miércoles 20 de enero de 2021
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La muerte de Maradona: 24 horas sin "El Diego", un peregrinar entre el dolor y la alegría de tenerlo como ídolo

Guiados por el deseo de ver al 10 por última vez, este jueves más de un millón de argentinos atravesaron un túnel, entraron a la Casa Rosada siendo unos y salieron siendo otros. La crónica del último adiós del máximo referente argentino.

Desde la apertura de las puertas, las sensaciones en los alrededores de la Casa Rosada fueron ambiguas. La gente estaba agradecida por poder estar ahí, pero también triste, dolida y atormentada por la pérdida del ídolo más grande que alguna vez tuvo.

Tiene cinco años y está por ver a Diego Armando Maradona. Está feliz, aunque el ídolo de millones esté muerto. Su corta edad no le permite entender que está en un funeral y eso, por ahora, le ahorra el dolor. “Yo le explico y le hablo de Diego, pero todavía no entiende de qué se trata la muerte”, cuenta Leila, su mamá. La niña perdida entre las lágrimas de los demás, debe ser una de las pocas personas –ella y los demás nenes de su edad– que puedan atravesar la pasarela montada en el hall de la Casa Rosada sin sentir que dejan ahí una parte de ellos, una parte de historia, de fútbol, de alma.

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Primero la espera, una sensación de pesar. De a poco la ansiedad y los pasos más seguidos en la fila. Gritos, cantos, arengas que le dicen al mundo que "El Diego no se murió". Pero a 10 metros de la entrada a la Casa Rosada esas certezas se comienzan a desvanecer, porque el féretro del máximo ídolo argentino aparecerá rodeado de familiares y amigos vestidos de negro mirando a cada una de las personas que cruzan y lloran, caminan y pestañean atónitos, avanzan saltando y aplaudiendo.

velatorio diego maradona
En Casa Rosada, el desfile de seguidores de Diego Maradona fue incesante durante todo el día.

En Casa Rosada, el desfile de seguidores de Diego Maradona fue incesante durante todo el día.

Este 26 de noviembre no hubo una sola forma de despedir a Diego Armando Maradona, sino millones: una manera distinta por cada persona que vio el cajón que encierra al 10. Es probable que todos hayan sentido tristeza, pero también alegría de llegar hasta ahí. Contradicciones, eso sí que hubo en las últimas 24 horas.

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Dicen que Dios no puede morir, pero el 25 de noviembre al mediodía eso se puso en jaque. En las horas posteriores, las contradicciones se impusieron, las mismas que marcaron la forma en que Diego vivió su vida. De un lado, quienes eran empujados por las ansias de verlo, aunque sea sin respirar. Del otro, los que salían entre un mar de lágrimas, abrazados, casi a punto de caer destrozados en el piso por el deber de cargar para siempre con la imagen de "El Diego" muerto.

A 100 metros de la entrada principal a la Casa Rosada la alegría y el empuje que hizo a Maradona y el amor de su pueblo se adueñaban de los cuerpos que, algunos durante 12 horas, esperaron llegar hasta ese punto. “Diego no se murió”, “El que no salta es un inglés”, “Hay que alentar a Maradó”, "Olé olé olé olé, Diego, Diego”, y todos los cantos referidos ídolo argentino se escucharon alrededor de la Plaza de Mayo.

Dicen que Dios no puede morir, pero el 25 de noviembre al mediodía eso se puso en jaque.

En ese punto comenzaban los cacheos, que al principio, cuando el alcohol de la noche anterior estaba presente, causaron inconvenientes entre la policía y los asistentes. La situación se controló enseguida, pero hubo algunas personas heridas. Aunque los golpes poco importaron, porque a las pocos minutos un hombre con un tajo en la cabeza y sangre chorreando sobre su mejillas salió llorando por la puerta de egreso. El dolor no era por el golpe, sino por haber visto a su ídolo muerto.

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La fila de gente para ver el féretro de Diego Maradona en Casa Rosada se extendía más allá de la Avenida 9 de Julio.

La fila de gente para ver el féretro de Diego Maradona en Casa Rosada se extendía más allá de la Avenida 9 de Julio.

No bastaba con ver a Diego muerto, también había que verlo desde la soledad de un pasillo ancho y techos altos, con frío en el corazón a pesar de los 30 grados de temperatura, sin la compañía de alguien, sin el codo para apoyarse. “Hagan una fila, caminen más rápido”, fueron las órdenes de los organizadores del operativo de seguridad. Es que en el interior de la Casa Rosada, las personas, atónitas, demoraban el paso de las otras almas huérfanas que peregrinaban detrás. Es entendible, todos querían y merecían verlo.

