Esta pintoresca localidad de Río Negro, ubicada a orillas del lago Nahuel Huapi, ofrece paisajes que parecen salidos de un cuento fantástico y se convierte en el refugio ideal para quienes buscan aire puro y descanso real.
Escapada a Dina Huapi, un refugio de paz con vistas de película
Dina Huapi descansa a solo 15 minutos de San Carlos de Bariloche. Esta ubicación estratégica permite que los visitantes disfruten de todos los servicios de una gran ciudad, pero duerman con el sonido del viento y el oleaje suave del lago.
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Desde cualquier punto del pueblo, los picos nevados de la Cordillera de los Andes dominan el horizonte. Si te parás en la orilla, podés identificar claramente las siluetas de los cerros Catedral, Capilla, López y el imponente Tronador. En verano, sus playas de aguas cristalinas invitan a darte un chapuzón o simplemente a contemplar el atardecer con un buen mate en la mano.
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Qué hacer en Dina Huapi: aventura y exploración
La aldea no solo es un destino contemplativo; también ofrece un menú de actividades para los que necesitan ponerse en movimiento:
- Deportes náuticos: El lago Nahuel Huapi es el escenario perfecto para practicar kayak, stand up paddle o disfrutar de una jornada de pesca deportiva.
- Senderismo y cabalgatas: Los senderos atraviesan bosques naturales y estepas, ideales para recorrer a pie o a caballo mientras respirás el aroma del coihue y el ciprés.
- Cerro Leones: A pocos kilómetros, podés visitar este antiguo volcán que esconde cavernas habitadas por seres humanos hace miles de años. Es una excursión que mezcla geología con historia ancestral.
- Playas paradisíacas: Durante la temporada estival, la costa se transforma en el punto de encuentro para refrescarse y disfrutar del sol patagónico.
Sabores regionales y ferias de artesanos
La experiencia en Dina Huapi se completa a través del paladar. La gastronomía local rinde culto a los productos de la zona, con la trucha arcoíris como protagonista absoluta de las cartas. También podés encontrar platos elaborados con carnes de caza y los clásicos ahumados que caracterizan a la región.
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Si buscás algo más relajado, las picadas artesanales son la opción ganadora. El pueblo suele organizar encuentros de artesanos donde, además de probar productos regionales, podés comprar tejidos, cerámicas y artesanías en madera hechas por manos locales. Es el momento justo para conectar con la comunidad y llevarte un pedacito de la Patagonia a casa.
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