El investigador principal de Protección Social de la ONG CIPPEC explicó que esta tendencia no es exclusiva del país, sino parte de un proceso global que comenzó hace más de dos siglos. Sin embargo, en Argentina la baja se acentuó en la última década. Y lejos de considerarlo un fenómeno negativo, Rofman afirmó que sus causas son, en muchos casos, positivas: mayor equidad de género, más urbanización, protección a la infancia y la posibilidad de que las mujeres decidan si quieren o no ser madres.
Una de las principales transformaciones ocurrió en la franja de adolescentes. “Donde más bajó la fecundidad es entre las menores de 20 años. Y eso es una excelente noticia, porque la mayoría de esos embarazos eran no intencionales. Hoy hay chicas que pueden seguir estudiando, capacitarse, desarrollarse. Es bueno para ellas y para toda la sociedad”, aseguró.
Cambios estructurales, desafíos y oportunidades
El especialista advirtió que una sociedad que se encamina a tener menos hijos necesita repensar sus instituciones. "No podés pensar el sistema previsional de 2050 con las reglas de hace 70 años, cuando las familias tenían tres o cuatro hijos. Estamos envejeciendo y hay que adaptar esa realidad".
Pero no todo son desafíos. Rofman también destacó que este contexto abre un abanico de posibilidades, sobre todo en el sistema educativo: “Si hay menos chicos entrando al primer grado cada año, el Ministerio de Educación puede usar los recursos de otra manera: capacitar docentes, cerrar edificios en malas condiciones, ofrecer más escuelas de jornada completa y mejorar la calidad”.
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Un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral mostró la abrupta caída de nacimientos en menos de una década.
En un país que necesita generar riqueza antes de que su población envejezca, mejorar la educación aparece como una prioridad. “Las sociedades que se hicieron ricas antes de envejecer pudieron invertir en capital humano. Nosotros tenemos esa ventana todavía abierta, pero hay que actuar”, advirtió el experto.
El capital humano, la infraestructura y la tecnología son los tres pilares que, según Rofman, deben guiar el camino. “Argentina viene perdiendo terreno en los últimos 30 años, incluso frente a países vecinos como Uruguay y Chile. Pero aún podemos invertir los recursos que tengamos, como los que puede generar Vaca Muerta, en mejorar la productividad de las nuevas generaciones”.
Finalmente, Rofman apeló a la responsabilidad ciudadana para exigir políticas públicas a largo plazo: “¿Quién se va a encargar de planificar todo esto? Los dirigentes que elijamos. Por eso es clave votar con una mirada puesta en el futuro”.