Analía Chumpitaz, directora de Promoción y Prevención de la Salud de la provincia, explicó que el monóxido es un gas tóxico, incoloro, inoloro e insípido, lo que lo convierte en una amenaza invisible. “No nos damos cuenta de su presencia hasta que empezamos a sentirnos mal. Y muchas veces ya es tarde”, advirtió en una entrevista en Ahora Vengo.
¿Cómo se produce el monóxido?
Este gas se genera por la combustión incompleta de elementos como:
Puede liberarse tanto de artefactos comunes como estufas, braseros, calefones, salamandras o cocinas.
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Chumpitaz fue clara: “Cualquier fuego puede emitir monóxido si la combustión es deficiente. No importa si la estufa es nueva o eléctrica; si usamos braseros o leña, hay riesgo”.
Controles obligatorios
Uno de los puntos clave es el control anual de artefactos a gas por gasistas matriculados. “Muchas veces alguien ‘arregla’ el calefón y luego nos olvidamos de hacer la revisión con un profesional. Eso puede ser letal”, advirtió.
Además, hay una regla simple: la llama siempre debe ser azul. Si es amarilla o anaranjada, indica mala combustión y emisión de monóxido.
Ventilación: los 5 cm de la vida
El Ministerio de Salud insiste en una medida sencilla y vital: mantener al menos una ventana abierta 5 centímetros durante todo el invierno. “Esos 5 centímetros pueden salvar vidas”, aseguró la doctora.
“Y no alcanza con solo abrir una ventana: el aire debe circular. Si dejamos abierta la del baño, la puerta también debe estar abierta.”
También se recomienda ventilar los ambientes dos veces al día: una por la mañana y otra por la tarde. Esto aplica tanto en el hogar como en los espacios de trabajo.
Precauciones adicionales
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Evitar cerrar herméticamente los ambientes, incluso en días de mucho frío.
Apagar los braseros al aire libre y nunca dejarlos encendidos al dormir.
Colocar detectores de monóxido de carbono, sobre todo en habitaciones cerradas o mal ventiladas.
Compartir estos consejos con familiares y personas que visitan el hogar.
Subregistro y percepción errónea
La especialista señaló que los casos de intoxicación suelen estar subregistrados. “Muchos sienten mareos o confusión, ventilan, se recuperan y no consultan. Pero eso también fue una intoxicación”, explicó.
También aclaró un mito frecuente: el monóxido no solo actúa mientras dormimos. “Puede afectar estando despiertos. En el caso del lunes, las personas fallecidas no estaban en sus camas. Es una intoxicación progresiva que puede desvanecernos en cualquier parte de la casa”.