viernes 26 de noviembre de 2021
Sociedad mujeres | pandemia |

Una sobrecarga que se agravó en pandemia: las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres a las tareas del hogar

Más de la mitad de las mujeres señaló que enfrenta una mayor exigencia en las tareas cotidianas de la casa, en encuestas realizadas por Unicef en abril y octubre de 2020. Las restricciones y la cuarentena profundizaron esta distribución desigual.

“Sobreviví improvisando, con creatividad, estirando las horas del día”, dice Cecilia sobre su vida desde marzo de 2020, cuando se declaró la pandemia y las tareas de cuidado se multiplicaron. Madre de dos hijos de 12 y nueve años, su trabajo como periodista cambió de virtual a presencial en este tiempo, y entre los malabares cotidianos, sumó uno más. “Intento que en mi trabajo entiendan que tengo vida familiar y soy la única responsable de las comidas, de que se bañen, del lavado de ropa, de que hagan la tarea. Las 24 horas del día no alcanzan”, dice con un suspiro.

Una encuesta realizada por Unicef Argentina en abril de 2020 evidenció que “antes de la pandemia las mujeres realizaban el 68% de las actividades del hogar, y que a partir del ASPO esto ascendió al 71%. En consecuencia, el 51% de las mujeres entrevistadas mayores de 18 años expresó en abril de 2020 haber sentido una mayor carga de las tareas del hogar respecto al período previo”, se lee en el informe “Desafíos de las políticas públicas frente a la crisis de los cuidados”, publicado en mayo de 2021, en conjunto con el Ministerio de Economía de la Nación.

En ese mismo documento se lista que “las causas de la sobrecarga son la limpieza de la casa (32%); las tareas de cuidados (28%); la preparación de la comida (20%) y la ayuda con las tareas escolares (22%). A su vez, el 4% de las mujeres reportó una mayor carga laboral.

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Hay un histórico desbalance en la forma en la que se distribuyen las tareas del hogar y la pandemia profundizó la sobrecarga de las mujeres.

Hay un histórico desbalance en la forma en la que se distribuyen las tareas del hogar y la pandemia profundizó la sobrecarga de las mujeres.

En la misma encuesta, pero realizada en octubre de 2020, esta percepción de sobrecarga se había incluso intensificado: fue señalada por el 57% de las mujeres. En consecuencia, como sostienen Cepal, OIT y Unicef, la crisis del covid-19 está "profundizando la división desigual del trabajo y generando un impacto negativo en la salud física y mental de las mujeres’”.

Lorena es maestra de nivel inicial y mamá de dos niños de ocho y dos años. Mientras usa su celular, el más pequeño le pide que le dé la teta. El marido de Lorena, que es enfermero de noche, duerme. Para no despertarlo, ella va al patio, donde habla por teléfono mientras amamanta. “En general, los padres y las madres del jardín te mandan mensajes a cualquier hora, cualquier día, los sábados, los domingos. El año pasado, al principio, eran las 11 de la noche y yo respondiendo mensajes. Te preguntan a las siete o a las ocho de la noche, porque recién tienen el celular, o le pudieron cargar crédito. Pero este año nos pudimos poner de acuerdo con las familias para respetar el horario, porque el año pasado fue muy demandante. El año pasado lo sufrí mucho porque en mi barrio anterior no tenía mucha señal, había días que los videos no se mandaban, y algunas madres decían ‘seño, ayer no se conectó’. Muchos no entienden”, relata, después de levantar la mesa del almuerzo y antes de ponerse a trabajar con las actividades para enviar.

Un informe elaborado por la Dirección de Economía y Género en septiembre de 2020 muestra que las tareas de cuidado no remuneradas son el principal aporte a la economía (un 15,9%), más que la industria y el comercio. El informe también analiza cómo esta situación se vio agravada con la pandemia: mientras muchos sectores productivos presentaron caídas en su nivel de actividad, el trabajo de cuidados aumentó su nivel al 21,8% del PIB y muestra un aumento de 5,9 puntos porcentuales con respecto a la medición "sin pandemia”.

