Milo era Sofia. Teniendo en cuenta lo biológico, sus padres le asignaron un nombre femenino, le compraron juguetes y también lo sumergieron en una sociedad que lo obligó a actuar como mujer.
Cuando era chico, su cuerpo no entraba en sintonia con su esencia. Intentaba orinar de pie, quería que le crezca la barba e incluso no se sentía cómodo con los vestidos que su mamá le compraba.

En una época en donde nadie entendía qué significaba transexualidad, le exigía a su mamá que le ponga “ropa de verdad”, es decir, pantalones.
Pero él no entendía. Y su entorno tampoco.
En su adolescencia entró en crisis con los cumpleaños de 15, con su primer novio y con los requerimientos sociales hacia él como mujer. No le gustaba. No se sentía identificado con lo que hacía y con lo que vivía.
“Yo sentía que mi esencia estaba oculta“, dijo en Aire de Santa Fe. “Me acuerdo que al bañarme, no podía verme en el espejo porque eso me hacía mucho ruido. No quería ser mujer y no sabía cómo ser yo. Cuando nació Milo, fue una liberación total”.
Nació Milo González
El “nacimiento de Milo” -como él mismo dice- no fue de un día para el otro. La transición empezó primero con el descubrimiento de su homosexualidad y luego su transexualidad. Entre prejuicios, desinformación y preguntas sin respuestas comenzó a transitarlo.

Esa incertidumbre no sólo fue para él sino también para su entorno. Aunque su mamá, su papá y su hermana tampoco tenían respuestas decidieron acompañarlo y aceptarlo.
Incluso su sobrina de tres años fue la primera que entendió esta transición de Sofia a Milo. “Yo le dije un día que no era más ‘tía Sofi’ y era ‘tío Milo’ y automáticamente lo entendió”.
La baranda que permitió la transición
El camino que hoy lo llevó a encontrar libertad no fue simple. Pero con el tiempo formó una especie de baranda que le permitió apoyarse y avanzar, despacio, hasta sentirse pleno.

En los primeros años de su juventud formó vínculos de amistad que lo hicieron reflexionar y preguntarse si en verdad estaba en el camino correcto. “Una vez, estaba hablando con un amigue y me preguntó quién era yo. Me quedé helado. En 25 años nunca me había preguntado eso. Fue fuerte porque descubrí cómo el entorno ayuda en este tipo de transformaciones”.
El enemigo de esta transformación
El apoyo siempre estuvo y es lo primero que Milo agradece y resalta. Pero también hubo situaciones en las que se encontró siendo discriminado.
Hace unos meses, quien era su jefe le aseguró que podía hacer lo que quisiese. Pero fuera del trabajo. Que ahí adentro era Sofía y que no había espacio para Milo.

“Claramente hay un sector que no lo entiende, y que quizás no lo entienda. Me han discriminado por mi transexualidad“, contó en Aire de Santa Fe.
“Pero yo respeto las posturas opuestas. Cuando vivis tanto tiempo en una situación de discriminación, entendes las cosas de otro punto. Yo no puedo juzgar porque otro no coincide porque caería en o mismo. Todes tenemos que ser libres”,manifestó.
Milo resume el concepto de transformación que abraza y encuentra paz. Él se animó y aconsejó a quienes están en la misma situación a hacer lo mismo. “No es fácil, pero no es sano encerrarnos en algo que no es nuestra esencia. A mí me salvo el amor. A Milo lo salvó el amor. Tanto de mis seres queridos como de mí mismo”.
Entrevista completa a Milo Gonzalez
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