María, Jesús y Verónica conocen las calles de la ciudad como la palma de sus manos. Los tres son recolectores y desde que recuerdan se mantienen con esta actividad que realizan con ánimo. Los tres trabajan e integran la cooperativa "Reciclando nuestros sueños", el espacio que desde hace dos años se convirtió en el primer punto verde de la ciudad de Santa Fe.
Pintado sobre el tapial en calle San Juan 1250 se puede leer: cooperativa "Reciclando nuestros sueños", en letras grandes y celestes. A diario llegan al punto verde recolectores, cartoneros y cirujas. Una vez traspasado el portón se observan entre dos y tres motos, una de ellas con carros, y bolsas de gran tamaño que en su interior almacenan plástico, latas y cartón.
El camino lleva al galpón abierto, en donde una mesa con mate recibe a los recolectores que a diario llegan para cubrir su jornada laboral en la cooperativa. En el fondo se pueden ver los fardos acumulados que esperan ser retirados del predio. Un grupo de personas se ubican en ese sector, unos colaboran para introducir los materiales en la máquina enfardadora, otros barren el lugar mientras que toman un mate. Las risas no faltan en la jornada de trabajo a pesar de que en el lugar el frío se hace sentir.
A diario los recolectores, cartoneros y cirujas asociados a la cooperativa arriban al lugar con sus carritos llenos de materiales. Se estima que a diario llegan al galpón entre 3.000 a 4.000 kilos de materiales reciclables.
La creación de esta entidad fue fruto de la lucha de un grupo de recolectores que desde 2017 batalló para contar con un recurso que le diera la posibilidad de contar con un salario digno. Hoy la organización le brinda a 300 familias la oportunidad de contar con un ingreso fijo por primera vez en su vida.
Las historias abundan en este espacio en donde los trabajadores a diario recorren las calles de la ciudad en búsqueda de cartones, plásticos y latas. Desde hace tiempo cada recolector cuenta con un recorrido propio, ya sean domicilios o locales comerciales el objetivo es conseguir el material que luego se convertirá en su sustento.
María Aquino tiene 49 años, desde que recuerda su trabajo es recolectar cartón y el material que pueda rescatar de la calle. “Yo ya hace años que hago esto. Nosotros entramos en un carrito vendiendo fruta y nos fue tan mal que empezamos a cirujear”, recuerda la mujer.
Desde hace dos años trabaja en la Cooperativa, en donde se dedica a la limpieza del galpón, ayuda en la clasificación del material y en las labores que sea necesario colaborar.
La calle es un lugar que conoce bien, en principio y por mucho tiempo la recorrió a caballo. “Hace años que andamos. Luego, nos sacaron el caballo y no teníamos adónde ir “, cuenta con su tono de voz bajo.
Años atrás, el material que recolectaba en la calle lo vendían al mejor postor. Hoy lo que juntan lo entregan en la cooperativa, que paga un precio justo y acorde al mercado.
Una vez que termina su turno de trabajo, María sale a cirujear junto a su marido y uno de sus hijos. “Yo crié a mi hijo con esto y lo estoy criando a mi nieto ahora. Toda mi vida fue así”, cuenta.
La cooperativa le brinda a María la posibilidad de contar con un ingreso fijo, asegura que está conforme con su trabajo. “Tengo las cosas que tengo gracias a esto. Porque con la cirujeada sola no alcanza, gracias a esto tengo lo que quiero tener y estoy conforme”, recalca.
"Cartonear no es deshonra"
“Es mi modo de vida, cartonear”, asegura Jesús Segovia. Con 58 años este santafesino, que se crió en barrio Barranquitas, mantiene a su familia con lo que saca del cartón. Desde los 18 años que Jesús recorre las calles de la ciudad de Santa Fe en busca de material.
A lo largo de los años atravesó distintas etapas. Jesús recuerda cuando salía con su padre a cirujear, en ese entonces el carrito y los caballos eran su herramienta de trabajo.
Años más tarde comenzaron a regir nuevas regulaciones y la prohibición de la tracción a sangre. En ese interín, Jesús relata que le arrebataron su caballo. Esto lo obligó a trabajar arrastrando el carro, tiempo después entraría a la Cooperativa que asegura, le cambió la vida.
