A los 94 años, murió la emblemática cocinera argentina Blanca Cotta
Redacción Aire Digital
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Este miércoles por la mañana, se conoció que Blanca Cotta, la emblemática cocinera argentina, falleció a los 94 años. Fue una de las pioneras de los programas dedicados a la mujer. En los años 60 ya se desempeñaba como jefa de redacción y guionista del programa “Buenas tardes, mucho gusto”, un éxito rotundo en los tiempos de aquella televisión.
Allí trabajó con grandes cocineros como Doña Petrona, Marta Beines, Chichita de Erquiaga, Cholly Berreteaga, Ketty de Pirolo y Miriam Becker, entre otras.
Fue una adelantada hasta en la cocina infantil y fundó su propio espacio en la recordada revista infantil “Anteojito y Antifaz”, del genial Manuel García Ferré, donde fue la editora de la sección “Comiditas”, desde la cual apuntó a inculcar el amor por la gastronomía a los más chiquitos.
En Clarín hizo época en distintas secciones del diario. Al principio, en el suplemento “Clarín Rural“, donde escribió con estilo coloquial la columna “Para la patrona”, un manual de sugerencias para amas de casa. Le siguió luego su ya comentado paso por el suplemento dominical y más tarde le dio un estilo particular al suplemento Ollas & Sartenes, un producto histórico del diario impreso.
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Con recetas suyas (o recreadas con su talento), los coleccionables, fascículos con papel ilustración, batieron récords de ventas por años.
Aún hoy, continuaba en Viva con su columna, brindando consejos y comentarios, para ella “un lugar en el que domingo a domingo me reencuentro con mis amigos y amigas invisibles, lectores que me acompañaron en el diario durante casi medio siglo”.
Su estilo fresco y espontáneo hizo del mundo de la cocina un lugar de calidez y de encuentro.
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Blanca formó una hermosa familia, integrada por dos hijas, seis nietos y nueve bisnietos que hoy la lloran, como seguramente tantos lectores que fueron creciendo en la vida de la mano de sus recetas. Hasta el final, preparó manjares y delicias para los suyos. Para ella, la cocina era sinónimo de familia.
Evitaba las cuestiones light, le gustaba la comida rica, potente y sabrosa: aún previo al adiós definitivo, con una salud de hierro, comía chocolate, jamón crudo y tomaba uno que otro Gancia, para alegrar sus horas.
Su memoria estará siempre en el paladar de todos los argentinos.
Nota de Redacción: en la elaboración de esta noticia se utilizó información de Clarín.com



