El Delta del río Orinoco en Venezuela es uno de los más grandes del mundo. Tiene una superficie de casi 40.000 kilómetros cuadrados y el golfo que se forma en su desembocadura alcanza un ancho de 350 kilómetros. Es una “telaraña” de selva y riachos, en la que sobrevive la etnia de los Waraos y en donde un equipo de científicos -que incluye a un santafesino- buscará el antecesor ancestral de dos especies de cocodrilos: el caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), que está en peligro de extinción, y el cocodrilo americano (Crocodylus acutus).
El equipo que lidera el biólogo mexicano Gualberto Pacheco-Sierra ganó un subsidio de la Sociedad National Geographic para financiar una investigación que busca determinar si el Delta del Orinoco es una zona de hibridación para el cocodrilo americano y el caimán del Orinoco.
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Suena difícil. Pero Pacheco Sierra, el doctor santafesino Pablo Siroski -investigador integrante del Proyecto Yacaré - y el biólogo venezolano Samuel Hilevski pasaron por la redacción de Aire Digital para contar cómo va a ser la expedición.
Cómo será la investigación
En el arranque hay una hipótesis: creen que entre las especies de cocodrilos del delta pueden encontrar un antecesor común para el caimán del Orinoco y el cocodrilo americano. Implica detectar una especie de cocodrilo más antigua -por eso ancestral- en la frontera sur del hábitat de los cocodrilos en el continente americano. Abajo del río Orinoco no hay cocodrilos sino caimanes, como los yacarés que hay en Santa Fe.
Comprobar la hipótesis no va a ser fácil. Los cocodrilos del delta son grandes y pueden tener más de cuatro metros de longitud. “Tenemos que capturarlos de noche, generalmente usamos un lazo, para tomar pequeñas muestras de tejido en las crestas de la cola y también les sacamos sangre en la vena espinal o caudal. Y luego los liberamos”, explicó Siroski.
Se trabaja de noche porque es cuando es más sencillo ver a los cocodrilos -resaltan los ojos cuando se los alumbra con linternas y reflectores- pero los investigadores van a necesitar la colaboración de los Waraos, que duermen en viviendas palafíticas en el río, para orientarse en el laberinto de riachos que es el Delta del Orinoco, un lugar que se consideró históricamente inaccesible, al punto que en el mar cercano al delta ubicó el escritor Daniel Defoe, en el siglo XIX, la isla de Robinson Crusoe y Viernes.
“La relación con los Waraos es muy importante para nosotros. De hecho uno de los puntos claves de la investigación es estudiar cómo se vinculan con los cocodrilos, cómo los perciben y qué cosmovisión han desarrollado con ellos”, adelantó Pacheco-Sierra.
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La expedición para tomar las muestras parte en marzo y están planificando la logística. La segunda etapa, en julio, se desarrollará en Panamá, en el laboratorio molecular del Instituto de Investigación Tropical Smithsonian. “Lo que vamos a hacer es el estudio de los marcadores genéticos que hay en las muestras mediante la secuenciación del genoma de los cocodrilos para definir el nivel de convergencia y parentesco”, precisó el biólogo mexicano.
Durante el resto del año, el equipo -que también incluye a investigadores de Estados Unidos, Panamá y España- elaborará las conclusiones de un estudio que más allá de que descubra o no un origen ancestral de estos cocodrilos seguro va a aumentar el conocimiento disponible de las especies y también sobre la rica biodiversidad del Delta del Orinoco, uno de los diez ríos más importantes del mundo.
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