Como cada verano, la provincia de Córdoba se convierte en el objetivo de miles de familias que buscan un destino rodeado de naturaleza y tranquilidad. Lejos de ruido de la ciudad y de la rutina de la oficina, se encuentra Los Reartes, en el corazón de Valle de Calamuchita, una opción que muchos pasan por altos, pero que resguarda atractivos únicos.
Lejos del ruido y de las agendas cargadas, Los Reartes invita a reconectar con lo simple: río, caminatas cortas y noches que terminan temprano. El pueblo nació en el siglo XVIII y todavía hoy mantiene una fisonomía que lo distingue dentro de la provincia de Córdoba.
Escapada a Los Reartes, un pueblo que conserva su escala y su historia
No existen shoppings ni grandes complejos turísticos. Cuenta con su tradicional casco histórico, con su antigua capilla y espacios verdes, lo que refuerza la sensación de estar en un lugar donde la rutina se desacelera de manera natural.
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Durante los meses de calor, la vida del pueblo gira en torno al río Los Reartes. Sus aguas claras, con sectores amplios y de poca profundidad, permiten disfrutar sin sobresaltos y sin la presión de compartir espacio con multitudes.
Las playas naturales se extienden a lo largo de la ribera y ofrecen sombra, arena fina y rincones ideales para pasar horas sin más plan que descansar.
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Qué hacer en Los Reartes durante el verano
El perfil turístico del pueblo se apoya en propuestas simples y de bajo impacto, pensadas para disfrutar el entorno sin alterarlo:
- Recorrer senderos serranos a pie y sin exigencias físicas
- Andar en bicicleta por caminos rurales y costeros
- Visitar ferias artesanales y almacenes de producción local
- Conocer estancias históricas y espacios culturales del pueblo
- Participar de eventos al aire libre organizados en temporada
- Todo sucede a un ritmo pausado, sin necesidad de reservas ni cronogramas estrictos.
Sabores regionales y noches sin ruido
La oferta gastronómica acompaña la identidad del lugar. Parrillas, casas de comida regional, cervecerías artesanales y pequeños espacios de té funcionan en patios abiertos o construcciones antiguas.
Cuando cae el sol, el pueblo baja aún más el ritmo: cenas tranquilas, caminatas cortas y un silencio que se vuelve protagonista, interrumpido solo por el sonido del río o los grillos.
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