De Rafaela a Santa Fe, de Santa Fe a Rosario, de Rosario a París, y de vuelta a Rosario. María Marta “Maru” Ibáñez amó todas las ciudades en las que vivió, sin importar las diferencias entre ellas. Para Mamarosarienne, como nombró su cuenta de Instagram, Rosario es río, uno que está particularmente cerca del centro de la ciudad y que “se puede usar”. Pero nadie puede amar lo que no conoce, ése es el secreto de la mujer que tiene 26.8 mil seguidores en la red social que fue reconocida de Interés Municipal en Rosario.
Ibáñez nació en Rafaela pero estudió la carrera de biodiversidad en la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe. Luego vivió en Rosario durante seis años mientras hizo un doctorado, pero más tarde viajó a Francia, donde realizó un postdoctorado. Cuando su hija tenía un año regresó a Rosario. En ese momento, ya no volvió como estudiante, sino como madre, y comenzó a redescubrir la ciudad desde ese lugar.
“Los primeros meses fueron de adaptación”, contó a Aire Digital. Con su hija, comenzaron a recorrer la ciudad. “En uno o dos meses ya nos habíamos conocido todo Rosario, algo que sorprendió a las personas que vivían desde siempre acá”, aseguró Ibáñez. Es que para la mujer se trata de conocer la ciudad en la que uno vive, apropiarse de los lugares y darles un sentido.
El nombre Rosarienne nació entonces de la conexión de las experiencias que había transitado Ibáñez. La palabra es la unión de otras dos: rosarina y parisina (en francés, parisienne).
La inspiración de Ibáñez fue su viaje a París. A su regreso, notó que la forma en que los parisinos se apropian de los espacios públicos no estaba presente en Rosario. A esto se le sumó la rica naturaleza presente no sólo en la ciudad del sur de Santa Fe, sino en toda la provincia.
Si bien Ibáñez estudió biodiversidad, cuando llegó a Rosario hizo algunas capacitaciones con emprendedores que le brindaron contactos e ideas, pero sobre todo, le hicieron conocer una industria que hasta el momento no sabía que existía en Argentina. “Muchos piensan que hay que comprar cosas importadas de Europa para que sean buenas, y no es así, acá hay productos increíbles”, sostuvo.
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Combinando esas dos cuestiones que para ella no estaban realmente aprovechadas, creó Rosarienne, un “personaje” que se dedica a fomentar el turismo o la actividad cultural y la industria local. El nombre Rosarienne nació entonces de la conexión de las experiencias que había transitado Ibáñez. La palabra es la unión de otras dos: rosarina y parisina (en francés, parisienne).
Pero hay algo que Rosarienne no podía dejar afuera: la infancia. “Compartir los lugares o actividades que amamos con nuestros hijos, las hacen aún más apasionantes”, explicó. De esta manera, tomó la decisión de que Rosarienne sea también una mamá, como lo es ella en la vida real.
“Muchas veces los chicos no diferencian entre ir a una plaza en la misma ciudad o en una cercana, e ir a una del otro lado del mundo”, aclaró. De esta manera, comenzó a mostrar espacios de actividad cultural en Rosario en los que encontraba qué hacer con su hija. Así, se transformó en una verdadera guía para padres y madres de todas partes del mundo.
A Ibáñez no deja de sorprenderle la cantidad de respuesta que tiene de sus seguidores. Contó que una vez viajó al Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos. Durante y después de la experiencia compartió en Instagram los lugares en dónde estuvo junto a su hija e, incluso, el hotel donde se hospedaron. Días más tarde de su regreso, desde el hotel la llamaron para contarle que era increíble la cantidad de personas que se habían contactado para pedir reservas.
De a poco, Rosarienne se fue convirtiendo en mamá influencer y logró crear una comunidad con un gran feedback entre ella y sus seguidores.
Reinventarse, mantener la esencia y contagiar
Como todos, Mamarosarienne debió reinventarse en pandemia, pero como pocos, logró mantener su espíritu, su esencia. Es que durante el aislamiento, entretener a los chicos con actividades de aprendizaje o sólo diversión, fue uno de los retos más importantes.
Mamarosarienne creo juegos que compartió con sus seguidores y fueron muy exitosos como los museos en casa, pero hubo uno que trascendió fronteras. “Cuando en Rosario se habilitaron las salidas recreativas, se me ocurrió una actividad particular”, explicó. A esa creación la llamó “Pequeños exploradores de la ciudad” y generó que esa caminata de no más de 500 metros por las calles llenas de edificios y con poco verde se transformaran en una verdadera aventura para los más chicos.
Mamarosarienne hizo una convocatoria en redes sociales para que cada uno pegue en la esquina de su casa carteles que ella misma imprimió. Se trata de juegos “rápidos y fáciles pero que entretienen a los chicos”, como por ejemplo buscar cosas de un mismo color. Cuando la pensó, Mamarosarienne nunca imaginó que su idea se replicaría por todo Rosario. Pero fue más que eso, porque los carteles decoraron las esquinas de algunos barrios de otras ciudades de Argentina y el mundo. “La gente me mandaba fotos con la ubicación”, contó Ibáñez. En esas imágenes, vio la inmensidad que alcanzó su propuesta.
Para Mamarosarienne hay una única explicación para el gran cadena que genera cada una de sus experiencias. Son hechas de manera genuina, con las ganas honestas de que las familias conozcan las ciudades en las que viven y las amen. “Eso contagia y emociona”, asegura.
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