Las construcciones que descansan en Quilmes datan aproximadamente del año 800 d.C., cuando la comunidad levantó una ciudadela con una organización social, política y económica notablemente avanzada para su época. Durante el siglo XVII, en pleno auge, más de 3.000 personas habitaban el núcleo urbano, y otras 10.000 vivían en los alrededores, lo que convirtió en una de las primeras urbes precolombinas del territorio que hoy conocemos como Argentina.
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La resistencia de los Quilmes frente a la conquista
La historia de este pueblo calchaquí está marcada por la resistencia. Los Quilmes defendieron su territorio durante más de un siglo frente al avance español, hasta que en 1667 fueron derrotados. Los conquistadores forzaron a unos 2.000 miembros de la comunidad a caminar hasta Buenos Aires. Solo unos 400 sobrevivieron al trayecto. Allí fueron reducidos en una zona conocida actualmente como Quilmes, donde enfrentaron enfermedades, maltrato y desarraigo.
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Qué ver en las Ruinas de Quilmes
Hoy, las ruinas conservan parte de ese pasado. En la parte baja del sitio se pueden observar antiguas viviendas construidas con pircas —muros de piedra— que albergaban a familias completas. En los sectores más altos vivían los líderes, mientras que los chamanes se establecían en zonas más apartadas, manteniendo el equilibrio espiritual de la comunidad.
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Además de su valor histórico, las Ruinas de Quilmes se integran al paisaje con una belleza natural impactante. Los colores del cerro, el aire seco y el silencio imponente hacen que cada visita se convierta en una experiencia introspectiva y única.
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Escondido en los Valles Calchaquíes de Argentina, se encuentran las Ruinas de Quilmes, un destino que muchos comparan con Machu Picchu.
Qué hacer cerca de las Ruinas de Quilmes
Muy cerca del sitio arqueológico se puede visitar Amaicha del Valle, un pueblo con fuerte identidad cultural donde se celebran las tradiciones indígenas y se pueden probar productos regionales como vinos, quesos y dulces artesanales. También se recomienda recorrer el Museo de la Pachamama, una obra artística única que combina historia, mitología y arte indígena.
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La ruta del vino tucumana ofrece bodegas familiares abiertas al turismo.
A pocos kilómetros hacia el norte, la ruta del vino tucumana ofrece bodegas familiares abiertas al turismo, donde se puede conocer el proceso de producción y degustar vinos de altura. Además, quienes disfrutan del turismo activo pueden explorar senderos de montaña, realizar avistajes de aves o paseos en bicicleta por los caminos rurales.
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Esta escapada combina naturaleza, memoria ancestral y cultura viva. Un destino que conecta al viajero con las raíces más profundas del noroeste argentino.
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