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Otra vez la voz en la radio del policía rezongaba de la lentitud, esta vez de los cacheos. Finalmente, terminaron siendo pocas las personas controladas completamente y el paso se convirtió en un verdadero peregrinar, sin tantos obstáculos cerca de la meta final.

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Hinchas de todos los clubes lloraron y despidieron a Diego Maradona en medio de un profundo dolor.

Hinchas de todos los clubes lloraron y despidieron a Diego Maradona en medio de un profundo dolor.

Y ahí sí. Adentro todo el panorama cambiaba. Se cayó el mundo a pedazos más de un millón de veces. Se vinieron abajo las ideas, los planes, todo lo que un mortal puede pensar decirle o desearle a su ídolo en el momento de su funeral. La imagen atrapaba, congelaba, impresionaba. En un círculo negro por el luto, los allegados a Maradona lo rodeaban y sus miradas iban y venían entre el cajón con los colores de la Selección Argentina y la camiseta de Boca Juniors y los millones de fans de Diego. En el medio estaba él, también solo.

“Tengo 30 años, no lo vi jugar, pero sentía que tenía que estar acá porque el pueblo no abandona a quien lo hizo feliz”

Los primeros en egresar de la Casa Rosada fueron aquellos que llegaron a las 18 del día anterior, ni bien se enteraron de que el jueves a primera hora comenzaba el velorio del astro argentino. Con el correr de las horas, el paso se hizo más ágil y hubo quienes estuvieron en la fila solo durante tres horas.

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Las declaraciones fueron todas similares. Los más grande contaban anécdotas de su vida. “Yo me escapé de mi papá para verlo al Diego”, contó Luis, que llegó a Casa de Gobierno desde Florencio Varela, junto a su mujer, que se secaba las lágrimas y trataba de destrabar el nudo en su garganta. Los más chicos lo conocieron gracias a sus padres, abuelos, vecinos o a algún adulto que les contó o mostró alguna jugada de aquel joven petisito y mágico a la hora de gambetear y de dominar la N° 5.

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El día amaneció gris, a tono con la tristeza de los fanáticos que despedían a Diego Maradona. Con el correr de las horas, el sol fue ganando el cielo.

El día amaneció gris, a tono con la tristeza de los fanáticos que despedían a Diego Maradona. Con el correr de las horas, el sol fue ganando el cielo.

Cerca del mediodía el clima y el fervor se empezaron a calentar. Los argentinos cantaban más fuerte que nunca y entonaban al unísono las estrofas del Himno Nacional Argentino, ese que a Maradona le gustaba tanto cantar. Por poco tiempo, el lapso que se tarda en dar unos 20 pasos, se vivía un clima de Mundial. Pero el después era una aplanadora.

Este jueves, más de un millón de argentinos entraron a la Casa Rosada siendo unos y salieron siendo otros.

La sensación hasta el momento de cruzar la puerta de la Casa Rosada era la de la avaricia de querer llegar, por el calor, el cansancio, el amor a "El Diego". Sin embargo, una vez adentro volvieron las contradicciones, esas a las que Maradona acostumbró a sus fanáticos y a todo el pueblo argentino.

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"La despedida de Diego Maradona fue como debía ser. Nadie se arrepentirá de haber ido, y es probable que en los que se ausentaron quede una sensación amarga para toda la vida. Pero lo cierto es que tampoco Maradona se va a ir de este mundo, porque es imposible que alguien amado por tanta gente sea olvidado".

“Tengo 30 años, no lo vi jugar, pero sentía que tenía que estar acá porque el pueblo no abandona a quien lo hizo feliz”, expresó una hincha de Boca.

Como ella, guiados por el deseo de ver al 10 por última vez, este jueves más de un millón de argentinos atravesaron un túnel, entraron a la Casa Rosada siendo unos y salieron siendo otros. Al principio la sensación pareció de vaciamiento, de arrebato. A los pocos minutos u horas, depende lo que le cueste a cada uno recuperar la compostura, arribó la gratitud. La despedida de Diego Armando Maradona fue como debía ser. Nadie se arrepentirá de haber ido, y es probable que en los que se ausentaron quede una sensación amarga para toda la vida. Pero lo cierto es que tampoco Maradona se va a ir de este mundo, porque es imposible que alguien amado por tanta gente sea olvidado.

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