martes 7 de julio de 2020
Santa Fe | Villa Ocampo | Coronavirus | cuarentena

Villa Ocampo es más que un brote: también es azúcar, revueltas y humedales

Los habitantes de Villa Ocampo se enojan cuando le dicen “pueblo” porque, con 20 mil habitantes, hace ya varias décadas que ganó la categoría de ciudad. Cuatro bulevares delimitan el casco céntrico, pero detrás de esos bulevares se fueron sumando barrios -la gran mayoría al oeste de la ruta nacional 11- además de varios parajes y campos. El nombre de esta localidad del noreste santafesino estuvo asociado durante décadas a la caña de azúcar, llegó a boca de todos en el 69 durante la manifestación popular bautizada como Ocampazo y volvió a escucharse en la década pasada cuando el humedal Jaaukanigás -en cuyo corazón está ubicada- fue celebrado mundialmente por su biodiversidad. Hoy, Villa Ocampo es título de diarios por algo muy diferente: tras detectarse allí un brote de Covid-19 la ciudad fue obligada a volver a la fase 1 de la cuarentena, mientras la provincia entera espera llegar en breve a la "nueva normalidad" que promete la fase 5.

La vida puede cambiar en un instante y así ocurrió en esta localidad santafesina.

La vida puede cambiar en un instante y así ocurrió en esta localidad santafesina. Un joven que cruzaba habitualmente a comprar mercadería a Resistencia, donde hay alta tasa de contagio, fue el caso uno. Con el correr de las horas la lista de infectados fue creciendo y llegó el bloqueo sanitario. Habrá que esperar unos diez días para conocer a cuántas personas alcanza el brote. “Paciencia” es la palabra clave que, por estos días, repiten como un mantra sus habitantes.

Una cápsula del tiempo

La localidad entró en una especie de cápsula del tiempo y volvió a aquel viernes 20 de marzo donde todo comenzó. La gente debe "quedarse en casa", sólo abren los comercios esenciales y se restringe al máximo la circulación, tal como quedó especificado en el primer decreto de necesidad y urgencia que dio inicio al aislamiento social, preventivo y obligatorio. Hace unos días ya nadie entra ni sale de Villa Ocampo, marcada en rojo en el mapa epidemiológico provincial.

Si fuese un año cualquiera, los ocampenses estarían preparando el torneo interprovincial e internacional de voley que revoluciona la ciudad cada inicio de vacaciones de invierno y con el tiempo se ha convertido en marca registrada. Durante cuatro días, unos seiscientos participantes de otras provincias y de países vecinos (Brasil, Chile y Paraguay) alteran la rutina de esta localidad. Más que torneo es una fiesta, ya una tradición. Pero debió ser suspendida al igual que el resto de las actividades sociales.

Desde que salió la noticia nos están llamando de todos lados para ver cómo estamos. Desde que salió la noticia nos están llamando de todos lados para ver cómo estamos.

“Desde que salió la noticia nos están llamando de todos lados para ver cómo estamos”, cuenta Sergio Joffre, uno de los entrenadores de voley de la ciudad. “Hasta el viernes a la noche hacíamos vida casi normal, salvo que no funcionaban los boliches, bares y espacios de reunión. Sí, estaba la obligación de usar tapabocas y sacarte los zapatos al llegar a tu casa, pero estábamos incluso por volver a entrenar. El sábado nos despertamos con todo esto y volvimos al principio”, lamenta.

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La aparición de casos de coronavirus puso en alerta a los vecinos de Villa Ocampo y están tomando precauciones. 

La aparición de casos de coronavirus puso en alerta a los vecinos de Villa Ocampo y están tomando precauciones.

En Villa Ocampo aseguran que la posibilidad de contagio siempre existió por la cercanía con Chaco pero que “estar lejos de todo” a veces se siente como un superpoder. La capital provincial les queda a unos 400 kilómetros y para ir a Rosario deben hacer 200 más. “Vivimos con mucha tranquilidad, acá nunca pasa nada. Si te digo que robaron diez veces en los últimos cinco años estoy exagerando”, asegura Sergio. Abunda: “Como estamos en medio de la nada, nos tomamos con cierta liviandad las cosas. Tenemos esa sensación de que acá nada llega”. Hubo un antecedente que fortaleció esa percepción: en 2009, con la Gripe A, hubo mucho enojo en la ciudad porque el pico de casos en el país fue en invierno y debieron suspender el mencionado torneo de voley. “Y todo fue tranquilo, acá nunca hubo casos de gripe”, recuerda.

El vínculo con Resistencia

Es muy común para los ocampenses cruzar a Chaco porque Resistencia (que está a 130 kilómetros) es la ciudad grande más cercana. “Reconquista está a 80 kilómetros pero no tiene tantas cosas para ofrecer”, aclara Sergio. “Sabíamos que el virus iba a entrar por Resistencia, pero pensábamos que iba a venir cayendo por las ciudades que están más cerca del límite, antes que nosotros, como Florencia, El Rabón, Las Toscas, que iba a ser como una cadena. Pero no, saltó directo hasta acá”, se maravilla.

