sábado 30 de mayo de 2020
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El mensaje de monseñor Sergio Fenoy en lugar del Tedeum del 25 de Mayo

Ante la imposibilidad de realizar la celebración con la presencia de todos los fieles a causa de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, monseñor Sergio Fenoy envió un mensaje.

El Tedeum es la tradicional misa católica que se celebra todos los 25 de Mayo desde el primer gobierno patrio en Argentina. Sin embargo, este año la cuarentena por la pandemia del coronavirus imposibilitó la celebración con la presencia masiva de fieles en las Iglesias. Es por eso que monseñor Sergio Fenoy, arzobispo metropolitano de Santa Fe de la Vera Cruz, envió un mensaje a los fieles.

El mensaje en lugar del Tedeum

Este año será distinto el modo en que, alabamos y damos gracias a Dios (Te Deum) por el don de nuestra patria argentina. Siempre en estos días de mayo y desde los comienzos de nuestra historia, hemos valorado el Don precioso que Él ha confiado a nuestra libertad, para que lo cuidemos y perfeccionemos, como tarea común de todos los argentinos y crucial responsabilidad de sus dirigentes.

La pandemia de COVID-19 se ha extendido sobre la familia humana. Todos nos hemos visto afectados, de una forma u otra por ella. Muchas situaciones de nuestra vida cotidiana se han modificado: hábitos, costumbres, celebraciones, rutinas, etc.; estamos pasando por una constante fluctuación de nuestros estados de ánimo.

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Se avecinan momentos muy duros para nosotros, particularmente en el ámbito social. Las graves consecuencias de esta “tormenta” ya se sienten: la realidad se nos vino encima, y hace que se visibilicen problemas estructurales de nuestros barrios. Es preocupante la situación del hacinamiento y abandono en las cárceles, las limitaciones del sistema de salud, la asistencia alimentaria sostenida, los problemas de la falta de agua potable, y muchas necesidades concretas que surgen por la pérdida de las changas y trabajos informales de muchos de nuestros vecinos.

Y si bien esta situación de emergencia puede prolongarse riesgosamente en el tiempo, nos hará bien pensar que una sociedad mejor puede nacer de esta crisis global, gracias al esfuerzo de todos. Es posible seguir aprendiendo de nuestra gente sencilla, tan acostumbrada a tener que adaptarse siempre a nuevas y difíciles situaciones. “Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.

Los creyentes sabemos que, en medio de la incertidumbre y las amenazas, es posible sembrar esperanza. Porque ésta, se basa en la fe en Dios, en la fuerza que Él nos da para responder en cada circunstancia con sabiduría, prudencia e inteligencia.

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Nuestro pueblo, por las reservas morales que todavía conserva, es capaz de asumir las mayores dificultades con dignidad. Todavía estamos de pie, gracias a tantos argentinos que viven el diario y escondido heroísmo del “ahora” y del “nada más que por hoy” y que, con popular ingenio, no bajan los brazos, sino que resuelven solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana, haciendo mucho con tan poco. Ellos desconciertan a quienes abusan del poder, porque saben aprovechar todas las posibilidades de participación y de responsabilidad ciudadana; desaniman a quienes cifran todo en el dinero, porque generan creativamente alternativas de comunión donde el poder económico no encuentra lugar; multiplican gestos gratuitos y desinteresados y se las ingenian para recuperar espacios de fraternidad y de comunicación auténticas prestando atención a quienes están a su lado.

Los pobres nos enseñan que los tiempos difíciles son para unir y no para que nos sigamos dividiendo, ellos “saben de crisis y privaciones, que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida.

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Monseñor Fenoy redactó el mensaje navideño junto con los voluntarios de Cáritas

Monseñor Fenoy redactó el mensaje navideño junto con los voluntarios de Cáritas

Ante una situación límite se manifiesta qué es lo realmente esencial y aquello que no es más que superficial o superfluo. Hay cosas que, en los momentos decisivos, no sirven para nada, y otras que literalmente nos salvan y son esenciales para vivir en los momentos de mayor peligro. El Señor de la historia nos ayude a ser los constructores de los cambios que son impostergables, a “bajar un cambio” –como dice el Papa Francisco–, a repensarnos, a regenerarnos, a poner la dignidad, la vida, la solidaridad, la esperanza y el sentido de comunidad, en el centro. Que en estos días de angustia y dificultad, nuestra Inmaculada Madre de Guadalupe siga protegiendo nuestra patria, nuestra provincia y nuestra ciudad.

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