El caso de Shanick Sosa Battisti fue uno de los primeros en todo el país. Hace una semana, la justicia de Tierra del Fuego hizo lugar a un recurso de amparo y le ordenó al Registro Civil provincial que inscriba a una persona con género “no binario”, es decir ni masculino ni femenino. Ya en 2018, el Registro Civil de Mendoza le permitió a dos personas que en su DNI no se consigne género alguno.
Ahora es el turno de Lara Bertolini, estudiante de derecho y trabajadora del Ministerio Público Fiscal. La activista había obtenido en marzo pasado un fallo histórico: en la ciudad de Buenos Aires: la jueza nacional en lo civil Myriam Cataldi falló a favor del pedido de Lara para que en su partida de nacimiento y en su DNI se consigne “femineidad travesti”.
Sin embargo, 10 meses después el Registro Nacional de las Personas (RENAPER) apeló el fallo y se negó a abrir un campo de género especial porque “sólo hay dos sexos”, yendo en contra del espíritu de la ley de identidad de género 26.743 sancionada hace 7 años.
Es por eso que este jueves la ex Procuradora General de la Nación Alejandra Gils Carbó y el abogado Emilio Buggiani presentaron un recurso extraordinario para que sea la Corte Suprema de la Nación la que resuelva el pedido de Bertolini.
"Desde Fundación Travazona iniciamos la segunda etapa del proceso histórico de lucha contra la resistencia administrativa del Estado Argentino por reconocer y registrar las identidades autopercibidas de las personas, tal cual lo establece la Ley de Identidad de Género, la Ley Antidiscriminatoria, pactos y tratados internacionales de derechos humanos y la CIDH", dice el comunicado de la organización que acompaña a Lara Bertolini en su reclamo.
Existe todavía un imaginario colectivo que sostiene que a cada cuerpo le corresponde un sexo y a cada sexo un género.
La heteronormatividad asigna ciertas características identitarias a las personas a partir del sistema sexo/género europeo, binario y apostólico romano exportado al mundo entero. Lejos están de ser naturales, sino más bien construcciones sociales. Insistir en el binario es retroalimentar un sistema regulador de poder que naturaliza lo hegemónico y da pocas posibilidades de pensar en otras identidades.
En 2012, la reconocida activista Lohana Berkins explicaba: “gran parte de las travestis latinoamericanas reivindicamos la opción de ocupar una posición fuera del binarismo y es nuestro objetivo desestabilizar las categorías varón y mujer. La palabra transgeneridad se originó a partir de trabajos teóricos desarrollados en el marco de la academia norteamericana. En contraste, el término travesti en Latinoamérica proviene de la medicina y ha sido apropiado, reelaborado y encarnado por las propias travestis para llamarse a sí mismas. Éste es el término en el que nos reconocemos y que elegimos para construirnos como sujetas de derecho".