“Creo que la pandemia voló todo por los aires, pero al mismo tiempo sirvió para dar cuenta de la centralidad que tiene el cuidado en la vida cotidiana y que uno lo da por sentado”, dice Carolina Berardi, licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario, que hizo su tesis sobre el tema, en 2019.

Cree que “la pandemia también vino a mostrar que la escuela, no solo garantiza el derecho a la educación, sino que también viene a garantizar el derecho al cuidado y dejó en evidencia la dependencia que tienen las familias en relación a la escuela para poder compatibilizar el trabajo en el mercado, con el trabajo de cuidado. El cierre de las escuelas voló por los aires la organización tradicional, donde por lo menos 4 o 5 horas los chicos están en la escuela y se puede, en ese tiempo, trabajar de modo remunerado”.

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La suspensión de las clases presenciales voló por los aires la organización familiar.

La suspensión de las clases presenciales voló por los aires la organización familiar.

Esta politóloga destaca que el Estado haya tomado, a través de una mesa interministerial, esta problemática. Desde noviembre de 2020 funciona una Comisión Redactora de la Ley para un Sistema Integral de Cuidados, con un plazo de 240 días para presentar una propuesta.

La dedicación diaria a las tareas de cuidado no remuneradas les resta tiempo a las mujeres para el trabajo en el mercado. Y las deja sin posibilidades de tiempo personal para la recreación, por ejemplo. “La distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es estructuralmente desigual: 9 de cada 10 mujeres realizan estas tareas, que significan en promedio 6,4 horas diarias. Ellas dedican tres veces más tiempo que los varones”, dice el informe del Ministerio de Economía.

Nerina es médica, y durante la pandemia lleva adelante jornadas laborales de doce horas. Tiene dos hijas, de 12 y seis años. La más chica empezó primer grado en 2020. El papá de la mayor vive en otra provincia. “Para los trabajadores de salud y esenciales se nos complejizó más porque no había escuela. Había que armar algo, si tenías niñera, había que pagarle el doble, pero además al principio no había niñera. Entonces, era inventar: hubo amigas que se iban turnando para ayudarme. Amigas, vecinas y el papá de la más chiquita, que estaba el mayor tiempo durante la mañana y yo estaba tarde y noche. Yo llegaba a la tarde y me ocupaba de las cosas de la casa, y de maternar. Además, como tengo una tarea de responsabilidad, también tenía que hacer meet (reuniones virtuales) con los equipos de salud. Terminaba 10, 11 de la noche, apagaba las pantallas. Mis hijas se habían dormido y yo no las había mirado a los ojos”, cuenta todavía angustiada.

"En el sector de trabajo informal, la desigualdad es más avasallante. Los límites entre trabajo de cuidado, cuentapropismo y trabajo informal son más difíciles", advierte la investigadora María de los Ángeles Di Capua.

“En total, cerca del 36% de los hogares de nivel socioeconómico alto con niñas y niños menores de 12 años contrata alguna alternativa de cuidados, ya sea servicio doméstico (26%) o de cuidadora (20%). En los sectores medios lo hace el 13% de los hogares y en el nivel socioeconómico más bajo solo el 3% cuenta con esta opción”, dice el informe de Unicef sobre la crisis de cuidados.

Las entrevistadas para esta nota son trabajadoras formales, con derecho a licencia (aunque difícil de ejercer para la médica) y vacaciones. Para las que trabajan de manera informal, una franja de la economía con prevalencia de las mujeres, es aún más complejo.

“Hay una desventaja potencial para las mujeres que es muy fuerte, porque tienen que compartir ese tiempo con el cuidado de niñes, tareas domésticas, junto con el empleo remunerado y lo que terminan flexibilizando es su tiempo personal. Y estamos hablando de sectores con trabajo registrado, porque después tenés todo el sector de trabajo informal, que también te golpea mucho más, porque allí la desigualdad es más avasallante. Los límites entre trabajo de cuidado, cuentapropismo y trabajo informal son más difíciles”, concluye María de los Ángeles Di Capua, docente investigadora de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario y directora del Centro de Investigaciones y Estudios del Trabajo.