“Mi vida cambió en un 100%, cumplo con mi trabajo y un horario. Cuando termino me voy a casa, salgo a cartonear. Y ese es mi modo de vida, cartonear”, asegura.
El dinero que obtiene del trabajo en la Cooperativa le ayuda a vivir y a mantener a su familia que está formada por su mujer y sus hijos. Uno de ellos cursa los estudios universitarios, Jesús lo alienta para que pueda culminar esta etapa. “Cartonero no es deshonra, pero mejor que cartonear es trabajar”, sostiene.
La cooperativa, una forma de agrupar esfuerzos
El camino para conformar la cooperativa comenzó en el 2017, cuando un grupo de cartoneros y cirujas perdieron sus animales a raíz de las disposiciones municipales. La situación los puso en contacto con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).
“Ellos nos ayudaron a avanzar, porque muchos compañeros entregaban su material a una chacarita y no era justo el precio que les pagaban”, cuenta Verónica Chili Luna, integrante de la comisión directiva de la cooperativa.
El pago de los salarios es cubierto por la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recolectores (FACCyR). Verónica cuenta que desde la cooperativa están invirtiendo parte de las ganancias para lograr autosustentarse en el futuro. Mientras tanto, la FACCyR se encarga de crear el lazo entre las empresas, que compran los materiales para reutilizar, y la cooperativa, que nuclea a quienes los recuperan de la basura.
Hasta diciembre pasado el alquiler del galpón era cubierto por el Ministerio de Medio Ambiente de la Nación y ahora es sustentado por la cooperativa.
La cooperativa funciona en dos turnos de cuatro horas cada uno: de 8 a 12 y de 12 a 16. Los cartoneros y recolectores llegan al galpón en sus propios medios: medios, carritos o vehículos de cuatro ruedas.
Los materiales llegan en bolsas que pesan entre 60 a 80 kilos, separados y clasificados. Una vez que son pesados y se registra el material, el trabajador recibe un ticket con el importe que se abonará por lo que entregó. El kilo de cartón se paga a $35, el papel $57 , el pet varía entre los $72 a $48 y las latas $210.
En la cooperativa el material es aprovechado por partida doble: se vuelve a reutilizar y brinda un ingreso a los recolectores. "Parte del material se recupera, por ejemplo, el cartón con el que se fabrican agendas, tapas de carpetas, más cajas. Lo que es film, latas, el plástico, todo eso también. Ese material se usa para fabricar bolsas negras, hacen juegos didácticos o vuelven como maples de huevo", cuenta Jorgelina Ayala, integrante de la cooperativa y recolectora.
Los trabajadores de planta se encargan de descargar los bolsones y enfardar el material con una prensa. Luego, los fardos se pesan y almacenan hasta el momento de la venta. Cada 15 días llegan dos camiones desde Buenos Aires para llevar los fardos hacia las empresas que los compran, por ejemplo Smurfit Kappa reutiliza el cartón y el papel.
"La verdad que nosotros siempre tuvimos fe en que todo nos iba a salir bien porque nosotros sabemos trabajar en la calle, recuperar el material, sabemos cómo tiene que estar limpio. Lo hicimos con todos los compañeros, con los recolectores de calle y con los que trabajan acá", cuenta Verónica.
"A nosotros siempre nos marginaron, reclamamos lo que nos correspondía como ciudadanos, porque aparte que limpiamos la ciudad, rescatamos un montón de material que directamente se entierra. No es material que lo ocupan, porque si vamos al caso, ese material va al relleno y se entierra", agregó Jorgelina.
Tanto Verónica como Jorgelina aseguran que muchos de sus compañeros dejaron de delinquir y se recuperaron de las drogas gracias a la labor que llevan adelante en la cooperativa. “Son muchos compañeros los que están trabajando, recolectando el material y se ganan el pan dignamente ahora”, afirman.
Conscientes de que muchas veces los observan con desprecio, todos coinciden en que ser recolector es un trabajo digno que día a día les da la posibilidad de contar con un ingreso digno. "A nosotros siempre nos marginaron", sostiene Jorgelina.
La cooperativa es el resultado de la lucha y del trabajo de cientos de personas que a diario recorren, recolectan y limpian las calles de la ciudad para poder contar con un plato de comida en la mesa. Una lucha que sigue día a día y paso a paso.















