La maternidad dejó de ser destino: trabajo, cuidados y otras razones de la caída de la natalidad

La baja natalidad no responde a una sola causa. Precariedad laboral, tareas de cuidado y nuevos deseos explican que la maternidad haya dejado de ser un destino.

Para muchas mujeres la maternidad dejó de ser un destino ineludible.

Para muchas mujeres la maternidad dejó de ser un destino ineludible.

¿Qué pasó con la maternidad? Hay una escena que parece de sitcom, pero ocurrió de verdad. “¿Cuál es el secreto de tu alegría?”, le preguntan a una mujer evangélica, de 50 años. “Que no tengo hijos”, contesta. Las cinco que están en la mesa, dos de ellas madres, brindan entre risas.

Si se aleja la lente, se puede ver en el bar a cuatro argentinas y una brasileña, todas con múltiples empleos —una de ellas, sin relación de dependencia— y una situación económica ajustada, lejos de los brillos de consumo fastuoso de Sex & the City.

¿Qué hubieran necesitado para que la maternidad no fuera una carga? Aunque pertenecen a otra generación, el diálogo muestra un cambio cultural profundo. En los últimos años, la caída de la tasa de natalidad genera preguntas, estudios sociológicos y también simplificaciones.

“Como todo fenómeno social, no tiene una causa única. La fecundidad es el resultado de decisiones de las personas, pero esas decisiones se toman dentro de determinadas condiciones culturales, económicas, institucionales y sociales”, sostiene Silvina Ramos, socióloga, investigadora titular del Centro de Estudios Estado y Sociedad (CEDES) y codirectora de la Red de Acceso al Aborto Seguro (REDAAS).

Lo más fácil es comenzar con las culpas. En su exposición en el Council of the Americas, el 20 de agosto de 2026, el presidente Javier Milei aseguró que el país “paga muy caro la locura de los pañuelitos verdes”, en una frase con la que vinculó directamente la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) con la caída de la tasa de natalidad en el país.

La maternidad dejó de ser un destino y hoy es una decisión muy meditada.

La maternidad dejó de ser un destino y hoy es una decisión muy meditada.

La cronología desmiente esa explicación: la caída sostenida de los nacimientos comenzó en 2014, seis años antes de la aprobación de la ley, y forma parte de un fenómeno extendido en un planeta que ya supera los 8.300 millones de habitantes.

Durante años, una mujer que elegía no ser madre era sospechosa, era mirada con lástima y se la consideraba “incompleta”. Hoy, en el mundo, para muchas mujeres la maternidad dejó de ser un destino ineludible. Y, antes de tomar la decisión, evalúan condiciones económicas, situación laboral y la multiplicación del trabajo no remunerado.

Cuando el futuro es incierto

“La precarización laboral, los ingresos inestables, las dificultades para acceder a una vivienda y el aumento del costo de la crianza pueden llevar a postergar la decisión de tener hijos”, dice Ramos en el artículo “¿Por qué tenemos menos hijas/os? Cinco claves para entender la caída de la natalidad”.

La socióloga señala que “los estudios sobre fecundidad e incertidumbre han mostrado que no importa solamente el nivel de ingresos: importa también la posibilidad de anticipar el futuro. La inseguridad laboral y económica puede hacer que las personas posterguen decisiones irreversibles y de largo plazo como tener un hijo”.

Algunas de las conclusiones de la socióloga se basan en el estudio reciente “Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad”, realizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina junto a la consultora Voices.

Quién se hace cargo de cuidar

Y la distribución de las tareas de cuidado ocupa un lugar importante en esas decisiones, en un país que tiene más de un millón y medio de hogares monomarentales, con hijos a cargo de las madres, y un incumplimiento de las cuotas alimentarias de alrededor del 70 por ciento.

La participación educativa y laboral de las mujeres se incrementó de manera notable. “Sin embargo, la organización del cuidado no se transformó a la misma velocidad. Las tareas domésticas y de crianza continúan recayendo de manera desproporcionada sobre ellas”, sostiene Ramos.

