Por qué cuatro de cada 10 jóvenes argentinos no logran mudarse solos
Cuatro de cada 10 jóvenes argentinos no logran mudarse solos por una combinación factores: ingresos bajos, empleo precario y cambios en los proyectos de vida. Los datos de un estudio reciente.
Cuatro de cada 10 jóvenes argentinos no logran mudarse solos por motivos económicos y laborales.
Cuatro de cada 10 jóvenes argentinos no logran mudarse solos, una cifra que se mantiene estable desde hace al menos una década y que refleja dificultades estructurales para la emancipación. Así lo explicó Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, en una entrevista en el programa Ahora Vengo de AIRE.
El dato surge de un relevamiento basado en la Encuesta Permanente de Hogares, que abarca a las 34 principales ciudades del país.
Cuatro de cada 10 jóvenes argentinos no logran mudarse solos: el dato nacional
“El promedio nacional es del 38,3%”, detalló Araujo, lo que representa a 1.800.000 jóvenes que no pueden independizarse en Argentina.
Las diferencias regionales son marcadas. Las ciudades del norte del país concentran los números más altos, con valores que alcanzan entre el 65% y el 66%. En cambio, en ciudades con mayor actividad económica y polos universitarios, los porcentajes son más bajos.
Ushuaia presenta uno de los registros más bajos, con un 20%, mientras que la Ciudad de Buenos Aires se ubica en 24%.
Cuál es la situación en Santa Fe
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La provincia de Santa Fe se encuentra por debajo de la media nacional. Según el estudio, el porcentaje ronda el 30% a nivel provincial, con valores similares en las ciudades de Santa Fe y Rosario.
Sin embargo, Araujo advirtió que el indicador no mejora desde hace diez años. “Hace una década que se mantiene entre el 36% y el 40% a nivel nacional”, señaló.
expensas gastos alquileres
Quienes lograron mudarse ganan, en promedio, un 15% más que la población económicamente activa.
La falta de movilidad en este grupo etario muestra que el problema es estructural.
El rol del trabajo y los ingresos
El primer factor clave es el empleo. “La desocupación entre los jóvenes que se emanciparon es del 4% al 5%, mientras que entre los que siguen viviendo con sus padres llega al 10% u 11%”, explicó Araujo.
Además, quienes lograron mudarse ganan, en promedio, un 15% más que la población económicamente activa. En contraste, los jóvenes que no se emanciparon tienen trabajos más precarios y perciben la mitad de esos ingresos.
Otro punto central es la informalidad laboral, que alcanza al 36% entre jóvenes de 25 a 35 años.
Cómo influye el peso del alquiler
El alquiler es hoy el principal vehículo de emancipación juvenil. Sin embargo, el aumento sostenido del precio de la vivienda y del metro cuadrado, frente a salarios que perdieron poder adquisitivo, reduce las posibilidades de independencia.
“Cuando aumenta el peso del alquiler dentro del salario y los ingresos no mejoran, los incentivos para emanciparse disminuyen”, explicó el investigador.
El costo de la vivienda crece más rápido que los ingresos.
Estudiar también retrasa la independencia
El segundo factor identificado es la prolongación de la vida universitaria. Entre los jóvenes de 25 a 35 años, quienes siguen estudiando duplican las chances de no emanciparse.
Carreras de alta dedicación, como Medicina, dificultan la combinación con trabajos estables. “Eso retrasa el recibirse, conseguir ingresos suficientes y, por lo tanto, mudarse”, sostuvo Araujo.
Cómo influyen los cambios en la vida familiar
El tercer factor es el retraso en la conformación de pareja y familia. La baja en los matrimonios, la natalidad y las convivencias estables reduce uno de los caminos tradicionales hacia la emancipación.
“Hoy muchos jóvenes apenas alcanzan a pagar un alquiler. Pensar en tener un hijo, con el costo que implica, directamente no cierra”, explicó.
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Entre los jóvenes de 25 a 35 años, quienes siguen estudiando duplican las chances de no emanciparse.
Si bien vivir en pareja ayuda a compartir gastos, el contexto económico desalienta ese paso.
¿Comodidad o falta de incentivos?
Araujo descartó una lectura simplista. “No puedo decir si los jóvenes se quedan porque están cómodos, pero sí que no hay incentivos para irse”, afirmó.
En el norte del país, además, existen dinámicas culturales y económicas donde varias generaciones conviven en un mismo hogar, como forma de sostén ante salarios bajos y pocas oportunidades laborales.
Compartir vivienda, una opción marginal
A diferencia de Europa, compartir vivienda entre amigos sigue siendo poco frecuente en Argentina: apenas representa alrededor del 5% de los hogares jóvenes.
Las diferencias culturales, urbanas y de mercado inmobiliario explican parte de esa distancia.