Escapada a un tesoro guardado de Neuquén, con géiseres a 90 grados y termas únicas
En los confines de la Patagonia, donde el viento esculpe torres de roca y el agua hierve desde las entrañas de la tierra, este destino surge como el último refugio para disfrutar del descanso.
La trashumancia neuquina es una de las pocas que persiste en el mundo de forma masiva; los crianceros pueden recorrer hasta 200 kilómetros a pie junto a su ganado en cada temporada.
Lejos de los destinos más concurridos del sur de Neuquén, existe un rincón escondido que sorprende a cada viajero que se anima a descubrirlo en una escapada. Entre montañas, estepa y arroyos cristalinos, hoy se consolida como la capital de la aventura auténtica en la provincia.
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Ese lugar es Varvarco, una pequeña localidad ubicada en el departamento Minas, al norte de Neuquén. Conocida por haber sido refugio de los hermanos Pincheira —los célebres cuatreros realistas de origen chileno—, el pueblo combina historia, paisajes imponentes y una tranquilidad difícil de encontrar en otros destinos turísticos. Para quienes buscan desconexión real, el sonido de los arroyos y la inmensidad de la estepa, este es el lugar ideal.
Qué hacer en una escapada a Varvarco: esculturas de viento y ríos que se abrazan
A solo 15 kilómetros del pueblo, el paisaje te sacude con Los Bolillos. El viento y la lluvia trabajaron durante siglos para tallar agujas y conos de piedra que se elevan hacia el sol. Caminar entre estas formaciones genera una sensación de pequeñez absoluta; es un anfiteatro natural donde la geología muestra su cara más artística.
La aventura continúa hacia el mirador de la confluencia. Desde allí observás cómo el río Neuquén, el Varvarco y el arroyo Turbio mezclan sus aguas en un abrazo caudaloso. Es el lugar exacto para entender por qué esta región lidera la pureza hídrica de la provincia: el agua baja directamente de los glaciares y las vertientes del volcán.
Fuego bajo la nieve: sumergite en los géiseres de Los Tachos
Si buscás el choque térmico definitivo, tenés que dirigirte al sector de Los Tachos, a orillas del arroyo Covunco. En este paraje, la tierra exhala vapor con una fuerza asombrosa. Pequeños géiseres expulsan agua a 90°C, creando columnas de humo blanco que contrastan con el frío aire cordillerano.
La experiencia geotermal se completa en Aguas Calientes. Lejos de los complejos techados y el cloro, acá las termas son piletas naturales y agrestes. Sumergir el cuerpo en estas aguas minerales mientras contemplás la inmensidad de la montaña es un ritual de sanación que ningún spa urbano puede replicar.
Al ritmo de los crianceros: el ascenso al gran Domuyo y la pesca de elite
Varvarco custodia el acceso al Domuyo, el "Techo de la Patagonia". Con 4.707 metros, este gigante desafía a los andinistas entre noviembre y abril. No necesitás ser un experto para sentir su magnetismo; el solo hecho de acampar en sus faldas te conecta con una energía volcánica que vibra bajo tus pies.
Pero la identidad del pueblo también se escribe con los arreos. Si viajás entre noviembre y diciembre, podés acompañar a los crianceros en la trashumancia, el traslado de miles de animales hacia las veranadas en busca de pasturas frescas. Es una inmersión total en la cultura viva del norte:
- Turismo deportivo: las lagunas Varvarco Tapia y Varvarco Campos son templos para la pesca con mosca, donde la tranquilidad garantiza piques inolvidables.
- Identidad local: participar de los arreos te permite compartir un mate y una charla con los habitantes que mantienen viva la esencia del campo neuquino.
- Temporada ideal: planificá tu viaje entre primavera y otoño para aprovechar los accesos despejados y el clima más amable de la estepa.







