Cárceles: miradas opuestas

Las cárceles son instituciones que fueron creadas para reemplazar el castigo físico hacia otras personas que hayan cometido un hecho ilícito. Han pasado varios siglos de aquel surgimiento y a pesar de las transformaciones que sufrió hay mecanismos que siguen intactos. Ahora bien, las cárceles ¿son lugares de recuperación o escuelas de delitos?
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Matías Bagnatto y el juez Mario Juliano reflexionaron en torno a esta pregunta en Aire de Santa Fe. Con miradas opuestas en relación a estos lugares, ambos dieron su opinión.

Quién es Matías Bagnato

El 17 de febrero de 1994, la vida de Matías Bagnato cambió para siempre. La casa en la que vivía con su familia, ubicada en Buenos Aires, empezó a arder. Ese día, las llamas de un incendio intencional terminaron con la vida del matrimonio de José Bagnato y Alicia Plaza; dos de sus tres hijos -Fernando de 14 y Alejandro de 9 años- y un amigo del más chico de la familia -Nicolás Borda- que se había quedado a dormir allí.

“Van a morir quemados“, advertía meses antes del hecho en sus amenazas telefónicas Fructuoso Álvarez González, un hombre con quien el padre de familia mantenía una deuda. Hoy, 24 años después, el condenado por la Masacre, está en manos de la Justicia.

En Aire de Santa Fe contó que cuando escuchaba ‘cadena perpetua’ pensaba que “en realidad era así. Luego, con el correr de los años, volví a vivir en el infierno y vi que esta persona tenía beneficios. Desgraciamente ahí comprendí que la perpetua no es perpetua. Empecé a ver el tema de las cárceles y cómo son los trabajos de re inserción. Ahí descubrí un panorama nefasto. Hoy tenemos que hablar de las cárceles son escuelas de delitos”. 

“Pido una justicia justa”

Matías Bagnato aseguró que “jamás pedí pena de muerte ni venganza. Considero que deberían existir leyes y condenas en torno a los delitos. No es lo mismo el delito de una persona que roba algo a alguien que mata a toda una familia. Por eso pido una justicia justa. Tendríamos que tener las penas acorde al delito. Hoy es lo mismo matar a una persona que a diez”.

Además hizo referencia a una cultura que “se instaló en nuestro país desde las universidades. Un trabajo que llevó adelante el doctor Zaffaroni, que instaló esto de no creer en las penas.  Aislar a un delincuente de la sociedad, es proteger al resto de los ciudadanos. El caso, por ejemplo, del juez Rossi con Micaela Garcia, nos muestra cómo la víctima es totalmente ignorada en ese proceso”.

En la realidad argentina, “la ley de Ejecución de la Pena dice que el juez “podrá” otorgar libertad, pero hay jueces que confunden esa palabra con un “deberá“.

Por otro lado, hizo referencia a la realidad de superpoblación que hay en las cárceles y que los mismos jueces reconocen. “Los jueces me dicen que las cárceles están saturadas y que tienen que de jar salir porque no hay lugar. A vos te dicen eso, y en algún punto tienen razón. ¿Hace cuánto tiempo no vemos a un gobierno inaugurar una cárcel?”.

“La única cadena perpetua que existe es la de la familia”

Matías pide “una justicia justa. Es necesario que se los condene por cada vida que sacó. Las personas que son reincidentes que no tengan beneficios. En Argentina cuando hablamos de prisión perpetua, decimos que la única que existe es para la victima y familiares de la victima. En mi caso, la vida de mis padres y mis hermanos no vuelven más. Eso es perpetuo. El dolor que siento es perpetuo. No estoy a favor de la pena de muerte pero sí considero que es necesario una justicia justa”

“Los resultados obtenidos demuestran que las cárceles no dan frutos”

El juez Mario Juliano es Director Ejecutivo de la Asociación de Pensamiento Penal. Según él las cárceles  no dan resultados positivos. “Hace muchos años que transitamos las cárceles y creo que todos podemos ver que los resultados obtenidos no dan frutos positivos. La reforma de la ley penal, que procura el endurecimiento con mayor numero de personas privadas de su libertad, no demuestra mejoras de la realidad.

Esta comprobación empírica “nos tiene que hacer reflexionar en torno a si existen otros modos de entender lo carcelario”.

Para el juez Juliano “nos debemos un debate mucho más serio para dar satisfacciones y no generar falsas expectativas como se viene haciendo a través del tiempo. Evidentemente la realidad no reacciona positivamente a estos factores”.

¿Es posible pensar otro mecanismo que no sea la cárcel?

Para el Juez Juliano, sí es posible. “Hasta hace 20 años atrás pensar en una salida alternativa era impensable. Y hoy es común pensar en una suspensión de juicio a prueba, mediaciones, conciliaciones. Esto avanza de modo positivo. No digo que con estas herramientas podamos resolver todos los conflictos, pero si podría reducir más de la mitad de la conflictividad que atraviesa nuestros tribunales“.

En este contexto aparece lo alternativo que “tiene la virtud de darle voz a la victima. La víctima puede ser escuchada y conocer cuál es su pretensión. Estamos avanzando en una basta experiencia de que no es verdad que siempre las personas afectadas por los delitos deseen prisión para sus victimarios.  Son numerosos los casos donde las víctimas piden perdón sincero o una serie de alternativas”. 

superpoblación carcelaria

“Podemos hacer intentos para disminuir los factores de riesgo que llevan este tipo de delitos. Por ejemplo, la recuperación de derechos, acceso a un trabajo digno, a la educación. Estos factores disminuyen la posibilidad de la comisión de delitos y que las personas puedan encontrar un futuro realizador y que tengan proyectos de salir adelante y no jugarse la vida a cada instante por un televisor”.

“A Sebastián Wagner se le salió la chaveta”

 

El juez Mario Juliano fue testigo en el juicio político del Juez Rossi, y aseguró conocer “en detalle la situación. Dudo que vuelva a salir en libertad. Respecto a lo que pasó antes de su salida, evidentemente está dentro de las lamentables reglas de lo que puede ocurrir. El juez Carlos Rossi tomó los recados que podía hacer. La resolución no fue un capricho. A Wagner se le saltó la chaveta y cometió esta barbaridad y despropósito”.

¿Entonces?

La pregunta que queda en el tintero es si las cárceles son lugares que permiten la re inserción o más bien son escuelas de delitos. La pregunta es difícil de responder y quizás no haya una sola respuesta. Pero lo importante es generar espacios de reflexión y cuestionamientos en torno a estas instituciones.

 

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