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Sociedad

Nairobi y el feminismo en la serie La Casa de Papel: “¡Jarana, hermana!”

En la tercera temporada de la serie de habla hispana más vista en la historia de Netflix, el personaje que interpreta Alba Flores planta la bandera de la igualdad de género. (Alerta, spoilers).

Por Natalia Pandolfo

Que el tono de las españolas te lleva a levantar el mentón como un resorte, joder! El personaje de Alba Flores en La Casa de Papel encarna como ninguno la impronta del feminismo: Nairobi mira la vida con gafas violetas. Nairobi es la amiga que cachetea y despabila. Nairobi es la mujer que cae, se desangra y se levanta más grande.

Serie flashera por naturaleza, este fenómeno de masas nacido al calor de la era del streaming propone una tercera temporada (que tendrá continuidad en la cuarta) ambientada dos años después del asalto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Madrid. Al igual que en las entregas previas, las relaciones entre integrantes del grupo siguen tejiéndose cual túnel subterráneo del Banco de España. Y en la construcción de estos vínculos se cuela el discurso feminista que pone en discusión los privilegios, los desequilibrios: el poder. 

“Tú eres una mujer libre. Eres libre de irte de fiesta, eres libre de irte de una isla y eres libre de irte del planeta, si te apetece”, le dice Nairobi a su colega Tokio (Úrsula Corberó), en uno de los intercambios sororos más bellos de la serie. “Tienes que quererte más”, habla a los ojos de su amigo Helsinki (Darko Peric), que la construcción feminista del mundo, se sabe, no es sólo cosa de mujeres.

Alba Flores, una de las principales protagonistas de la popular serie. 

 

Nacida en los orígenes mismos de la banda liderada por El Profesor (Álvaro Monte), Nairobi (Alba Flores, nieta de Lola Flores, La Faraona) fue ganando fuerza hasta convertirse en referente del grupo y poderoso ícono de la reivindicación feminista, con las limitaciones propias de un producto masivo. Su personaje muestra las luces -y sobre todo la carrera de obstáculos- de quien descubre el desbalance del sistema machista y patriarcal. Y no se puede, luego de ese despertar, escapar con marcha atrás.

A partir de proclamas como “¡Empieza el matriarcado!” y “Soy la puta ama” en las temporadas anteriores, Nairobi camina siempre empoderada entre machirulos que pretenden marcarle el paso y teje alianzas de sororidad con sus compañeras. Con Estocolmo (Esther Acebo), por ejemplo, que acaba de discutir con su pareja porque éste pretende imponerle una decisión usando como argumento que ella es madre -él es padre, pero se sabe que el mono rojo de la responsabilidad no calza igual en todos los cuerpos-.

En una breve master class de feminismo, Estocolmo le dice a Denver (Jaime Lorente):

“Soy madre, y también soy tu mujer y, además, atracadora. Y por tener un hijo no dejaré de ser ninguna de las otras dos cosas. Tu también tienes un hijo, y ni te planteas quedarte fuera”.

Nairobi:
¿Estás bien?

Estocolmo:
No, no estoy bien.

Nairobi:
Claro que no, lo he escuchado todo.

Palermo:
¿Qué pasa?

Nairobi:
Aquí, hasta el coño del patriarcado.

Palermo.
El patriarcado…viejo paradigma y sus múltiples machismos. Vamos a hablar de ello. ¿Sabés cuál es el verdadero patriarcado?

Estocolmo:
¿Cuál?

Palermo:
El que tengo acá colgado. ¡Andá a lavar los platos!

Palermo (Rodrigo de la Serna) es el machista bruto, el típico. Bajo su máscara se esconde el miedo a perder los beneficios que el feminismo amenaza.

“Como mujer y como persona me siento parte de la ola feminista y veo cosas muy potentes que están pasando: mujeres saliendo a las calles para reivindicar sus derechos, alianzas maravillosas entre mujeres de muchos lugares; y creo que todavía la ficción va un poco por detrás. Cuando sale algo que lo representa -que es lo que pasó con el meme de “Empieza el matriarcado”- yo creo que la gente está ávida de tener una imagen que darle a eso”, dijo Alba Flores en declaraciones al periódico Publimetro.

Sobre el final abierto de la temporada, ella -que todo lo puede, que en sus contradicciones todo lo entiende, aguerrida y culposa por haber abandonado a su hijo para ir a vender drogas- cae con peso de plomo frente a la imagen de su niño: la maternidad, en una sociedad machista, desestabiliza cualquier plan.

El arco narrativo del personaje tiene margen blanco todavía. En cada temporada, el recursero de frases es una usina que no descansa y que visibiliza algunas de las múltiples caras del sistema patriarcal: “¿Que tú no amas a nadie? ¡Claro que no, cariño! ¡Tú no tienes cojones! Para amar se necesita coraje”. “No es fácil decirle adiós a un bebé”. “De verdad, mírate a los ojos, mira la superhembra que eres”. “Soy real, no perfecta”.

Con las limitaciones propias de un producto de consumo masivo, la serie toma algunos elementos del discurso feminista como combustible para movilizar a algunas de sus criaturas. Y en ese transitar, la igualdad entre varones y mujeres aparece como faro en ciertos tramos, lo cual no es poco decir. ¡Jarana, hermana!

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