Dos décadas atrás era muy común que un niño reciba como regalo de cumpleaños o navidad una valija de herramientas, y en el caso de las nenas la infaltable escobita, plancha o cocina; dejando en claro que ellas se encargan de las tareas domésticas y ellos de las reparaciones… ¿Pero qué sucede si en el hogar sólo hay mujeres o sólo hombres? ¿No se come? ¿No se limpia? ¿No se arregla nada?
Natalia tiene 43 años, es madre soltera de 3 mujeres y actualmente se dedica a la albañilería, profesión que aprendió de pequeña de la mano de su padre. En torno a su relación con las herramientas opina: “Poder arreglar una misma las cosas que se van rompiendo en casa no sólo te da cierta independencia, también es un ahorro importante en mano de obra en un hogar con un solo ingreso como el mío. Mi herramienta favorita es sin duda la cuchara de albañil porque me permite crear, es como el pincel para un artista”.
Las tipologías familiares son cada vez más diversas y los roles que cada integrante ocupa no tienen tanto que ver con el sexo sino con las necesidades que presenta cada familia. Hoy en día es muy común entrar a una ferretería y encontrar mujeres comprando tornillos, tarugos, clavos, mechas y tantos otros elementos; situación que hace 10 años atrás era impensada. Basta con navegar un poco en redes sociales para encontrar ejemplos de mujeres que se convirtieron en influencers haciendo videos donde enseñan a resolver inconvenientes cotidianos relacionados a la construcción o como cambiarle el aspecto a un ambiente de forma sencilla.
La mayoría de las chicas que de alguna manera se dan maña con el uso de herramientas afirman que no solo son muy útiles porque permiten resolver problemas cotidianos sin necesidad de recurrir a un novio, papá o amigo, sino también que les abre puertas en un mercado laboral que crece día a día. De a poco van apareciendo cuadrillas femeninas en las obras en construcción, como así también plataformas de búsqueda laboral “de” y “para” mujeres para aquellas que no se sienten seguras al contratar un hombre para que ingrese a realizar un trabajo.
Hoy en día es muy común entrar a una ferretería y encontrar mujeres comprando tornillos, tarugos, clavos, mechas y tantos otros elementos; situación que hace 10 años atrás era impensada.
Florencia tiene 27 años y con uno de sus primeros sueldos se compró una caja de herramientas, hoy ya es todo una experta y recuerda: “Me vine a estudiar a la ciudad con sólo 18 años y nunca antes había prestado atención a las cosas que se rompían en casa porque de todo se encargaba mi papá o mi hermano. Recuerdo que al poco tiempo de vivir en el departamento sola se me rompió un flexible del baño y no conseguía nadie que lo pueda arreglar, por otro lado sentía temor de meter a un hombre desconocido en casa con las cosas que pasan hoy en día; así que tuve que poner un balde y esperar al fin de semana para que mi papá venga a resolverlo.
A partir de ese día me dije a mi misma que no podía ser tan inútil y fui a comprar algunas herramientas. De apoco y con la ayuda de Internet me fui animando a resolver algunas cosas, varias veces hice macana hasta que le encontré la vuelta. Hoy puedo decir que soy la jefa de mantenimiento de mi propia casa”.
Es tiempo de familiarizar a las chicas con las herramientas desde pequeñas, que no sea papá quien cuelgue un adorno en la habitación o pinte un mueble sino que le enseñe como se hace. Cambiar batidora por taladro es sólo una cuestión de enfoque y depende tanto de hombre como mujeres educar a las nuevas generaciones sin etiquetas y con pautas basadas en la igualdad.
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