciones en la conexión.
Durante las últimas dos semanas se denunciaron decenas de extorsiones a comerciantes pequeños y medianos, a los que en nombre de Los Monos los presos les exigen sumas de dinero –que van desde 50.000 a 250.000 pesos semanales- a cambio de no ser atacados a balazos. Si estos controles son efectivos dentro de las cárceles los emprendimientos criminales van a complicarse. Por lo tanto, el ingreso de dinero que retroalimenta estas bandas.
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