Ataques a niños y pocos perros peligrosos registrados: por qué el caso Garrafa es la gota que rebalsó el vaso en Santa Fe
La muerte del perro comunitario de la UNL a manos de un pitbull sin bozal desató una ola de indignación. Con tres niños atacados en los últimos meses y un registro municipal que casi nadie cumple, Santa Fe se enfrenta a las consecuencias de una negligencia que ya es moneda corriente.
El guardián de la UNL: Garrafa no era solo un perro comunitario, era parte de la vida cotidiana de cientos de estudiantes que hoy exigen justicia por su muerte.
Garrafa murió en la Ciudad Universitaria tras ser atacado por un pitbull sin bozal. Sin embargo, esta tragedia no es un hecho aislado sino la continuación de un círculo de violencia canina que viene golpeando a Santa Fe desde hace meses.
La frase de Pablo Ortiz, director del IMUSA, resuena hoy como una sentencia: “Esto no fue un accidente, fue negligencia. Hoy fue Garrafa, mañana puede ser un nene”. Pero lo cierto es que, para muchas familias santafesinas, ese "mañana" ya llegó.
El mapa del dolor: 7 meses de ataques de perros peligrosos
El recuento de ingresos al Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia dibuja un panorama crítico sobre la tenencia irresponsable:
Julio 2025: Un niño con autismo fue operado de urgencia tras recibir un "tarascón" en el rostro por parte del pitbull de su abuelo.
Noviembre 2025: Samara, de 8 años, terminó con cirugías en el ojo y el cachete tras ser atacada mientras jugaba en una casa de barrio Los Hornos.
Enero 2026: El caso más grave. Una beba de un año en la zona oeste fue mordida en cabeza y cuello. Al día de hoy, permanece con asistencia de oxígeno y cuidados intermedios.
Febrero 2026: La muerte de Garrafa, el perro que unía a la comunidad universitaria, a manos de un animal que no tenía vacunas, no estaba registrado y paseaba sin seguridad.
A pesar de que desde abril de 2005 rige la Ordenanza 11.180, que obliga a registrar a las razas potencialmente peligrosas (Pitbull, Rottweiler, Dogo Argentino, entre otras), el acatamiento es ínfimo.
Según la normativa vigente, los pitbulls y otros perros de gran porte deben circular con correa y bozal, una medida que podría haber evitado los ataques recientes en la ciudad.
"Insistimos en que estos animales deben salir con correa, bozal y acompañados de un adulto que pueda sostenerlo", enfatizó en aquel entonces Anahí Montiel, exsubdirectora de Salud Animal.
El caso Garrafa llevó al municipio a endurecer su postura. Ya no solo se busca la multa económica del Tribunal de Faltas, sino que existe una denuncia penal a cargo de la fiscal María Laura Martí. El objetivo es claro: sanciones ejemplificadoras que incluyan tareas comunitarias para los tutores.
Además, para marzo de 2026, el municipio lanzará un programa de identificación mediante microchips para perros con antecedentes de agresividad o de gran porte, intentando cerrar la brecha de un registro que hoy, a 20 años de su creación, sigue siendo mayoritariamente ignorado.
Garrafa (4)
La trágica partida de Garrafa despertó una ola de indignación en Santa Fe y reabrió el debate sobre la seguridad en espacios públicos.
Qué dice la ley de perros peligrosos en Santa Fe
Si tenés un perro de raza potencialmente peligrosa, esto es lo que debés saber:
Qué hacer: Registro obligatorio, uso de correa y bozal en la vía pública, y vacuna antirrábica al día.
Dónde registrar: En las sedes del IMUSA (Parque Garay, Jardín Botánico o La Tablada) de lunes a viernes.
Denuncias: Todas las comisarías están obligadas a tomar la denuncia por ataque. Si el perro tiene dueño, interviene la Policía; si es callejero, interviene el municipio.