Padre Ochoa: “hoy los pobres somos todos, hasta el que tiene más”
Niños que despiertan sin tener para desayunar siquiera una galletita. Otros que deben ir en busca de su único plato del día a un comedor de barrio. Mientras el peso se devalúa, las tarifas suben, el bolsillo de los que menos tienen acrecienta su pobreza.
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Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el índice de pobreza alcanzó en el primer semestre del 2018 al 27,3% de la población y afecta a casi el 20% de los hogares argentinos. Dentro de este 27,3% de pobres, hay un 4,9% que son indigentes, es decir, cuyos ingresos no alcanzan para comprar la cantidad de alimentos suficientes.

Y es justamente la cara más dolorosa de la Argentina la que muchos barrios de Santa Fe muestran. Allí llegan con su misión evangelizadora los curas. A muchos de ellos los llaman “curas villeros” pero no es el caso del padre Manuel Ochoa, quien se considera cura de barrio. “Convivo con quienes viven aquí, en la realidad que a veces le dicen “la villa Centenario”.
“A veces dibujamos imágenes cuando hablamos de los pobres, como si estuviesen en un grupo separado. No. Los pobres somos todos, hasta el que tiene más. Porque son pobres de alma”, aseguró.
Ochoa es párroco de la Capilla Nuestra Señora de Itatí. Como vecino de Centenario recuerda que en 2001 atravesó una crisis similar en B° San Agustín. “Ahora vivo esta crisis con mis amigos, mis vecinos”.
Consultado acerca de la evolución de la pobreza en Argentina y su percepción en la ciudad, afirmó que va en crecimiento. “El ser humano ha involucionado”, dijo. “La población en el barrio es mucha y los servicios que hacen falta, también”.
A nivel Santa Fe
Según los datos difundidos por el INDEC, en el “Gran Santa Fe ” la pobreza alcanzó el 30,3%, (+3) puntos porcentuales más que la media nacional y afecta al 20,4% de los hogares. Mientras que la indigencia ha alcanzado al 3,5%. Esto representa un fuerte incremento respecto a las mediciones previas.
“Existe en el barrio una red comunitaria donde existe una preocupación por el abandono permanente que sufrimos. Nos pueden decir que en toda la ciudad hay mugre, si, pero en mi barrio aún más. Porque hay abandono. La gente limpia su casa y saca la basura a la calle pero nadie se ocupa de eso”, continuó.
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El rol de la fé
Mucho se ha hablado acerca del rol de la Iglesia en los barrios y la relación con el Estado. Y en el contexto actual, surge la discusión en la sociedad sobre los fondos que recibe la iglesia católica. Sin embargo, muchos de los curas que trabajan al lado de los más pobres, apelan a la solidaridad de los ciudadanos para afrontar las distintas necesidades.

“La gente religiosamente continúa. Cuando entras a una casa precaria ves las imágenes religiosas, encontras una vela para la Virgen. La gente busca refugio y nosotros debemos encontrar la manera de dárselo”, manifestó Ochoa. Y en ese sentido, dijo que se trabaja desde los comedores y copas de leche. “El almuerzo no les falta a ninguno de los niños pero nos queda una franja grande de los ancianos”.
Por eso, desde la Capilla comenzaron a llevar adelante un comedor para los adultos mayores del barrio. “No vamos a buscar ayuda en el Estado sino que apelamos a quienes quieren sumarse”. Afirmó que existe mucha burocracia y demoras por parte del Estado en cuanto a dar ayuda a los más pobres.
El flagelo de la droga
En los barrios más carente, pareciera que la droga penetra con mayor facilidad. Y quizás esto tenga que ver con la necesidad de los jóvenes, de encontrar una salida a su situación. En esta desigualdad dentro de la sociedad, quienes más carecen, buscan alcanzar (del modo que sea) lo que otros tienen. Y allí aparece la delincuencia o el querer tener al menor esfuerzo posible.
Ante la falta de oportunidades, muchos jóvenes, y cada vez más jóvenes de edad, entran en el consumo y la delincuencia. “Pasa por la educación y por una apertura. Al desaparecer las escuelas técnicas, han desaparecido los oficios. Los padres de estos hijos que tenemos ahora se educaban allí. Al cortarse eso, no hay salida laboral”, continuó Ochoa.
Manifestó que en la clase media, esto lleva a la depresión. “La depresión es un regalo que no hay que aceptar” aseguró. “En la realidad, el que no está ocupado y no tiene salida laboral, se transforma en un drogadicto o en un acomodado de la sociedad”, aseveró.

El padre Manuel Ochoa conoce de cerca a los más jóvenes debido a haber sido profesor en la escuela San Vicente de Paúl. “Los chicos de estos barrios tienen una capacidad que sorprende. Son superiores en capacidad y creatividad, pero no los usamos”, aseguró. Pero la marginalidad y desigualdad existente hace que se encuentren con menos salida laboral. “Cuando presentan un curriculum y ven el barrio del que son, pareciera mala palabra”.
Aborto y pobreza
Cuando surgió el debate por el aborto en el Congreso y en la sociedad toda, muchas voces se levantaron a favor y otras tantas en contra. Y surgió también la discusión por quienes son las mujeres que más recurren a este método ante el deseo de no concebir un hijo o ser víctimas de violación o situaciones no deseadas.
En relación a este tema, Ochoa dijo que “las familias saben lo que es perder un miembro de la familia por un aborto, conocen el dolor. ¿Cuántas abuelas tenemos en los barrios que crían a sus nietos por qué las madres murieron? Ellos aprendieron así”. “Conviven con la muerte y el dolor”, aseguró.
Concluyó que los barrios más carenciados son como “tachos donde conviven todos y se recicla mal”.
Afrontar un verdadero combate contra la pobreza es mucho más que alarmarnos con los datos que nos duele cada vez que nos los muestran. Afrontar la pobreza requiere ver y valorar de manera integral las políticas públicas de un Estado presente y activo que hoy no está.




