Cinco propuestas a destinos imperdibles poco conocidos del sur del país.
1) Cascada La Fragua - Neuquén
En las afueras del bonito pueblo de Manzano Amargo.
El pueblito queda a 22 km de Varvarco y junto al curso fluvial del Neuquén. Manzano Amargo es un enclave muy florido, con sus casas de adobe, el camping agreste en la costa y opciones de alojamiento básicas que apuntan a un público de pescadores. El entorno es sencillamente bello e inspira al trekking, a salir a remar, a andar a caballo.
2) Meseta de Somuncurá - Río Negro
Inmensa y desconocida, esta área natural protegida alberga especies endémicas, lagunas temporarias y varias leyendas.
Somuncurá significa "piedra que suena" en lengua mapuche, por el sonido que el viento arranca al basalto. Es como una isla elevada de la tierra y aislada de todo, con menos de mil habitantes, que viven cerca de lagunas temporarias y arcillosas –la Chanquín, la mayor de la zona, y la Gaucho Niyeu son las únicas permanentes– y se las ingenian para subsistir con escasos recursos.
Para visitarla es imprescindible contar con una 4x4 y el apoyo de guía o baqueano, porque no hay caminos y el suelo es un amasijo de piedras y plantas pinchudas. se acampa en casas de pobladores.
3) Estupa de Epuyén - Chubut
Templo budista de Samantabhadra construido en 2011 en la Comarca Andina.
La energía especial del valle de Epuyén, un pueblo de espíritu ecológico a 35 km de El Hoyo, motivó a la mexicana Alejandra Almada a construir una estupa en medio de bosques de cipreses, maitenes y coihues. Es la más grande de la Argentina y se diseñó de acuerdo con las tradiciones budistas, con proporciones exactas e instrucciones precisas acerca de su orientación, geometría sagrada y contenidos de valor simbólico.
Convoca a amantes del budismo y de la vida espiritual, con una agenda de actividades que incluye meditaciones guiadas, retiros y charlas. En los folletos turísticos ya figura como atracción local. Muchos se acercan para circunvalarla en el sentido de las agujas del reloj, como reza la creencia, giran las ruedas de oraciones y recitan los mantras. Abre todo el año, a toda hora, y se llega luego de descender por un sendero que deja adivinar de a poco el contorno del templo y sus banderines de colores que se mueven con el viento.
4) Isla Pingüino - Santa Cruz
Nueva área protegida, en pleno mar abierto, a 18 km de Puerto Deseado.
Toma el nombre del emblemático pingüino de penacho amarillo, que visita la isla de octubre a marzo. En mucho de esa sensación colaboran los albatros que vuelan rasantes y el faro de 22 metros de altura que ha sido invadido por los pingüinos magallánicos que usan la casa de los fareros como nursery y refugio a voluntad. Del otro lado, donde la isla es más escarpada, se instalan de octubre a marzo los pingüinos de penacho amarillo, que se distinguen por su corta estatura, por las plumas amarillas a los lados de la cabeza, los ojos rojos y el pico anaranjado intenso.
5) Bosque Petrificado Jaramillo - Santa Cruz
A 230 km de Puerto San Julián, es el único en su tipo que es Parque Nacional.
Nació por decreto en 1954, con diez mil hectáreas y la misión de cuidar la concentración de flora fósil más asombrosa de la Argentina. En 2012, al sumarle 63.543 hectáreas, ganó estatus de Parque Nacional. Tiene árboles petrificados de 30 metros de largo y dos metros de diámetro, que superaban el milenio cuando dejaron el reino vegetal y pasaron al mineral. Hace 150 millones de años, antes de la formación de la cordillera de los Andes, la zona albergó un extenso bosque.




