sábado 22 de enero de 2022
Sociedad Salud | verano | gordofobia

La cultura de la gordofobia se acelera cuando llega el verano

La quimera de los cuerpos perfectos lleva a muchas personas a embarcarse en dietas imposibles y tiene un nombre: gordofobia, una forma de discriminación que cancela a quienes no encajan en la norma. 

“Tengo que bajar unos kilos”, “no me puedo poner bikini”, “estoy a dieta”, “me muero si me tengo que quedar en malla”. Estas frases, que se repiten cada año cuando se aproxima el verano, son la superficie visible del rechazo de los cuerpos, de la idea de cuerpo correcto. Un cuerpo perfecto al que (casi) nadie se parece y, sin embargo, modela los sentimientos y la autopercepción, sobre todo, de las mujeres. Es que un hombre panzón, vaya y pase, pero, para una mujer, la palabra “gorda” es la peor pesadilla.

“Esta idea de llegar al verano nos muestra ciertos estereotipos de belleza y ciertos condicionantes a la hora de estar con menos ropas, estar más expuestos y expuestas, principalmente nosotras, porque sabemos que obviamente atraviesa a todos los géneros, pero principalmente nos sucede a las feminidades”, entiende Jesica Lavia, nutricionista y coautora del libro “Pese lo que pese. Deconstruyendo prejuicios”, que fue escrito en 2019 junto a Paula Giménez.

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Lavia puntualiza que “esto genera una presión por tener determinado cuerpo, que es definitivamente el único válido, que es un cuerpo delgado, magro, que no tiene celulitis, que no tiene estrías. No alcanza con llegar al verano siendo personas flacas y así esto va afectando nuestra imagen corporal, esta apreciación que tenemos sobre nuestro propio cuerpo. Estas exigencias van generando la construcción de una imagen corporal negativa y fomentando diferentes cuestiones en las personas. En los casos más extremos, se dan trastornos alimentarios, depresión, en muchas otras personas ansiedad y en casos no tan extremos, una disconformidad constante y una sensación constante de que nuestros cuerpos no están bien, que nuestros cuerpos no son válidos y hay que modificarlos”.

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Recibida en la Universidad de Buenos Aires, Lavia se dedica desde hace años a la educación alimentaria. Y desde ese lugar subraya que estas presiones “repercuten directamente en nuestra alimentación. No es casualidad que sea la época del año en que la mayor cantidad de personas empieza a hacer dietas para adelgazar, dietas de cualquier tipo, cualquier propuesta es válida mientras el objetivo sea bajar de peso y lo mismo sucede con la actividad física, aunque un poco menos. Hay que hacer actividad física, sin ningún tipo de registro de mi salud, de mi cuerpo, de qué me va a hacer realmente bien o no, sino la actividad física que más calorías gaste”.

La contracara de esa exigencia de delgadez es la sanción social a los cuerpos gordos. Quienes tienen exceso de peso son consideradas personas que no se esfuerzan lo suficiente. “Esto de la gordura asociada con falta de voluntad y con otros atributos negativos, como podemos nombrar a la pereza y demás, tiene mucho que ver con el capitalismo, con esta idea de que debemos ser productivos y productivas y de que los cuerpos más delgados son más productivos”, plantea la nutricionista, quien considera que “entra en juego también todo lo que tiene que ver con la meritocracia: sos gordo porque querés, sos gordo porque no querés adelgazar. En esas ideas no se tienen en cuenta un montón de factores, factores predisponentes, de mantenimiento, perpetuantes, de genética, de metabolismo, de hábitos, de consumos, de entornos más o menos saludables, de ambiente, de grupos de pertenencia. Hay muchísimos factores que están alrededor del peso y esta idea también de que solo los cuerpos flacos son saludables es una idea tan idea errónea porque tiene que ver con una cultura pesocentrista ”, considera Lavia.

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Esa cultura cancela a los cuerpos gordos, que se consideran afuera del disfrute, del amor, de las “condiciones” para ser felices. “Ponerle palabras a una problemática que nos atraviesa a todas alivia. Porque nos ayuda a validar las emociones que genera este sistema talleúnicohegemónico en el que vivimos. No es normal llorar en el probador, sentir culpa al comer o taparse toda cuando hay un sol hermoso en la pileta”, dice Clara, de 26 años, uno de los testimonios que recoge el libro Pese lo que pese, editado con el objetivo de “escapar de la exigencia de un cuerpo hegemónico que encaje en la norma y, pecando de idealistas, que ninguna feminidad sufra por cómo se ve”. El feminismo es el marco que permitió ampliar la disciplina de nutricionista. En su cuenta de Instagram, @jesinutriok, esta profesional lleva adelante una prédica por la “educación nutricional integral”.

La nutricionista Jesica Lavia asegura que la sanción social a los cuerpos gordos se relaciona con la lógica del capitalismo y considera que “entra en juego también todo lo que tiene que ver con la meritocracia: sos gordo porque querés, sos gordo porque no querés adelgazar".

En ese sentido, Lavia es concreta: “Sabemos que las personas flacas también se enferman y que no todas tienen hábitos saludables ni alimentación saludable. Que una persona sea flaca no quita que no pueda tener hipertensión, colesterol o diabetes, teniendo estos hábitos negativos. Pero bueno, tiene que ver con esta gordofobia social que tenemos y esta idea de asociar que un cuerpo flaco es un cuerpo saludable”. A la nutricionista le resulta llamativo que “no se cuestiona a una persona flaca que desayuna todos los días galletitas con chocolatada, pero sí a las personas gordas que lo hacen. Entonces, la chocolatada y las galletitas de desayuno todos los días no le van a dar salud a nadie, independientemente del tamaño de los cuerpos. Obviamente, esto que pasa a nivel cultural y social, tiene una bajada de línea sobre todas, todos y todes, y por supuesto que afecta principalmente a quienes no encajan en los modelos de belleza, pero también afecta a quienes sí encajan. Es importante que entendamos que esto nos atraviesa a todas las personas, que tengamos educación nutricional y que podamos romper con estos estereotipos”.

Desde la década del 60, existe en Estados Unidos un movimiento que reivindica los cuerpos gordos, y cuestionan la gordofobia. También desnudan la “multimillonaria industria de las dietas” que, como en un círculo perfecto, necesita de la gordofobia, y de la mala educación alimentaria, para sumar ganancias.

Por eso, la asociación entre delgadez y salud es falaz. “Me parece que es importante que empecemos a sacar la mirada del tamaño de los cuerpos y que la empecemos a poner en lo realmente importante, en el estado de nutrición, en la salud integral, qué pasa con la nutrición de la mayoría de las personas, independientemente del tamaño de sus cuerpos y qué pasa con esa salud integral, salud física, psíquica, social, emocional, ambiental. Me parece que es importante que empecemos a construir también, desde los espacios de quienes somos profesionales de salud, ya sea de comunicación o nuestros consultorios, otra mirada y otra idea de qué es la salud. Porque la salud no es el número de un índice de masa corporal que solamente relaciona peso y talla, la salud es muchísimo más que eso, es principalmente todo lo demás”, sostiene Lavia.

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