miércoles 26 de enero de 2022
Sociedad Oscar Racco | violencia de género | violencia machista

Se acerca la sentencia en el caso María Eugenia, la mujer que estuvo 23 años sometida por Oscar Racco

La víctima denunció que Racco la ataba a la cama cuando él se ausentaba de la vivienda en la que la tenía encerrada. En el juicio, que está próximo al veredicto, se investiga su responsabilidad en los delitos de privación ilegítima de la libertad, reducción a la servidumbre y abusos sexuales agravados

¿Cuántos días, cuántas horas, mantuvo Oscar Racco atada con una cadena a María Eugenia? Ella recuerda que fue así los primeros años y que después, pensó que era la vida que merecía, y se resignó. Una vez, se tiró de la terraza para intentar escapar de una golpiza. Otra vez, en Tribunales, logró que la dejaran salir por otra puerta y se fue hasta Capitán Bermúdez, porque sabía que él la buscaría en las casas de sus familiares.

La historia tomó relevancia nacional esta semana: la mujer que hoy tiene 44 años comenzó un noviazgo a finales de 1995 con el hombre, que le llevaba 16 años. En mayo de 1996, él la llevó de los pelos hasta la casa de ella y la tiró en un sillón. Terminaron -junto a la madre y la hermana de María Eugenia- en la seccional 15 de Rosario. Después, ella fue a vivir con él, y durante el primer tiempo, llegó a estar atada a la cama cuando él se ausentaba de la casa de Santiago 3558, en el barrio Cura de Rosario.

Cada vez que ella se escapaba, él la perseguía, la llamaba de manera insistente, le prometía y la amenazaba, hasta que ella volvía. ¿Podrá el tribunal que integran Nicolás Foppiani, Nicolás Vico Gimena y Rafael Coria determinar cuándo y cómo las cadenas de la violencia dejaron de ser materiales y se convirtieron en una atadura todavía más fuerte, anudada por el miedo? Cuando logró escapar, María Eugenia caminaba por la calle escondida, con capucha, temblaba, sufría ataques de pánico. Dos años después, espera que haya justicia.

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María Eugenia pudo escapar de la casa porque Rocco se olvidó de cerrar los candados de la puerta y estaba apurado por ir al baño.

María Eugenia pudo escapar de la casa porque Rocco se olvidó de cerrar los candados de la puerta y estaba apurado por ir al baño.

En la primera semana del juicio oral y público por privación ilegítima de la libertad, reducción a la servidumbre y abusos sexuales agravados, la fiscal Luciana Vallarella pidió 18 años de prisión, la pena estipulada por los tipos penales.

El juicio abrió con el alegato fiscal. Vallarella fue clara al advertir que “este no es un juicio dónde van a ver la historia de una mujer encadenada durante 20 años. Al principio sí, durante los dos primeros años la mantuvo encadenada a la cama, encerrada en una habitación que no tenía picaporte. Con el tiempo, la limitación fue más psicológica”. Racco también le cambió el nombre: en el barrio creían que se llamaba Lucía Puccio.

María Eugenia se presentó frente al Tribunal para dar testimonio. La mujer, que hoy no vive en Rosario, contó “el calvario” que vivió durante 23 años, dijo que el libro “Gente tóxica”, que le regaló una prima de Racco, fue la puerta de salida a su resignación.

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El 28 de abril de 2019, después de las elecciones primarias provinciales, Racco le dijo que guardara el DNI en el lugar donde él tenía los documentos de ella. Y María Eugenia optó por esconderlo en una zapatilla. El 8 de mayo logró escapar: Racco estaba apurado por ir al baño, se olvidó de cerrar con los dos candados de los que él tenía las llaves la puerta de calle y ella escuchó que abría la ducha.

Buscó en su máquina de coser 640 pesos que tenía para un mandado, el DNI, dos fotos de su hijo y una carta de su padre y corrió. Se escondió detrás de un volquete, paró un taxi, fue a la estación de servicios de Italia y Pellegrini, donde intentó llamar a su casa, pero su madre ya no vivía en la ciudad. Luego pudo pedir ayuda a una antigua vecina. Juliana, la hermana de María Eugenia, viajó para buscarla y le puso una condición: que pidiera ayuda en el teléfono Verde, el número 0800 444 0420, atención y asesoramiento por violencia de género de la Municipalidad. María Eugenia vivió 20 días en una casa de amparo de Rosario y luego viajó para radicarse con su mamá y su hermana.

