Frente a todas las dificultades Fabian cumplió su sueño de ser enfermero
Estudiar muchas veces puede ser un verdadero hecho de rebeldía. En la historia de Fabian su deseo de ser enfermero lo llevó a otra provincia, a otra realidad y a otra vida. Llegó a Buenos Aires a los 16 años y se instaló en la casa de unos amigos de sus padres. A los dos años egresó de la escuela secundaria y empezó a estudiar enfermería.
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“Se me dio la oportunidad de poder estudiar. Digo así porque me anoté, quedé y empecé a estudiar la carrera que había elegido en mi niñez”, sentenció en una conversación exclusiva con Aire Digital.
Por qué Enfermería
Cuando Fabian era chico, su mamá pasó una situación complicada con su salud. En ese momento, vio por primera vez cómo se trabajaba adentro de un hospital y se enamoró de la profesión que años más tarde eligió. “Mi mamá estaba muy mal. Tuvo que ser intervenida quirúrgicamente. Cuando la iba a visitar, después de la escuela, me quedaba mirando cómo las enfermeras iban y venían. Ahí conocí el ámbito de la salud y decidí que algo de eso iba a hacer”.
“Mi mamá siempre me preguntó por qué no estudiaba Medicina. Pero yo nunca había visto un médico. Sólo veía a las enfermeras trabajando y quería ser como ellas”, expresó.
Dejar su pueblo para llegar a una ciudad
El cambio de su Curuzú Cuatiá a Buenos Aires fue difícil. Pero tenía tan claro su sueño que no dudó en pelear para conseguirlo. “Me costó porque en mi pueblo la gente es muy amable, muy simpática. Siempre nos saludábamos. Y en Buenos Aires era un desconocido. Me condicionó mucho la magnitud de esta ciudad, pero tuve que amoldarme”.
Fabian pisó tierra porteña cuando tenía solo 16 años, dos años antes de terminar la secundaria. “Yo fui a buscar otra vida porque la situación económica familiar estaba muy difícil. Tenía que encontrar nuevos rumbos y tratar de poder aportar a mi familia. Entonces marché para Buenos Aires y pude ayudar un poco más”.
Sin embargo, Buenos Aires lo recibió entre empleos y desempleos. “En 2015 laburaba como operador telefónico. Cuando fue el cambio presidencial, quedó mucha gente en la calle. Uno de esos era yo”. Entonces, “quise meterme en algo de lo que estaba estudiando y me armé un CV como estudiante de Enfermería, pensando que algo iba a conseguir. Al tiempito, me tomó una empresa. Trabajé 7 meses y me volvieron a echar”.
La situación se hizo más compleja y su nuevo trabajo demoraba en llegar. “Estuve dos semanas buscando empleo. La primera semana busqué algo relacionado con lo que estaba estudiando. La segunda semana decidí abrir el abanico de posibilidades pero, de igual modo, no conseguía”.
30 sándwiches y a la calle
Con los últimos $800 que le quedaban compró “una conservadora de telgopor por internet”, encargó “30 panes más o menos parecidos, 30 fetas de jamón y 30 de queso”. Al otro día los preparó y salió a vender.
Ese primer día vendió sólo 20 y se volvió con 10. Había logrado recuperar la inversión y de ganancia tenía sólo un poquito. Pero no le importaba: su nuevo trabajo había llegado.
Desde ese momento salió a vender todos los días. “Estudiaba de noche y vendía durante el día. Me levantaba a las 6 de la mañana, a las 9 y media tenía los sándwiches preparados y al mediodía recién llegaba a Capital Federal. Después recorría todas las zonas”.

El tiempo tenía que alcanzarle para poder estudiar. “Terminaba y si me sobraba tiempo, me quedaba a estudiar en un parque. A las 6 de la tarde iba a cursar y volvía tipo 1 de la madrugada. Después arrancaba el otro día. Esta rutina la hice alrededor de 2 años”.
Su amigo del subte
En el camino, Fabian cosechó amistades y algunas enemistades. “El hombre que cuidaba el subte me veía de lejos y me echaba. Yo sabía que no podía estar ahí. Pero bueno. Él tenía un horario todas las tardes en el que pasaba y yo salía corriendo porque sabía que venía a echarme”.
A pesar de las dificultades, Fabian jamás pensó en dejar de estudiar. Su sueño era tan claro que hizo todo para lograrlo. “Yo pensaba que tenía que recibirme y hacer lo que más me gustaba. En realidad, me nació todo lo que hice. Tenía en mi mente recibirme y seguir adelante. Ponía lo mejor de mí y estaba convencido de que me iba a ir bien, porque hacia las cosas con ganas”.
Se recibió en agosto y ahora está trabajando como auxiliar en un geriátrico. “Estuve dos semanas desempleado como enfermero. El 31 de agosto fue el último día que trabajé.

Una vez que su historia salió en los medios de comunicación, lo contactó un médico que le ofreció trabajo y con el cual está muy agradecido. “Ya tengo trabajo y está relacionado con lo que estudié”.
La historia de Fabián termina con un final feliz. Convencido y abrazado a su sueño logró lo que siempre había querido: ser enfermero.