José Luis Melgarejo también es entrenador de voley, pero desde hace 27 años es además profesor en varias escuelas de la zona. Él vive con su esposa y sus tres hijos en Villa Ocampo. “Al estar tan alejados de las grandes ciudades la vida es muy tranquila, casi de pueblo”, coincide. Recuerda que la desconexión era aún peor cuando era adolescente. “En los 80 y los 90 estábamos muy atrasados, pero por suerte las cosas fueron cambiando”, analiza. Considera que hubo dos factores fundamentales en esta adaptación. “Muchos jóvenes se fueron a estudiar afuera y volvieron a trabajar con mentalidad diferente, pero además los avances en la tecnología nos ayudaron a estar más conectados con el resto del mundo”, resume.

Muchos jóvenes se fueron a estudiar afuera y volvieron a trabajar con mentalidad diferente. Muchos jóvenes se fueron a estudiar afuera y volvieron a trabajar con mentalidad diferente.

Lejos de todos, sí, pero no por eso distintos. “Al tema de la distancia no lo vamos a solucionar nunca, pero siento que hoy en esta pandemia estamos todos iguales, más allá de dónde vivamos. Fuera de la particularidad de cada pueblo o ciudad, a todos nos pasa lo mismo, estamos todos en un stand by esperando que todo pase y vuelva la normalidad”, razona.

Volver a Fase 1 no fue fácil para nadie. “La sensación de volver atrás nos pegó anímicamente mal, teníamos incluso esta semana una reunión para coordinar un protocolo que nos permitiera realizar varios deportes, pero después de que se conoció el caso ya no volvimos a hablar el protocolo porque tenemos que esperar a ver qué pasa”, lamenta.

“Sabíamos que el contagio era una posibilidad, muchos transportistas seguían trabajando y tienen acá sus familias. En este caso todo indica que fue por negligencia de la persona que conocemos como el caso uno porque iba con frecuencia a un lugar marcado como de alto contagio y no tomaba las medidas correspondientes”, sostiene. Esa es la amargura que por estas horas recorre el pueblo, donde la gran mayoría de la gente ha respetado las restricciones para cuidarse y cuidar a los demás. Pero no todo es negativo.

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Villa Ocampo es la puerta de entrada a uno de los humedales más bellos que tiene Santa Fe: Jaaukaigás.

Villa Ocampo es la puerta de entrada a uno de los humedales más bellos que tiene Santa Fe: Jaaukaigás.

“Hemos aprendido en estas semanas y tomamos conciencia. Si bien volvimos a la fase uno estamos todos más educados, no digo que es fácil pero hay cierta relajación porque hemos incorporando hábitos. Al principio nos asustamos, ahora somos precavidos”, es el paralelo que traza. A la hora de hablar de lo que se viene, prefiere no especular. “Entendemos que va a ser un tiempo largo y que tenemos que tener paciencia”, suspira.

Una ciudad con mucha historia

Villa Ocampo no nació cuando las noticias sobre el Covid-19 la pusieron bajo la lupa de los medios en los últimos días. La historia oficial asegura Manuel Obligado fue enviado en 1875 a explorar la región por el entonces presidente Nicolás Avellaneda y que, tras volver con sus informes, un pariente de un presidente del Perú llamado Manuel Ocampo Samanés se entusiasmó con la idea de colonizar la zona.

Cuentan que los primeros colonos eran de origen suizo y francés, pero huyeron en respuesta a los continuos ataques de los indios.

Ocampo, junto a unos socios, partió entonces desde Buenos Aires en 1878 y llegó hasta un sitio llamado Puerto San Vicente. Las tribus mocovíes vivían en ese momento en la zona. Los expedicionarios fueron hacia el oeste y el 30 de noviembre de ese año establecieron un fortín y crearon la Colonia Ocampo, hoy Villa Ocampo. Cuentan que los primeros colonos eran de origen suizo y francés, pero huyeron en respuesta a los continuos ataques de los indios. Ocampo se quedó. Fue él, cuentan, quien introdujo el cultivo de la caña de azúcar, instaló fábricas y encargó el trazado urbano. Otra fecha importante en el calendario ocampense es el 12 de abril de 1962, cuando por decreto provincial fue declarada “ciudad” al haber superado los 10 mil habitantes.

Del 62 hasta ahora, muchas cosas pasaron y quien las cuenta es Sergio Horacio Joffre, padre del entrenador de voley. “Nací, me crié en Villa Ocampo, trabajé, me jubilé y ahora vivo acá”, resume este director de escuela rural, de 72 años, quien se conoce de punta a punta la historia de su ciudad.

