Ella vive en Floresta, una barriada de Salta, donde recién hay agua corriente desde noviembre pero todavía no existen cloacas. Por esta situación, los efluvios bajan desde lo alto hasta la calle y generan un lodazal, que es un foco de infección y sarpullidos para los más chicos del barrio.
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Buscando solucionar este tema, Palmira investigó distintos proyectos en Internet que se proponen reusar aguas grises. Además, buscó el asesoramiento de ingenieros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de Aguas del Norte, el proveedor local.
De este modo, diseño dos prototipos de filtro. El primero limpia el agua en un 40% y permite usarla en plantas y árboles, mientras que el segundo tiene tres pasos, incluye una planta acuífera que ozoniza el agua y posibilita regar especies aromáticas y hortalizas.
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“Este proyecto pretende ser el paradigma de un cambio en el pensamiento de las personas y en cómo usan el agua, que es un recurso que no vuelve. Es un cambio social, que tiene que ver con la gente, con pensar en el otro y en cómo se lo puede ayudar”, dijo a El Tribuno.
Palmira sostuvo que sus invenciones son fáciles de replicar y que no busca obtener rédito económico por ellas, sino que preferiría que sean producidas industrialmente y repartidas sin costo. Sus sueños ahora son estudiar Enfermería y armar una huerta comunitaria en Floresta que funcione a base de aguas grises.
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