sábado 4 de abril de 2020
Sociedad | coronavirus | deporte |

Actividad económica vs. salud pública y el debate en el deporte

La crisis mundial provocada por la pandemia de coronavirus es una oportunidad para construir una sociedad diferente, con valores solidarios, también en el deporte.

Ciertos sueños apocalípticos se han apoderado de la realidad y el deporte, en un mundo que difícilmente vuelva a ser el mismo y que estará atado ineludiblemente a las transformaciones que ya se experimentan respecto a los alcances aún impredecibles de este desastre sanitario universal.

Países con conceptos ideológicos básicos apoyados en la responsabilidad del Estado como garante de la justicia social han elegido frente a la pandemia el camino tendiente a la protección de la sociedad a través de medidas de “contagio solidario” y de prioridades alineadas en criterios humanísticos.

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Salvemos vidas y con el mercado vemos cómo iniciamos una nueva etapa, otra era, ámbitos inéditos o ideológicamente aspiracionales e intermedios que reconstruyan y hagan nacer pactos que garanticen la puesta en marcha de la rueda, pero con el compromiso de asistencialidad e inclusión en el primer lugar.

Países con conceptos ideológicos básicos apoyados en las máximas del mercado o subestimaron el índice de crecimiento mortal del virus o les importó más la vida de las finanzas y el estatus quo de sus economías que la vida de los habitantes de su nación, o, tal vez sucedieron las dos cuestiones al mismo tiempo. Es decir, resolvieron que primero y ante todo el mostrador siga abierto aunque afuera del local se este muriendo gente.

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Desde ambos casos, por vital necesidad de funcionamiento integral de la dinámica social y en el otro porque la muerte es capaz de movilizar hasta los metales más duros -aunque hay ejemplos en el poder donde parece que uno no está frente seres humanos-, habrá que volver por la huella y reformular los roles, las éticas y las prioridades en un mundo que con el coronavirus ha dicho "Basta, hasta acá llegué. Si siguen viviendo de esta manera, a partir de ahora vean ustedes cuál sería la mejor forma de continuar...".

En el deporte habrá que revisar las lógicas que resguardan la compentencia desleal, plantear topes salariales, la redistribución de accesos y posibilidades frente a la cultura del sometimiento, parar parámetros de satisfacción del triunfo a toda costa y la acumulación egoísta, conservadora y proteccionista de poder y jugadores como si estos fueran una mercancía o una especie de esclavitud moderna, asegurar una calidad más horizontal de las competencias permitiendo que aquel que respeta las normas tenga a su alcance resultados de normalidad y crecimiento, etc... Es decir, aprovechar la oportunidad de captar la derrota definitiva de las leyes atroces del mercado que nos destinaban a una aceptación de esa normalidad como algo mandado e irreversible, para volver a discutir el regreso hacia un hombre mejor plantado ante sí mismo, su humanidad y su natural sentido de la competencia dentro de un nuevo ordenamiento de la economía mundial, concebida como una economía social y solidaria también en los asuntos del deporte desde sus escalas más simples hasta el alto rendimiento profesional.

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