jueves 20 de febrero de 2020
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Jaaukanigás: la joya en bruto de la naturaleza santafesina

El extremo noreste de la provincia alberga un humedal de importancia internacional con una biodiversidad única.

En el extremo norte de Santa Fe, allí donde el territorio provincial acaricia los límites del Chaco y de Corrientes, existe un lugar donde persisten el espíritu y las enseñanzas de “la gente del agua”. Es el sitio Ramsar Jaaukanigás, un humedal de importancia internacional donde el Paraná reparte su increíble cuota de biodiversidad a lo largo de 492.000 hectáreas de naturaleza protegida y en estado puro.

Un espacio bajo protección legal manejado por un comité intersectorial que regala refugio y alimento a unas 522 especies de vertebrados terrestres, lo que incluye a 45 especies de anfibios, 59 de reptiles, 350 de aves y 78 de mamíferos. Un reservorio único en su tipo que alberga, por ejemplo, una importante población de monos aulladores.

Las formas de turismo que se apliquen a la región deben seguir parámetros alejados del turismo de masa para acercarse a otras nociones que incluyan la responsabilidad, el respeto por el entorno y también la capacidad para interactuar con un paisaje que tiene mucho para enseñar.

“El Jaaukanigás (que significa, justamente, “gente del agua”) es sinónimo de diversidad biológica y de provisión de beneficios ecosistémicos al por mayor. Hay especies únicas y una enorme riqueza cultural con sociedades que, desde siempre, han dependido del río Paraná”, explicó Alejandro Giraudo -quien forma parte del Comité Intersectorial de Manejo del sitio- en el marco del Primer Foro Nacional de Humedales organizado por la Municipalidad de Villa Ocampo hace pocos días en esa ciudad.

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Un Humedal de rango internacional

El sitio Ramsar Jaaukanigás fue creado el 10 de octubre de 2001 y fue el primero en contar con un comité intersectorial de manejo. Algo que es mucho más que una formalidad, ya que refleja la manera en la cual muchos actores sociales locales se fueron involucrando en la protección y conservación del espacio.

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Esta apertura a las comunidades locales ayuda a diluir potenciales conflictos y, además, le da legitimidad a un proyecto de largo plazo. Giraudo lo graficó en pocas palabras: “El Jaaukanigás es mucho más que una reserva de la naturaleza, porque acá se trata de conservar sistemas socioambientales en toda su complejidad”.

Para eso, las formas de turismo que se apliquen a la región deben seguir parámetros alejados del turismo de masa para acercarse a otras nociones que incluyan la responsabilidad, el respeto por el entorno y también la capacidad para interactuar con un paisaje que tiene mucho para enseñar.

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La riqueza del lugar es incomparable: en un territorio que representa el 1% de la superficie total de Argentina se pueden encontrar el 35% de las especies de aves de todo el país, el 28% de los anfibios, el 20% de los reptiles y el 25% de los mamíferos.

Además, en un contexto de cambio climático que está alterando los parámetros de temperatura y lluvias en todo el mundo, el Delta del río Paraná puede convertirse -según señaló el biólogo- en una región “cada vez más importante para que muchas especies encuentren refugio y alimento”.

Villa Ocampo, en clave verde

El compromiso de las comunidades locales para dotar de dinamismo al Jaaukanigás se expresa, por ejemplo, en el intento de reconversión del perfil económico y productivo de Villa Ocampo que lleva adelante su gobierno local, liderado por el intendente Enrique Padoán.

Históricamente atado primero a La Forestal y luego a las plantaciones de caña, el declive de estas industrias y la creciente demanda social de avanzar hacia formas de vida más sustentables reorientaron la imagen de esa ciudad hacia un lugar relacionado con su naturaleza y su elemento estrella: los humedales.

Desarrollar una industria del turismo local que pueda combinar respeto al ambiente con generación de recursos económicos es todo un desafío que aún está en construcción.

“Hace siete años empezamos con la idea de dar a conocer el lugar a través de su identificación con los humedales. Comenzamos con la Fiesta del Humedal y agregamos concursos de poesía, la fiesta de la empanada de pescado y ahora un Foro Nacional”, dijo el intendente, para quien hacer conocer el Jaaukanigás en el resto de la provincia y en todo el país “se volvió una cuestión de estado”.

“Antes acá había un puerto forestal, luego una cuenca cañera que ya está casi desaparecida. Debemos encarar un cambio de matriz urgente, y el ecoturismo nos ofrece esa posibilidad”, agregó.

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En algunas zonas de Jaaukanigás ya hay senderos y miradores para observar la naturaleza.

En algunas zonas de Jaaukanigás ya hay senderos y miradores para observar la naturaleza.

Un ejemplo de esto es la reserva municipal El Pindó. Inaugurada hace muy poco dentro del área que cubre el sitio Ramsar. Son 32 hectáreas ubicadas en zona de islas entre los arroyos Pindó y Alisal que ofrecen al visitante una gigantesca diversidad de especies de flora y fauna autóctona y que puede recorrerse a través de un sistema de senderos y miradores.

Otro turismo es posible

Desarrollar una industria del turismo local que pueda combinar respeto al ambiente con generación de recursos económicos es todo un desafío que aún está en construcción. “Nadie puede proteger aquello que no se conoce y el turismo puede ser un vehículo de conocimiento. Buscamos generar un turismo que genere arraigo y también recursos”, explicó durante el Foro de Humedales Alejandro Grandinetti, secretario de Turismo de Santa Fe.

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Mariana Pérez Márquez, del ministerio de Turismo de la Nación, expresó que desde esa cartera intentarán proponer un modelo turístico que sea “ambiental, social, cultural y productivamente sustentable”.

“Los lugares de naturaleza extraordinaria están entre los más demandados porque permiten disfrutar de la experiencia única del paisaje y del silencio. Por ese motivo deben ser protegidos”, explicó la funcionaria, quien agregó que el noreste de Santa Fe “es un espacio único con una fuerte impronta cultural”.

También mencionó que la sobreexplotación turística “no va más”. “Hay que dejar de pensar en cantidad para hablar de un turismo de calidad. Llenar todo de gente es insostenible para el territorio y pensado así el turismo puede ser un arma de doble filo. Hay que entender que es el recurso natural el que atrae a las personas, si no está más o está saturado los visitantes desaparecerán” concluyó la experta.

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