Todo tenía color azúcar

“Antes era todo muy diferente. En la zona había cuatro ingenios azucareros: el de Villa Ocampo era uno, después había otro en Tacuarendí, otro en Las Toscas y uno más en el Chaco”, recuerda. “Todo acá tenía color azúcar, se hablaba todos los días del clima pensando en la cosecha, todo estaba referenciado a la caña. Era otra realidad, era impresionante la cantidad de caña que entraba, había cinco meses de zafra”, precisa. Los campos estaban llenos de gente, “no solo por la caña, también por el algodón, había mucha mano de obra y las escuelas rurales estaban llenas”, sostiene. Sabe de lo que habla: él fue durante décadas autoridad de varios establecimientos escolares ubicados en parajes de la región.

El Ocampazo fue la mayor manifestación popular que se tenga memoria en la región, en defensa de la continuidad del Ingenio Arno de VIlla Ocampo.

Pero además de director de escuela, Sergio Horacio fue protagonista de un hecho histórico. “Yo estuve en el Ocampazo, cuando quisieron venir a tomar el ingenio y lo defendimos. Eran calles de tierra, la policía nos corrió, nos disparó, fuimos a la municipalidad y a la iglesia”, recuerda emocionado. El Ocampazo fue la mayor manifestación popular que se tenga memoria en la región, en defensa de la continuidad del Ingenio Arno de VIlla Ocampo. Fue el 11 de abril de 1969. Los ocampenses, quienes intentaron marchar a la capital provincial en una denominada “Marcha del hambre”, fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad. Ese día se metieron en la historia: fue el puntapié inicial de una serie de protestas sociales que culminaron con el Rosariazo y el Cordobazo. “Hierve Villa Ocampo”, tituló en aquel momento un medio nacional.

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Los accesos a la ciudad de Villa Ocampo están siendo controlados permanentemente por las fuerzas de seguridad. 

Los accesos a la ciudad de Villa Ocampo están siendo controlados permanentemente por las fuerzas de seguridad.

“Cuando la economía de la caña empezó a caer, porque Tucumán hizo presión, hubo mucha gente que se fue de los campos hacia pueblos y ciudades. A las familias con muchos hijos les convenía más que dos hijas trabajaran como servicio doméstico que todos en el campo”, asegura. “Antes, cuando se cosechaba caña, todos tenían trabajo porque era cosecha a mano, todo el año, muchos kilos por día. Después además vinieron las máquinas y la gente se tuvo que adaptar, muchos se fueron más lejos a asentamientos precarios en Santa Fe, Rosario o Buenos Aires”, resume.

Los cambios en la economía de la ciudad

El perfil económico de la ciudad fue mutando. “Teníamos una papelera que también cerró. Hoy lo único que tiene la ciudad es un frigorífico y una alcoholera. La economía primaria de Villa Ocampo se fue al bombo, pero a la vez la ciudad es centro comercial de la región, tenemos bancos, sanatorios, muchos empleados públicos y jubilados”, enumera.

En 2001 hubo un hecho para destacar en la historia de Villa Ocampo. Jaaukanigás, el humedal ubicado en el río Paraná medio y del cual forma parte, fue catalogado “sitio Ramsar” debido a su riqueza natural. Ramsar es la ciudad iraní donde el 2 de febrero de 1971 se celebró un tratado internacional vinculado a la conservación y al uso racional de los humedales. Jaaukanigás (“la gente del agua”) comprende unas 492.000 hectáreas de naturaleza protegida y en estado puro. Allí viven unas 522 especies de vertebrados terrestres, lo que incluye a 45 especies de anfibios, 59 de reptiles, 350 de aves y 78 de mamíferos. Un reservorio único en su tipo que, entre otras cosas, alberga a una importante población de monos aulladores.

“El atractivo turístico de Villa Ocampo es que tenemos naturaleza preservada, estamos en el corazón de Jaaukanigás. Tenemos para hacer turismo de isla, de monte, de chacra, de estancia. Pero nos faltan plazas turísticas, debemos estar como mucho en 80 y si querés destacarte en turismo tenés que tener más, invertir en caminos, puentes e infraestructura”, sostiene. “Podríamos ser más turísticos, pero tenemos que darnos cuenta de lo que somos y trabajar para avanzar en eso, es cuestión de adaptarse”, reflexiona Sergio Horacio.

Adaptarse parecer ser una consigna propia de los tiempos que corren. Adaptarse a un virus extraño que amenaza al planeta, adaptarse a la cuarentena estricta, adaptarse luego a sus diferentes fases, llegar casi a la normalidad para luego, inesperadamente, volver a comenzar. Habrá que tener paciencia, como recomiendan los habitantes de Villa Ocampo, que algo de esto saben: no por nada han vivido y sobrevivido con honor a los múltiples vaivenes de su historia.

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