La tragedia de los Andes significó un antes y un después en la vida de las 16 personas que lograron sobrevivir al accidente aéreo, al frío extremo y a las terribles condiciones de vulnerabilidad en las que vivieron durante 72 días.
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Todo empezó el 12 de octubre de 1972 cuando 45 personas perteneciente a un equipo de rugby iniciaron su viaje hacia Chile.
José Luis Coche Inciarte recuerda con meticulosidad los detalles de esos días que no se los desea “ni a su peor enemigo”. Hoy vive en Montevideo, tiene tres hijos y ocho nietos. Algo que nunca se imaginó “allá arriba”.
El año pasado publicó su libro “Memoria de los Andes 46 años después” en el que relata los hechos y, al mismo tiempo, explica -o intenta explicar- por qué sobrevivieron.
La tragedia de los Andes
El avión uruguayo Fairchild Hiller inició su periplo hacia Chile el 12 de octubre de 1972 pero el mal tiempo los obligó a detenerse en el aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza.
Allí, decidieron pasar la noche. Era un jueves feriado por el entonces Día de la Raza. Todo parecía normal a pesar de las inclemencias climáticas.
El día siguiente, a pesar de que el mal tiempo persistía, decidieron volver a emprender rumbo a su destino. Pero el avión jamás llegó: debido a los fuertes vientos se desvió provocando que, sumado a varios errores humanos, colisionara con el pico bautizado posteriormente como cerro Seler.
El cruce debía demorar sólo 30 minutos. Pero a los nueve minutos comenzó la tragedia. “Fue un error humano, según reconoció la Fuerza aérea de Uruguay 30 años después, que se llevó la vida de muchísimas personas. Al principio éramos 29 vivos y 16 muertos. El último día, el número se había invertido: eramos 16 vivos y 29 muertos”, aseguró.
En total fueron 72 días terribles.
Factor ¿suerte?
En ese momento Coche era muy joven. Tenía tan sólo 24 años y era uno de los mayores que iban en el contingente. A pesar de la tragedia que vivió por más de dos meses, consideró en Aire de Santa Fe que en su historia intervino el factor suerte con el que se encontró en tres situaciones diferentes.
“Yo me iba a sentar en la última fila del avión al lado de mi mejor amigo, pero me fui para adelante y me salvé. Durante el accidente, el avión se partió justo en el asiento que iba detrás de mí y me salvé. Y cuando una avalancha nos aplastó en la montaña le había intercambiado el lugar al capitán y también me salvé”.
Según Coche fue el incomprensible factor suerte que golpeó su puerta y que tuvo “su cuota aparte como en todas estas tragedias”.
“Cuando pensamos que no había nada peor, descubrimos que sí”
A los diez días del accidente, habían abandonado su búsqueda porque los daban por muertos. Esa noticia llegó a ellos a través de una radio que tenían en el lugar de la tragedia.
Seis días más tarde, el 29 de octubre, los sobrevivientes aprehendieron que había algo más terrible que la situación que estaban viviendo.
“Yo hasta ese día no tenía ninguna herida y me sentía bien. Sentía que no existía nada peor que esto. Pero todo cambió”, contó.
“Esa tardecita, nos cayó una avalancha y se nos metió adentro del avión. Eso fue lo peor de todo. Estábamos convencidos de que no podíamos estar peor, y descubrimos que sí”, expresó.
Durante tres días estuvieron cubiertos de nieve. “La nieve se metió adentro del avión y nos cubrió completamente. Estuvimos sepultados tres días y tres noches. Y lo más doloroso era que si alguien pasaba por ahí, no iba a notar que había gente viva”.
En el tercer día hicieron un túnel hacia la cabina de pilotos y lograron salir por la ventanilla izquierda. “De ahí pasamos de lo peor a lo mejor. Salimos y nos encontramos con Dios. Todo estaba impecable y blanco. Éramos los mismos, pero teníamos otra mentalidad. Sabíamos en nuestro interior que íbamos a salir de ahí para encontrarnos con nuestra familia”.
“Hacer lo impensable para lograr lo imposible”
Una vez que pasaron por la avalancha la mentalidad de ellos cambió. A pesar de todas las dificultades sabían que tenían otra oportunidad. Por su parte, Coche comenzó con el mayor emprendimiento que hizo en su vida: hacer lo impensable para lograr lo imposible.
“Las cosas que tuvimos que hacer fueron impensadas. Desde alimentarnos con los cuerpos de nuestros amigos muertos, hasta aguantar la permanente angustia en el cuerpo. La incertidumbre de no saber hasta cuándo íbamos a estar ahí, nos dolía muchísimo”, expresó.
Las preguntas y los miedos aparecían entre ellos y los hacían pensar. “Siempre teníamos miedo de que la angustia se propagara y sea simultánea en todos. También pensábamos qué íbamos a hacer si se acababan los cadáveres que eran nuestro alimento. Contener la angustia de los demás fue una de mis funciones”.
A mi me daba mucha repulsión comer y por eso bajé muchos kilos. Sabía de qué se trataba ese alimento. La mano se negaba a cortar y la boca a masticar, pero la mente hacía un esfuerzo terrible y lo lograba”.
El milagro
A 60 días del accidente salieron a buscar la ayuda que no llegaba. Fernando Parrado y Roberto Canessa decidieron emprender ese camino. El día anterior había muerto una de las personas más queridas y eso precipitó la salida.
“Cruzaron la cordillera de los Andes desde Argentina hacia Chile caminando durante de diez días. Encontraron a un hombre montado en su caballo con sus dos hijos. Luego se subieron a un helicóptero para indicar dónde estábamos”.
“Ese fue otro milagro: que Nando Parrado haya encontrado el lugar en el que estábamos fue otro enorme milagro inexplicable”, aseveró.
“Los vimos llegar y fue el momento más fuerte. Esos helicópteros volando alrededor nuestro y verlo a Parrado fue algo grandioso. El ruido de los motores parecía el himno de la alegría y los brazos se movían como una danza. La nieve se levantaba para todos lados. Parecía un espectáculo en lugar de un rescate. Ahí se acabó todo porque volví a ver a mi familia”.
Recuerdo que me subí a un helicóptero y me trajo a un verde prado soñado del lado chileno. Desde entonces hasta hoy he sido feliz, no sé si lo merezco. En nombre de mis amigos que murieron debo vivir la vida.
La decisión más dolorosa de Coche
El milagro para Coche y sus compañeros llegó el 22 de diciembre, dos días antes de Nochebuena y dos días antes de su muerte.
“A mí me rescataron dos días antes de que yo me muera. Ya era una decisión: iba a dejarme morir la noche del 24. Hacía diez días que habían salido los muchachos y sabíamos que se les acababa la comida. Ese viernes decidí dejarme morir, cosa que me resultaba más fácil que continuar luchando. La muerte ya me seducía.
“A Emiliano Sala hay que buscarlo”
Finalmente Coche hizo referencia a la búsqueda del futbolista santafesino Emiliano Sala que desapareció mientras su avión privado viajaba desde Nantes a Gales. “Hay que buscarlo. Los accidentes aéreos demuestran que hay que seguir buscando”.
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“A nosotros nos dieron por muertos a los diez días. A Sala hay que buscarlo porque los milagros se producen. Es raro que sobreviva un avión, pero estas cosas pasan. Pueden existir un montón de posibilidades”, expresó. “No hay que dejar de buscar, hasta que no aparezcan. No hay que entregarse. Hay que seguir luchando”.
AUDIO | Coche Inciarte
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