Un abrazo intenso, cara a cara, como dos amantes. La foto de Rosa y Giorgio, una pareja hospitalizada por el coronavirus, conmovió en abril a Italia y se convirtió en una de las imágenes símbolo de la pandemia, que causó más de 35 mil muertos en el país. Este jueves, la foto volvió a circular tras la muerte de la mujer por otra enfermedad.
Giorgio y Rosa Franzini estaban casados desde hace 52 años. Él tenía 77, ella 74. Cuando Rosa se enfermó, él nunca la dejó sola. Gracias a la ayuda del personal médico y de enfermería del hospital de Cremona, los dos pudieron reunirse e intercambiar un largo abrazo, que fue inmortalizado por los propios médicos.
Giorgio había sido hospitalizado a mediados de marzo debido a una neumonía causada por el Covid-19.
Pocos días después, Rosa fue ingresada al mismo centro médico. Pero su cama estaba en otro departamento, el de cirugía multiespecialista. Cuando la salud de Rosa mejoró, dos médicas acordaron hacerle una sorpresa a ambos. Con una excusa los llevaron a la misma habitación, donde pudieron reunirse después de varias semanas.
Los hijos no le habían dicho nada a Giorgio, quien no paraba de preguntar por la salud de su esposa. “Nunca nos separamos”, repetía el hombre en los días de hospitalización.
“Cuando papá ingresó al hospital por esa grave neumonía su preocupación no era estar allí, sino haber dejado sola a su esposa”, dijo al Corriere della Sera Edoardo, hijo de Giorgio. “No queríamos decirle que también habían hospitalizado a su madre, para no preocuparlo. Pero luego lo entendió, y en ese momento comenzaron a pasar horas y horas hablando por teléfono de una habitación a otra”, agregó el hijo.
“Giorgio es una de esas personas a las que no puede evitar apegarse”, dijo un médico del hospital. “Nunca una queja, siempre un gracias. En un momento nos confesó la tristeza que sentía porque quería irse a casa con su Rosa”.
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Así que para el hombre la alegría y la sorpresa fueron dobles cuando la mujer apareció en su habitación del hospital. El abrazo que se dieron después esa larga separación forzada conmovió al país.
Ambos superaron la enfermedad. Cuando regresaron a casa, hijos y nietos de la pareja organizaron una fiesta en su casa en el pequeño pueblo de Levata di Grontardo, en la provincia de Cremona.
Pero en los últimos días Rosa había sido internada otra vez. Giorgio seguía esperándola, siempre alerta: todas las noches preguntaba sobre ella, dormía mal, separado una vez más de la mujer con la que había pasado toda la vida.
“Fue uno de esos momentos que no se olvidan”, dijeron desde el hospital de Cremona. “Ninguno de nosotros logró contener las lágrimas”.
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