Vecinos de barrio El Pozo denuncian que el dueño del perro que asesinó a Garrafa lo entrenaba para atacar: "No fue un accidente"
Vecinos, estudiantes, docentes y trabajadores se reunieron en Ciudad Universitaria de la UNL tras una convocatoria para reclamar justicia por Garrafa y exigir que el ataque no quede impune.
Vecinos denuncian que el dueño del perro que asesinó a Garrafa los entrenaba para atacar.
El ataque que terminó con la muerte de Garrafa, el perro comunitario de la Ciudad Universitaria de la UNL, sigue generando conmoción y fuertes denuncias. Vecinos de barrio El Pozo aseguraron públicamente que el dueño del pitbull involucrado entrenaba a sus perros para atacar y que existían antecedentes reiterados de violencia contra otros animales.
Leonela, vecina del barrio, sostuvo que el agresor era conocido en la zona y que había recibido múltiples advertencias. “No fue un accidente. Un accidente puede pasar una vez, pero cuando sucede diez veces ya es algo premeditado”, afirmó en diálogo con el móvil de Ahora Vengo por AIRE.
Vecinos denuncian que el dueño del perro que asesinó a Garrafa los entrenaba para atacar
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Según su testimonio, el hombre solía entrenar a los perros en una plaza del barrio. “Se lo veía bajando ramas de los árboles y haciéndolas colgar para que los perros se prendieran y mordieran. Era un entrenamiento para atacar”, relató. Además, aseguró que los animales habían atacado y matado gatos, mordido perros pequeños y que incluso una vecina resultó herida cuando intentó defender a su mascota.
“Son animales criados para ser asesinos, pero no es la raza: es cómo se los cría”, remarcó Leonela, quien diferenció estos casos de otros pitbulls del barrio que conviven sin problemas con niños y familias.
La vecina también señaló que al dueño se le había recomendado en reiteradas ocasiones el uso de bozal y correa, pero que su respuesta era despectiva. “Decía que por qué iba a ponerle bozal cuando los otros perros eran indefensos”, contó.
Para los vecinos, el ataque que terminó con la vida de Garrafa podría haberse evitado.“Ese perro estaba tranquilo en su hábitat. Podría haber sido Garrafa o un chico. Por eso pedimos justicia y que no quede impune”, concluyó.
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Garrafa está enterrado en la Ciudad Universitaria de la UNL.
Así fue el ataque que mató a Garrafa y la actitud del dueño: prometió ayuda y nunca volvió
El lunes por la mañana, cerca de las 8.30, dos perros ingresaron sin control a la Ciudad Universitaria de la UNL por uno de los accesos sobre la ruta 168. En ese momento, Garrafa —también conocido como Kechu— descansaba en la zona de la garita de seguridad, como lo hacía habitualmente.
Lucas, trabajador de seguridad que presenció el ataque, relató que fue el pitbull el primero en lanzarse. “Empezó a morderle las piernas y el otro perro le agarró el cuello”, contó. En medio de la desesperación, intentó separarlos con una botella de agua y un palo, mientras comenzaban a ingresar estudiantes al predio.
Según el testimonio, los perros entraron solos. El dueño venía caminando varios metros detrás y recién reaccionó cuando escuchó los gritos. “Cuando llega, abraza al pitbull, lo empieza a ahorcar para que suelte y nos dice ‘no lo va a soltar’”, recordó Lucas. Tras varios segundos, el animal finalmente liberó a Garrafa.
El momento fue crítico: mientras retiraba al pitbull con una soga, el perro seguía lanzando mordiscones a las personas que ingresaban al predio. “No lo podía controlar”, aseguró el trabajador.
Antes de irse, el dueño prometió regresar con ayuda. “Me dijo: ‘Lo llevo a mi casa porque no lo puedo controlar, busco la camioneta y vuelvo para dar una mano’”, relató Lucas. Sin embargo, nunca volvió. “Se fue caminando y dejó todo abandonado”, afirmó.
Cinco minutos después del ataque, Garrafa murió producto de las heridas. “Fueron los dos perros de él los que lo atacaron”, remarcó el personal de seguridad, aclarando que uno de los animales no era de raza pitbull.
El hecho ocurrió en un horario especialmente sensible: además del ingreso de estudiantes, a pocos metros funciona un predio con colonia de vacaciones infantil. “Si el perro seguía 100 metros más, podría haber sido una tragedia aún mayor”, advirtieron desde la comunidad universitaria.