Hasta hace unos pocos años en Mar del Cobo abundaban los sectores de arena libre y los visitantes eran felices exploradores de playas desiertas y tranquilas, alojados en casas cercanas y modestas entre verdes con aires de campo y con opciones para hacer las compras que se contaban con los dedos de una mano.
Mar de Cobo, a cinco kilómetros al sur de la más famosa Mar Chiquita y a unos 30 al norte del enorme conglomerado que es Mar del Plata, se coló definitivamente este verano entre las plazas favoritas de la costa atlántica. A la par de La Caleta, otra localidad balnearia lindera que hasta hace una década también se vivía como un oasis distante de las playas más populosas de la zona.
Ambas geografías son protagonistas durante la última década de una singular transformación a partir del crecimiento en cantidad y calidad de su oferta inmobiliaria, así como también con residentes permanentes en alza, en particular por el desplazamiento de marplatenses que encontraron allí tierras a mejor precio, siempre cercanas al mar y a menos de 20 minutos de la playa Bristol.
Un verdadero fenómeno es el que se vive en esta franja de costa hasta el límite con Santa Clara del Mar. Cada rincón logró ocupación plena durante todo enero y casi todo febrero, tanto en casas de familia como dúplex y cabañas, rubro este último que no para de crecer.
A Mar de Cobo se llega por Ruta 11 y tiene un casco urbano donde, a raíz de este desarrollo reciente, es constante la apertura de nuevos comercios de distintos rubros. En particular los que apuntan al mercado turístico. Desde restaurantes hasta cervecerías. A la par se desnudan algunas falencias: vecinos se han quejado por problemas con algunos suministros (agua en particular) y falta de médicos en la sala sanitaria municipal.
Variadas posibilidades
Fue hasta hace poco un paraíso para los que buscaban ambientes desolados para sentirse dueños del mar. Hoy los balnearios están casi tan concurridos como uno de grandes ciudades y permiten encontrar en un mismo espacio a los que solo van por sol y mar, a pescadores con sus cañas desde la costa o escolleras y surfistas, olas adentro. Además, existe un corredor con acceso a vehículos de doble tracción, que se extiende casi hasta Mar Chiquita. Cada fin de semana no tiene demasiado que envidiar a esa suerte de concesionaria de camionetas 4x4 a cielo abierto que son los paradores del norte de Pinamar.
El destino tenía mínima popularidad. Algunos lugareños cuentan que quien aportó a su promoción fue Mirtha Legrand, que desde su mesa de almuerzos televisados solía recordar que lo que hoy es la Plazoleta Daniel Tinayre es producto de una donación de tierras que pertenecían a su hijo. Aunque ya no con frecuencia, siempre que pudo visitó el lugar durante sus veraneos en la costa.
El mérito adicional de estos resultados es que el 95% de las plazas contratadas por los turistas corresponde a casas particulares, por lo que no hay incidencia del plan Pre Viaje que sí ha permitido el repunte de otros destinos donde hay mayor presencia de hotelería. En Mar de Cobo hay una hostería y dos posadas.
Comerciantes históricos de esta localidad reconocen que semejante cambio en el volumen de turistas que llega durante la temporada hace que se les escape de las manos la capacidad de atención, así como la disponibilidad de mercaderías. De hecho, durante el último año, algunos de ellos han avanzado con ampliaciones para contar con depósito y más espacio para recibir a los clientes.
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