Día Mundial para la Prevención del Suicidio: el compromiso es la clave

En el Día Mundial de Prevención del Suicidio, Maureen Birmingham, representante en Argentina de la Organización Panamericana de la Salud y de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), compartió una reflexión en torno a una temática que tiene en jaque a la sanidad pública.


Redacción Aire Digital

A nivel global, pero particularmente en el continente americano, el suicidio constituye un serio problema de salud pública. Para tomar una dimensión, en todo el mundo cada día casi 3.000 personas mueren por suicidio, alrededor de 100.000 mueren anualmente por esta causa en las Américas, y se calcula que por cada suicidio hay al menos 20 intentos.

El suicidio se puede presentar a cualquier edad, y es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 20 a 24 años en la región. En Argentina, los accidentes, suicidios y homicidios son las principales causas de muerte en el grupo de 15 a 24 años, según datos oficiales.

Si bien el conocimiento acerca del comportamiento suicida ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, esta problemática continúa teniendo baja prioridad en las acciones de salud pública. En repuesta, el 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, se fomentan en todo el mundo más conciencia, compromisos y medidas prácticas para prevenir los suicidios.

El suicidio es un problema complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales que aumentan la vulnerabilidad de una persona al comportamiento suicida. Pero lo fundamental es tener en cuenta que una gran parte de los suicidios se pueden prevenir y que existen intervenciones eficaces para hacerlo. Por ejemplo, se estima que la mayoría de las personas que mueren por suicidio interactúan con un proveedor de atención primaria de la salud un mes antes de su muerte. Por eso, la eliminación del estigma relacionado con trastornos de salud mental, el acceso fácil a los servicios de salud, la detección temprana de las personas con conducta suicida y un manejo efectivo del sistema de salud son fundamentales para que reciban a tiempo la atención que necesitan.

En particular, el personal de atención primaria de salud tiene un papel importante que jugar en la prevención, detección temprana y manejo del comportamiento suicida. El programa SUPRE, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la prevención del suicidio que fue lanzada a nivel global en 1999, cuenta con una serie de herramientas dirigidas a grupos sociales y profesionales específicos particularmente relevantes.

Ante todo, la detección y tratamiento tempranos de condiciones subyacentes, como la depresión y los trastornos por consumo de alcohol y/o uso de sustancias psicoactivas son fundamentales para la prevención, así como el seguimiento con quienes han tratado de suicidarse con un apoyo psicosocial en su comunidad.

Maureen Birmingham, representante en Argentina de la OPS/OMS

En ese marco, la OMS también cuenta con el Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental, que ofrece un conjunto de herramientas para ampliar y mejorar la atención de los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias. Referentes de distintos organismos oficiales de Argentina han sido capacitados bajo esta estrategia.

Igualmente importantes son las intervenciones eficaces destinadas a reducir el acceso a los medios para suicidarse y la implementación de políticas para reducir el consumo nocivo del alcohol.

Suicidios: la importancia de prevenir las enfermedades mentales y “hacer foco” en el consumo social de drogas y alcohol

En el Día Mundial de la Prevención del Suicidio se pone en foco el debate acerca de cuál es el camino correcto para enfocar la segunda causa de muerte de adolescentes en el país. El médico psiquiatra Jaime Kuvischansky, manifestó que debe trabajar en la prevención de enfermedades mentales y el socialización del consumo de drogas y alcohol.

Asimismo, un eslabón importante de esta cadena son los medios de comunicación, que desempeñan un papel clave a la hora de informar de manera responsable de las muertes por suicidio y contribuir a su prevención, ya que existen investigaciones que determinan que una cobertura amarillista y repetitiva tiende a promover conductas imitativas en otras personas con riesgos suicidas.

Abstenerse de utilizar un lenguaje sensacionalista o de presentar el suicidio como la solución a un problema, evitar fotos y la descripción detallada del método utilizado, y ofrecer información sobre dónde se puede obtener ayuda son acciones a través de las cuales se puede lograr una adecuada comunicación del tema.

En fin, el suicidio es mayormente prevenible con medidas costo-efectivas y basadas en pruebas científicas. El liderazgo del Estado, un abordaje integral, una coordinación multisectorial y una participación social son necesarios para evitar estas tragedias con consecuencias irreparables para las personas, las familias y la sociedad en su conjunto.

Nota de redacción: en este artículo se utilizó información de la Agencia Télam

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