sábado 16 de enero de 2021
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Las quemas en el Delta del Paraná configuran la peor crisis socioambiental de la historia de la región

Destrucción del hábitat natural de centenares de especies, contaminación del agua, de los suelos y del aire y desaparición del paisaje son las consecuencias del fuego.

Nunca como durante 2020 hubo tanto fuego ni tanta destrucción en el riquísimo Delta del Paraná. Los 40 mil focos de calor que se registraron desde enero hasta ahora en la región (desde la ciudad de Santa Fe al norte hasta Campana en la provincia de Buenos Aires al sur) configuraron con alta probabilidad la peor crisis socioambiental de la zona. A la gigantesca pérdida de biodiversidad -todavía difícil de estimar- se sumó la contaminación del agua y la erosión de los suelos, que tardarán más de una década en recuperarse. Además, el humo que durante meses invadió la vida cotidiana de los habitantes de las orillas del río contaminó el aire de una manera jamás registrada, empeorando aún más la delicada situación sanitaria que trajo al mundo el coronavirus.

Así de dramática es la foto de lo que deja el año en materia ambiental en la provincia de Santa Fe: la destrucción de unas 400 mil hectáreas en uno de los Humedales más importantes del mundo no es gratis y deja impactos inmediatos, directos y visibles (pérdida del hábitat de centenares de especies animales y vegetales, contaminación del aire) como otros que escapan al ojo humano pero que alteran el equilibrio natural como destrucción de sumideros de carbono y suelos sin vida.

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Así se combaten los focos ígneos en el Delta del Paraná.

Así se combaten los focos ígneos en el Delta del Paraná.

Un ecocidio nunca visto

Las Universidades son actores importantes para ponerle números e interpretación a las imágenes de las llamas y los árboles quemados. El ingeniero agrónomo Néstor Di Leo, del Centro de Estudios Territoriales de la facultad de Agrarias de la UNR, destacó en un informe publicado en la web del Observatorio Ambiental de esa universidad que este año “fue el año en el cual se consumó la mayor destrucción deliberada del patrimonio natural de la que se tenga memoria en el espacio territorial que rodea a la ciudad de Rosario”.

La destrucción de 400 mil hectáreas de uno de los Humedales más importante del mundo deja impactos inmediatos, directos y visibles.

“Durante 2020 sucedió un verdadero ecocidio. En la totalidad del humedal asociado al delta del Río Paraná, casi 2,3 millones de hectáreas, se han quemado 328 mil aunque algunos organismos de Ciencia y Tecnología y organizaciones no gubernamentales estiman una superficie afectada por incendios de casi 400 mil hectáreas” detalló el docente e investigador.

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Sequía y bajante

Hubo (sigue habiendo) condiciones naturales que potenciaron la multiplicación de los incendios a lo largo de todos estos meses: por un lado, una inédita y prolongada condición de bajante del nivel fluviométrico del río Paraná que comenzó a principios de 2019 y que provocó la reducción de las superficies cubiertas por agua en el humedal.

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Así lo explicó Di Leo, quien puntualizó que la bajante se agravó a partir de mayo, fecha a partir de la cual la altura del río en Rosario nunca superó la cota de los 1,5 metros. “Esto llevó a que primero se fueron reduciendo y luego secando tanto lagunas como arroyos y otros cursos de agua, espacios que fueron ganados por nuevos pastizales en el período primavero-estivo-otoñal 2019/2020 de manera que además de aportar más biomasa combustible, dejaron de oficiar como corta-fuegos para contener el avance de frentes de incendio”.

En paralelo, desde el invierno del año 2019 y hasta ahora se verifica una sequía climática cuyo denominador común tiene que ver con la ocurrencia de precipitaciones por debajo de los promedios históricos “ya que se han ido alternando ciclos neutros con fases frías (“Niña”), del ciclo natural y global del clima conocido como ENOS (El Niño – Oscilación Sur)” señaló el especialista.

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La mano humana

Estos factores potenciaron la acción deliberada de personas que encuentran, en el uso del fuego, una forma barata (según su pensamiento) de “limpiar” el terreno para diversos fines, que van desde la producción ganadera hasta la caza furtiva, pasando por los intereses inmobiliarios y la pesca industrial.

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“La acción de personas sin compromiso ni empatía para con los bienes comunes hizo que desde febrero de 2020 se verificara un paulatino incremento en la ocurrencia de focos de calor/incendios en la zona de humedales frente a la ciudad de Rosario” relató Di Leo, quien participa junto a decenas de otros profesionales de la UNR en el abordaje académico y el estudio de las consecuencias de las quemas.

Previsiones que preocupan

El ingeniero agrónomo detalló que según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional del Agua (INA) el escenario para la primera parte de 2021 se muestra igualmente preocupante. “Junto con la continuidad de la Niña la dinámica fluviométrica del río Paraná tendrá pocos cambios durante varios meses”, dijo.

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Una coyuntura que “debiera impulsar la concreción de medidas de políticas públicas sobre estas áreas sensibles que poseen gran importancia ecosistémica”. “El año que comienza debe culminar con la puesta en marcha de una Ley de Humedales que sirva tanto para que existan más áreas de reserva y conservación estricta a partir de faros de conservación, de parques provinciales o nacionales, así como mayores controles sobre las actividades productivas para que no se resignen condiciones de sustentabilidad. En definitiva, directrices más sólidas en cuanto al ordenamiento de los territorios ocupados por humedales” concluyó el experto.