Eso marcó el estilo de las viñetas, historietas y cuentos que hicieron de su humor uno de los más influyentes en América Latina.
Reviví 10 de sus chistes y observaciones sobre el país en el aniversario 11 de su muerte.
1. “Vos viste que los peruanos, los bolivianos, en fin, en el resto de Sudamérica nos tienen como una especie de admiración a nosotros, no sé, nos ven distintos, con más mundo, más roce, te diría”.
Aquí, en el cuento “El mayor de mis defectos”, un porteño le cuenta a un amigo cómo conquistó a una modelo en Israel y explica por qué su peor tara es su orgullo.
Lo que el cuento revela, explica Divinsky, es la burla del rosarino Fontanarrosa al porteño, que, para muchos, ve con cierta superioridad a los demás sudamericanos.
2. “Lo cierto es que los argentinos tenemos algo especial, algo que es difícil de explicar, y que no es ni la pilcha, ni los zapatos, ni los talompa”.
Seguimos en “El mayor de mis defectos”.
Y acá es cuando nos enteramos que el narrador del cuento es un porteño: porque se refiere a la ropa como “pilcha” y a los pantalones como “talompa” y usa las palabras “cancherear” y “trolo” y “gil” y pregunta retóricamente cada dos frases “¿viste?”.
Sigamos con aquel porteño seductor en palabras de Fontanarrosa: “Un argentino combina un poco esa cosa salvaje del sudamericano, esa cosa aindiada, algo primitiva, con el toque europeo, lo que nosotros tenemos de la cultura europea. Y después está la rapidez ¿viste? La viveza de uno para captar enseguida. Eso las mata”.
Y cuando dice “las mata” se refiere, por supuesto, a las mujeres.
3. “A ellas les gusta saber que uno les va a dar rigor, las hace sentir más mujeres eso. Eso del feminismo y las pelotas de Mahoma son puros versos”.
Acá, también en el mencionado cuento sobre los defectos, Fontanarrosa critica el machismo del porteño (o del argentino).
Las mujeres, continúa aquel seductor “canchero”, “están desesperadas buscando un tipo que, en realidad, las ponga en vereda y las trate con mano firme”.
“No te voy a decir que les pegue, no soy tan boludo, yo no me engaño, pero que las ponga en su lugar. Y eso, ellas saben que lo encuentran en los argentinos, al menos en los de barrio, como uno, en los que no se piantaron en el verso del psicoanálisis”.
Hasta acá la burla del rosarino al habitante de Buenos Aires, ciudad con más psicoanalistas per capital del mundo.
4. “Uno piensa que con el paso de los años se va a volver más sapiente y criterioso, que va a ser como el viejo que le enseñaba a Kung Fu: el sabio. Pero es mentira, con el fútbol estoy cada vez más intolerante y maniático”.
Como buen argentino, pocas cosas fueron tan importantes para Fontanarrosa como el fútbol y su adorado Rosario Central.
“Si hubiera que ponerle música de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol”, dijo alguna vez.
Divinsky asegura que Fontanarrosa “incorporó con éxito lo coloquial y cotidiano a la literatura, haciéndola accesible a grandes mayorías, sin perjuicio de lo cual logró el respeto de lo que se podría llamar la ‘academia'”.
“Se lo ve como un referente popular por su temática y por el uso del idioma”, añade el editor.
Y para lograr el fútbol, y el lenguaje ‘futbolero’, fue clave.
5. “Lo de Maradona en su enunciación pareció que iba a ser muy grave y después resultó una broma al revés. Es como si el más encarnizado de tus vecinos se compra un Rolls Royce. Te mató. Y después no lo puede sacar del garaje”.
Acá Fontanarrosa se refería a la llegada de Diego Maradona a Newell Old Boys, el eterno rival de Rosario Central.
Vargas cuenta que su esposa Liliana “entró dos veces a la habitación matrimonial para despertarlo más temprano de lo habitual: cuando estalló la guerra de Malvinas y en 1993, cuando Diego Maradona firmó para Ñuls”.
Y es que la frase -o esa “una broma al revés”- tiene un contexto importante: a Maradona no le fue nada bien con Newells.
6. Sobre las crisis económica que Argentina ha padecido:
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