“Brisa y Paz tienen un vínculo extraordinario”
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“En esta continua búsqueda de alternativas para mejorar la calidad de vida de Brisa, un conocido nos contó el año pasado que existía en el Servicio Penitenciario Federal un programa de entrenamiento de perros para asistir a personas con distintas capacidades motrices. Funciona en la Cárcel de Ezeiza. Así que hacia allá fuimos, en julio del año pasado”, recordó Sebastián.
Las reclusas, supervisadas por especialistas, entrenan a los perritos en distintas tareas con las que pueden ayudar a personas que tiene alguna discapacidad. El programa tiene una doble función social: de ocupación para las internas y de apoyo a los pacientes que necesitan un perro de asistencia.
“Durante seis meses tuvimos entrevistas con asistentes sociales, terapistas ocupacionales y entrenadores que evaluaron a Brisa, para definir si ella podía ser usuaria de un perro de asistencia”, apuntó el entrevistado.
Una vez que Brisa obtuvo el “ok”, integrantes del programa viajaron desde Buenos Aires a Rosario para verificar una serie de condiciones de la vivienda y la dinámica familiar: “En ese momento, pudieron evaluar y decidir que el perro adecuado para Brisa era Paz”, contó Sebastián.
Luego vino la etapa de la vinculación: “Viajamos y estuvimos dos semanas relacionando a Brisa con Paz todos los días. Finalmente, el 16 de julio de este año permitieron que Paz venga y se quede con nosotros”, agregó.
Cambio de vida
“Brisa ahora se despierta todos los días contenta, porque tiene quien la acompañe a todas sus actividades. Paz le genera una enorme seguridad personal a Brisa, que por primera vez puede salir sola a la vereda, por ejemplo. Se generó un vínculo extraordinario”, precisó Sebastián, muy emocionado.