Tras su escape, logró establecer un vínculo con Facundo, su hijo de 27 años, que María Eugenia tuvo con su primer marido. Hasta los dos años, lo crió pero luego dejó de verlo y recién tuvieron una conversación cuando él cumplió los 19. Racco accedió a llevarla a ver a su hijo, pero mientras estaban reunidos dentro de la casa, Racco llamaba por teléfono y golpeaba la puerta para que ella se apurara.

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El segundo día del juicio declaró Facundo y contó que pudo conocer a su mamá el 28 de agosto de 2013. “Sonó el teléfono de mi abuela y atendí, pero nadie contestaba. Había pasado otras veces, y ese día me dijo 'quiero hablar con tu abuela'. Escuché su voz y le dije 'vos sos mi mamá'". Facundo contó que luego ella fue a visitarlo, hablaron un rato, que María Eugenia no mencionaba lo que le estaba pasando. “Me decía que era lindo, me recordaba cosas de cuando era chico. En ese momento, Racco empezó a golpear la puerta, a tocar timbre, bocina. Como que era tiempo de terminar la visita. La llamó y le dijo ‘Lucía, salí’. Él le cambió el nombre”, cuenta sobre el control que el acusado ejercía sobre María Eugenia.

Racco tomó la palabra en el juicio. A diferencia de María Eugenia, que juró decir la verdad, el imputado no puede ser obligado a declarar en su contra. Aun así, algunas de sus palabras fueron elocuentes: dijo que eran felices con María Eugenia y que nunca la golpeó.

Las amigas también dan cuenta de lo ocurrido. Claudia conoce a María Eugenia desde la adolescencia. El jueves contó la transformación que vivió desde que conoció a Racco. “Dejamos de vernos tanto como antes. Cuando venía, venía perturbada, asustada. Eugenia siempre fue alegre, una persona bellísima, hermosa en todo sentido. Tenía unos bucles hasta la cintura, era una persona divina. La relación la cambió totalmente, le robó el alma. Era otra persona. No la podíamos distinguir”, contó Claudia y relató que su amiga logró escapar algunas veces, pero siempre cedía ante la insistencia de Racco.

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Entre las pruebas y testimonios ofrecidos por la Fiscalía, el relato de Susana, la mamá de María Eugenia, fue fundamental: maestra jubilada, la mujer declaró por zoom y contó que llevaba un registro de las gestiones que hacía para recuperar a su hija en una libreta de almacén. “Cada visita al abogado, yo iba anotando todas las cosas, porque pensaba qué decirle a Facundo el día de mañana, si la madre no volvía. Si la habíamos buscado, no la habíamos buscado. Yo guardé siempre ese cuaderno para tener un testimonio de que nosotros la queríamos”, contó ayer la mujer y consideró que “Racco controlaba la mente” de su hija.

Policías que intervinieron después de que María Eugenia pudo irse, profesionales que asistieron a la mujer en la casa de amparo de Rosario y quienes la asisten ahora, en la provincia donde vive, fueron armando el rompecabezas, que permitirá al Tribunal, entre martes y miércoles, llegar a un veredicto.

Racco tomó la palabra en el juicio. A diferencia de María Eugenia, que juró decir la verdad, el imputado no puede ser obligado a declarar en su contra. Aun así, algunas de sus palabras fueron elocuentes: dijo que eran felices con María Eugenia y que nunca la golpeó. Una afirmación lo pinta de cuerpo entero: “No sé si ustedes saben, pero era ninfómana. Los primeros años estaba con uno y otro, yo no podía más”, expresó. Y justamente, María Eugenia contaba que uno de los castigos era que se arrodillara mientras él comía, y rezara para pedir perdón por ser tan “prostituta”.

Son los jueces quienes tienen que arribar a la convicción de los delitos cometidos. Mientras tanto, sigue vigente la presunción de inocencia, un derecho constitucional. El mapa que va armando la fiscalía delimitará el territorio de lo jurídicamente establecido. Es una oportunidad para que se analicen las consecuencias de todo tipo de la violencia de género. “Quisiera tener una máquina del tiempo y volver 25 años atrás, criar a mi hijo y darle el último abrazo a mi padre”, dijo María Eugenia en su testimonio. Como eso es imposible, desde el Comité Feminista para la Emergencia Sanitaria de Rosario acompañan a la mujer, con confianza en una sentencia reparatoria.