Dicen que cuando se desea algo con muchas fuerzas, el universo conspira para que se cumpla. Sara Díaz puede ser ejemplo de ello cuando cuenta su historia de amor a las murgas, el carnaval y el tiempo que debió esperar para acercarse a ese mundo que hoy es su orgullo.
De joven siempre quiso bailar en alguna comparsa, pero sus padres primero y cónyuge después, se impusieron con negativas que la llevaron a relegar ese paso. El tiempo pasó y el “bichito” de la pasión siguió vigente en ella, al punto que impulsó a sus hijas a anotarse en un grupo del barrio que con el tiempo se desarmó, dejándole el camino para que tome las riendas para crear su agrupación propia.
“Era el año 2003, y si bien a nuestro barrio (San Roque) no había llegado el agua del Salado, los vecinos y vecinas estábamos afectados como la ciudadanía toda por lo que había pasado con la inundación. Y la murga representaba la contención que los niños, niñas y jóvenes de la zona necesitaban”, comenzó a relatar en diálogo con AIRE.
Fue así como se dispuso a armar un afiche que pegó en distintos lugares del barrio para una convocatoria inicial, y de a poco todo se fue conformando. El epicentro de reunión siempre fue su casa, donde tiene una habitación dispuesta para el guardado de los instrumentos, los trajes, las telas, tocados; aunque los ensayos –que se realizan durante todo el año, con variación de intensidad de acuerdo al calendario de compromisos que asumen, en fiestas o actos– se desarrollan en el Bulevar Muttis, cruzando la vía.
“Al principio fue un proyecto familiar y de amigos y amigas, porque se sumaba gente de la zona, que nos conocía. Mis hijas eran bailarinas, mi hijo estaba en la música con mi nietito, y yo me puse a diseñar y coser, otro gusto que siempre tuve y que aprendí de mi abuela que era sastre”, agregó Sara.
Y completó: “Luego comenzamos a crecer, siempre por la responsabilidad con la que trabajamos y el ímpetu que le pusimos a cada detalle. Llegando hoy a contar con la participación más de 50 bailarinas y músicos que llegan de otros barrios como Barranquitas, Villa Hipódromo, Alto Verde, Guadalupe y hasta de Laguna Paiva”.
Cada parte es importante
En la comparsa Malibú hay dos sectores. Por un lado, los músicos –dirigidos por Exequiel Ferreyra– con sus baterías, caixa, tambores, repiques y surdos; y por el otro el cuerpo de baile que tiene roles designados dentro de la pista de baile: portabandera, cordoneras y cordoneros, bastonera –en general son mujeres–, pasistas y reina.
“Cada integrante es importante y la coordinación y el compañerismo que se desarrolla en el show es lo que debe primar. Siempre les digo a todos que la gente viene a verlos, que son artistas y que su legado cultural es muy importante”, dijo la directora de Malibú.
En esa línea, la mujer hizo hincapié en la necesidad que tienen siempre como grupo de juntar fondos para sostenerse y emprender nuevos proyectos. "El trabajo de la comparsa es a pulmón, y cada año se reacondicionan o vuelven a diseñar los trajes de las bailarinas y bailarines, más lo de los músicos y decoraciones de instrumentos”, mencionó.
“Yo soy jubilada, pero sigo trabajando como empleada doméstica todas las mañanas. Así que paso las tardes sentada en la máquina, bordando o aprendiendo técnicas para nuevos trajes, ya que constantemente estamos buscando alternativas nuevas para mejorar”.
En ese sentido se refirió a quienes la ayudan en su rol de vestuarista, como Chiqui Sosa (oriundo de Esperanza) que está siempre a cargo de los tocados; su hermana que le da una mano con los arreglos, más los bailarines y bailarinas que ayudan en los bordados.
Proyección y anhelos
Sara aseguró que le encanta coser y que la comparsa es su orgullo. “Quiero que la gente venga a vernos, que nos conozca para que se contagie de la alegría que transmitimos, tan necesaria en estos tiempos. Estamos viviendo días de fiesta, porque el Carnaval es, sin dudas, la mejor época del año”, sentenció.
Al respecto hizo alusión al proyecto de Malibú y otras agrupaciones de la ciudad (Flor del Litoral, Herederos del Sol, Marimba, Macumba, Marivera, Santa Fe Cordial y 29 de abril Show – Patoruzú) de unirse para conformarse como asociación civil, bajo el nombre de “Comparsas Unidas de Santa Fe”, para luchar por la reivindicación de su pasión y cultura.
“Estamos trabajando en un proyecto para la creación de un espacio de corsódromo en la ciudad, lo que nos permitiría organizar más encuentros, que más gente nos vea y fomentar a la creación de comparsas nuevas”, cerró.
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