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Actualidad Perú |

Peñico: la ciudad de 3.800 años que desafía las versiones eurocéntricas de la civilización

Peñico, ciudad milenaria en los valles de Supe y Huaura, fue un centro clave de intercambio entre costa, sierra y selva en el antiguo Perú.

En la costa central de Perú, enterrada durante siglos entre los valles de Supe y Huaura, emerge una ciudad que está redefiniendo la historia antigua de América. Se trata de Peñico, un centro urbano de unos 3.500 años de antigüedad, cuya reciente puesta en valor está generando un replanteo profundo sobre cómo se entiende la civilización en el continente.

En una entrevista en el programa Por Ahora, el licenciado Marco Antonio Machacuay Romero, arqueólogo peruano y subdirector de investigación en la Zona Arqueológica Caral, ofreció una lectura reveladora: Peñico, como antes Caral, demuestra que en América existieron sociedades complejas, organizadas y prósperas al mismo nivel que Egipto o Mesopotamia, pero que se desarrollaron de manera independiente, sin escritura, sin metalurgia y, sobre todo, sin estructuras estatales tradicionales.

Civilización sin cerámica, sin reyes y sin guerras

Durante décadas, muchas corrientes académicas occidentales descartaron como “precivilizadas” a las sociedades que no utilizaban cerámica o que no dejaban registros escritos. Según esa lógica eurocéntrica, las culturas prehispánicas sin esos elementos eran consideradas rudimentarias.

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Peñico pone en jaque esa mirada. Lejos de ser un asentamiento aislado, fue una ciudad planificada, con arquitectura monumental, sistemas de organización colectiva, complejas redes de intercambio y centros ceremoniales, sin rastros de jerarquías rígidas ni violencia organizada.

“Aquí no hay palacios ni tumbas reales. Hay salones de reunión colectiva. No había soberanos reconocidos por un dios. La toma de decisiones era comunal”, explicó Machacuay.

Una red de integración continental

Los hallazgos en Peñico muestran no solo desarrollo urbano, sino una vasta red de contactos que conectaban la costa con la sierra y la Amazonía. Se encontraron objetos provenientes de la selva, como maderas tropicales, caracoles, monos y plumas, junto a bienes de intercambio llegados desde Ecuador y Bolivia, como el Spondylus o la sodalita. Todo esto demuestra que existía una red sudamericana de interacción y comercio miles de años antes del imperio incaico.

Peñico (2)
Destaca por sus impresionantes relieves escultóricos el componente arquitectónico denominado

Destaca por sus impresionantes relieves escultóricos el componente arquitectónico denominado "B2", integrado al Edificio Público Mayor B1-B3 ubicado, en el sector B del centro urbano.

Machacuay destacó que estas sociedades compartían saberes, símbolos y rituales a través de los Andes y más allá, formando un verdadero sistema-mundo americano. “La idea de civilización no debe depender de si usaban cerámica o escribían con signos. Lo que importa es cómo se organizaban, cómo lograban cohesión social y cómo construían sentido colectivo”, señaló.

La monumentalidad como expresión simbólica

Uno de los íconos de Peñico es el Salón de los Pututus, un espacio ceremonial decorado con relieves de caracoles marinos usados como trompetas. Estos instrumentos servían para convocar a la comunidad y marcar momentos rituales. Para Machacuay, su presencia revela tanto una dimensión espiritual como una tecnología social: “Eran herramientas de comunicación y símbolos de cohesión. Nos hablan de una sociedad que pensaba lo colectivo por encima de lo individual”.

Más allá de Machu Picchu

Mientras Machu Picchu sigue siendo el rostro internacional del patrimonio peruano, Peñico abre una puerta hacia lo profundo, hacia lo olvidado, hacia lo que estuvo antes. “Caral fue un boom porque demostró que en Perú hubo civilización antes de la cerámica. Peñico confirma que ese desarrollo no fue aislado ni breve, sino parte de una continuidad cultural que abarca milenios y regiones enteras”, indicó.

Peñico
Vista aérea de Peñico.

Vista aérea de Peñico.

Hoy, Peñico ya puede visitarse. Forma parte de un programa de gestión que articula investigación, turismo y educación. Con un centro de interpretación, rutas accesibles y actividades pedagógicas, se propone no solo atraer visitantes, sino también reconectar a los pueblos con su pasado.

“Caral y Peñico no son solo patrimonio peruano, son patrimonio de toda América. Esta historia también es de Argentina, de Bolivia, de Ecuador. La civilización andina no fue una excepción: fue una alternativa”, concluyó el arqueólogo.

En tiempos donde se hace necesario revisar los relatos fundacionales, Peñico nos recuerda que la historia de América no empieza en 1492, sino mucho antes, con pueblos que construyeron ciudades, redes y símbolos en armonía con su entorno, sin necesidad de espadas ni imperios.

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