miércoles 23 de septiembre de 2020
Sociedad | cuarentena | Coronavirus | pandemia

La pandemia y la cuarentena a través de los ojos de los chicos

Mucho hablan los adultos sobre los efectos que la pandemia y la cuarentena pueden tener en los más chicos. Mucho se pregona sobre lo que se debe y no se debe hacer con ellos. Pero, ¿qué dicen los más chicos sobre lo que ocurre?

El monstruo tiene dientes afilados, algunas cicatrices y cara de pocos amigos. “Es el Coronavirus, ¿ves que está con la lengua afuera esperando a la gente que no usa barbijo?”, le advirtió Uma, de 6 años, a su mamá cuando le mostró su dibujo. Su amiga Chiara, de 8, pintó algo bastante diferente sobre el mismo tema y lo pegó en una pared bien visible de la cocina. Lejos de dar miedo, en esta segunda obra artística la Covid-19 aparece representada con el habitual iconito de virus visto en microscopio pero rodeado de corazones multicolores. “¿El coronavirus es bueno? Parece que lo querés mucho”, quiso saber la mamá. “Es muy lindo el virus que dibujé”, admitió la nena entre risas, tras lo cual reflexionó: “Pensar cosas feas me pone triste, ¿entonces para qué? Hay que disfrutar cada momento”. Si bien extraña a sus abuelos y sus amigos, Chiara se alegra de pasar mucho tiempo en familia. De hecho, le confesó a sus padres que no está segura de querer que termine esta etapa: “Quiero que un día haya cuarentena y el otro no”, pidió.

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El coronavirus puso a los chicos en una situación inédita que ya lleva más de dos meses.

El coronavirus puso a los chicos en una situación inédita que ya lleva más de dos meses.

Mucho hablan los adultos -padres, docentes, psicólogos, psicopedagogos- sobre los efectos que la pandemia y la cuarentena pueden tener en los más chicos. Mucho se pregona -en discursos oficiales, medios, colegios, redes sociales- sobre lo que se debe y no se debe hacer con ellos. Pero, ¿qué dicen los más chicos sobre lo que ocurre? ¿cómo expresan lo que sienten en esta etapa tan particular?

A través de socios estratégicos y en algunas ocasiones de forma directa, Aire Digital buscó sus voces. Aun con sus matices, hubo algunas similitudes en los testimonios y anécdotas recolectados. Los nenes consultados mostraron lógica angustia por el virus y el encierro pero, a la vez, admitieron estar felices de poder pasar más tiempo en familia. Aunque celebraron no tener que ir al colegio muchos confesaron que estarían dispuestos a volver porque extrañan a sus amigos.

Contaron que disfrutan mucho tiempo de pantalla, muchísimo más que en la época pre pandémica, pero no les gusta que -paradójicamente- en esos mismos dispositivos tengan que hacer sus tareas. Asociaron el adentro con la seguridad y el afuera con el peligro, tal como les machacaron familia y docentes, pero también los anticipos de videos de YouTube y las redes sociales, hasta las apps, los videojuegos y las publicidades de los canales infantiles. Ninguno se confesó fan de los barbijos (porque se les caen o les aprietan las orejas) pero suelen tener tan incorporadas las reglas que son los que se las recuerdan a los adultos cuando no las cumplen.

Un día la mamá encontró a Genaro, de 8 años, con cara de enojo. “Me tiene podrido este Coronavirus, cuando sea grande voy a ser científico para poder matarlo”, le aseguró. Un instante después cambió la cara, pasó de enojo por extrema preocupación: “¡¿Pero va a durar tanto?!”.

Me tiene podrido este Coronavirus, cuando sea grande voy a ser científico para poder matarlo”, le aseguró. Un instante después cambió la cara, pasó de enojo por extrema preocupación: “¡¿Pero va a durar tanto?!

Ulises, de 8 años, dibujó a un monstruo que no es el Coronavirus. Es “el monstruo de los colores”, protagonista de un cuento que se utiliza como recurso para trabajar las emociones con los más chicos. Le manda un audio a su tía explicando por qué es tan colorido. “El rojo es enojo, porque la maldita cuarentena no me deja estar con mis amigos, porque el maldito barbijo es muy incómodo. Hay alegría porque estoy con mi papá, mi mamá, mis hermanos y también puedo jugar mucho. Verde tengo un poquito que es calma, porque ya sé que no me voy a morir por coronavirus porque no es tan mortal, ya están buscando vacunas y a los nenes no les afecta tanto. Estoy además triste porque no puedo estar con el resto de mi familia”, confiesa.

Mi monstruo es muy amarillo porque estoy feliz de que hacer videollamadas y porque ahora podemos salir a la calle, irnos un poco lejos en bici o caminando. Mi monstruo es muy amarillo porque estoy feliz de que hacer videollamadas y porque ahora podemos salir a la calle, irnos un poco lejos en bici o caminando.