La maternidad dejó de ser un destino y hoy es una decisión muy meditada.

La maternidad dejó de ser un destino y hoy es una decisión muy meditada.

La especialista recuerda un aporte reciente de Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía 2023, que le permite profundizar esta línea. “Analizando el descenso de la fecundidad en Estados Unidos, Goldin (2026) señala la existencia de un mismatch o desajuste entre la creciente autonomía de las mujeres y la persistencia de arreglos tradicionales de género”, sostiene Ramos.

Es decir que muchas mujeres postergan —muchas veces para siempre— la decisión de tener hijos por una mezcla de razones. “La baja fecundidad no expresa simplemente una menor preferencia por los hijos: puede expresar también la dificultad persistente de hacer compatibles autonomía, desarrollo laboral y familia”, señala la socióloga.

La brecha entre desear y tener

La primera encuesta nacional de intenciones reproductivas realizada por UNFPA “muestra que el 57% de las personas de 18 a 45 años desea o hubiera deseado tener más hijos de los que tiene, mientras que el 32% tiene la cantidad que desea y un 11% tuvo más de los que hubiera querido”.

Un dato de oro es que “el 18% de las mujeres que tuvo menos hijos de los que hubiera deseado señala que el bajo involucramiento de su pareja en las tareas de cuidado y del hogar influyó en que no tuviera más hijos”, subrayan en UNFPA.

LEER MÁS ► Santa Fe cambia: cae la natalidad, envejece la población y crece el parque automotor

Si a esto se suman otras condiciones desfavorables, el proyecto de maternar es poco atractivo. “No quiero tener hijos ahora, está complicada mi situación laboral, preferiría tener resuelto el tema de la vivienda”, dice una mujer de 40 años, consciente de los límites biológicos que pueden hacer de ese "por ahora" un "para siempre".

Otra mujer divorciada, de 49, con dos hijos adolescentes, relata las dificultades de hacerse cargo de cada una de las necesidades y actividades porque el padre tiene otras prioridades. No es dinero en este caso, sino la disponibilidad permanente durante décadas.

Padres para jugar

La exigencia diferencial entre hombres y mujeres también fue relevada por UNFPA. “Entre los varones de 18 a 24 años, el 56% considera importante o indispensable tener hijos para alcanzar una vida plena frente a un 34% entre las mujeres de su misma edad”, sostienen desde el organismo internacional.

El estudio demuestra que “mientras que en las mujeres jóvenes se observa un quiebre más marcado con el mandato de la maternidad tradicional, entre los varones jóvenes la paternidad se mantiene como un horizonte deseado y valorado”.

Sin embargo, el estudio muestra que este deseo de paternidad no siempre se traduce en un reparto equitativo del trabajo dentro del hogar. “Mientras que los varones asumen un rol más activo en tareas recreativas y de ocio, como jugar con sus hijos (21%), la gestión cotidiana de las necesidades básicas, la salud y el aseo continúa recayendo mayoritariamente en las mujeres”, señalan.

LEER MÁS ► En Argentina, la natalidad cayó más en la última década que en los 100 años anteriores

Es decir que ser madre implica sumar una jornada laboral completa sin remuneración, francos ni feriados. “La autonomía reproductiva y la corresponsabilidad en el hogar necesitan involucrar tanto a las mujeres como a los varones para que los proyectos familiares de las parejas puedan concretarse con equidad”, sostuvo Mariana Isasi, jefa de Oficina de UNFPA en Argentina.

“Durante mucho tiempo, casarse y tener hijos eran estaciones casi inevitables de la vida adulta. Hoy son, en mayor medida, elecciones”, aporta Ramos.

Y esas elecciones “compiten con otras aspiraciones: estudiar, trabajar, desarrollarse profesionalmente, viajar, construir vínculos afectivos diferentes o simplemente preservar mayores márgenes de autonomía”.

Será por eso que todas rieron cuando una mujer desconocida, de otro país, develó el secreto de su felicidad.

Las más leídas