Su hermano Estanislao, de 6, también lo dibujó. “Mi monstruo es muy amarillo porque estoy feliz de que hacer videollamadas y porque ahora podemos salir a la calle, irnos un poco lejos en bici o caminando”, cuenta, aunque también hay algo de verde tranquilidad “porque la cuarentena se va a terminar”. El mayor de los tres, Laureano, de 10 años, muestra en un video su monstruo casi negro. En realidad, está pintado de muchos colores pero se cruzan las líneas y a primera vista parece oscuro. “Tiene muchos colores porque las emociones en cuarentena son muy confusas”, resume. Una verdad que se aplica a todos, sin importar la edad.

Los tres hermanos, junto a sus primos, ya están planeando una pijamada de una semana de duración en la casa de los abuelos para cuando termine la cuarentena. Los padres apoyan la moción de forma unánime. Uno de sus primos es Benito, de 4 años, quien tiene su particular fundamentación del #QuedateEnCasa: “La cuarentena tiene bichos y si salimos nos llega una multa”, es su síntesis. Entiende que el Coronoavirus es una enfermedad porque tanto su papá como su mamá son médicos. “Tienen que bañarse antes de darnos abrazos”, cuenta. Cuando le preguntan qué extraña más, remarca: “Extraño a la abuela Norma y al abuelo Carlos, que es lo que tiene mi abuela Norma en su casa”.

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El monstruo de Ulises.

El monstruo de Ulises.

“¿Qué es el Coronavirus para vos?”, le pregunta Paloma (12 años) a su hermano Valentín (8). “Es un virus que enferma a los abuelos”, responde. “¿Por qué hay que quedarse en casa?”, quiere saber. “Porque si no se contagian todos”, razona el nene. “¿Y cómo sigue esto para vos?”, insiste la hermana. “En algún momento se va a poder salir”, se esperanza. “Para mí que va a haber una vacuna”, reflexiona ante la misma pregunta Juan (5), el más chico de la familia.

Hace un mes, Renata (5 años) les empezó a pedir a los padres que le recortaran corazones en hojas blancas y los fue pintando. Contó que los prepara para regalárselos a sus amigos, abuelos y vecinos cuando los vuelva a ver. “Algo que es muy marcado desde que comenzó la cuarentena es que Renu todos los días hace planes de lo más variado para cuando “se vaya el virus”, cuenta la mamá. Mientras tanto, inventó un himno del encierro. Es una canción que, con melodía propia de tribuna de fútbol, repite como mantra una misma frase: “Adentro no queremos estar”.En cuarentena, Renata pidió además a su familia un gato. Tras muchas vueltas, finalmente adoptaron una gatita y la bautizaron Kira. En el primer día con la nueva integrante en casa, a la hora de acostarse, la nena le dio a su mamá la buena nueva. Sonrisa de oreja a oreja, le contó que había encontrado finalmente la solución al problema del virus. “Me dijo que su gatita con sus uñas lo iba a asustar y se iba a ir de esta ciudad”, cuenta.

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Renata tiene 5 años y espera que termine la cuarentena por coronavirus para regalarles corazones a sus amigos y al resto de su familia.

Renata tiene 5 años y espera que termine la cuarentena por coronavirus para regalarles corazones a sus amigos y al resto de su familia.

Amadeo tiene 2 años y hace poco aprendió a armar frases. Pese a que dice pocas palabras, la tiene bastante clara. Aplasta su nariz contra el vidrio de la puerta y les pide a sus padres: “Pofavor afera”. En la misma línea, su hermana Inés (5) extraña socializar aunque Francisco (7) prefiere quedarse dentro.

Al mes de iniciada la cuarentena, la niñera volvió a la casa de los tres hermanos porque sus padres debían trabajar. Los dos mayores la acribillaron a preguntas bastante apocalípticas: “¿Cómo es afuera? ¿Qué está pasando? ¿Hay gente, no hay gente? ¿Cómo está el mundo?”, quisieron saber.

Inés tiene una larga lista de cosas que piensa hacer “cuando se termine la cuarentena”, a la que cada día añade nuevos ítems. Entre otras cosas, espera poder irse de campamento para celebrar el fin de jardín y el inicio de primaria: un día los padres la encontraron con mochila, almohadon y su muñeco preferido ya "lista" para el momento... aunque falta bastante. Caminando por la calle, le confió el otro día al papá que “ya entendía” cuál era “el problema con el Coronavirus”. El papá le pidió que explicara mejor. “El problema es que todo el mundo está aburrido: no hay amigos, primos, abuelos, cumpleaños, nos falta todo lo divertido”, lamentó.

En una tarea del colegio, a Francisco le pidieron que escribiera sobre su héroe y lo eligiera dentro del abanico de trabajadores esenciales en tiempos pandémicos. Tras pensarlo largo rato, eligió a la persona que consideró más esencial: su mamá, docente. Y le contó a su seño por qué. Tiene tres hijos a cargo, se encarga del homeschooling, hace la comida, juega con ellos. Y detalló que, además, "aprendió muchas cosas para poder seguir dándole clases a sus alumnos". Otro nene que la tiene clara: las mamás son verdaderas heroínas en este mundo pandémico.

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