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Santa Fe Rosario | Arroyo Ludueña | Contaminación

La Justicia puso la lupa en los contaminadores del arroyo Ludueña de Rosario

Una decisión judicial condenó a un shopping a tratar de forma adecuada sus efluentes y a obtener un certificado de aptitud ambiental.

Olores nauseabundos, agua turbia, desechos que flotan. La postal que ofrece el arroyo Ludueña -uno de los dos cursos de agua que atraviesan la ciudad de Rosario- en diferentes puntos de su recorrido es no solo violenta a la vista y al olfato, sino peligrosa para la salud de las personas y del ambiente. Ante esta situación, y después de más de dos años de denuncias y recolección de pruebas, el juez Marcelo Quiroga del juzgado de la 1ra instancia Civil y Comercial de la 7ma Nominación de Rosario decidió el pasado día 7 de marzo hacer lugar parcialmente a la acción de amparo presentada en su momento por la fiscal extra penal María Laura Martínez y condenar al centro comercial Fisherton Plaza Open Mall a que en el término de seis meses “regularice su situación en orden al tratamiento de los efluentes cloacales y al líquido de rechazo del sistema de ósmosis inversa y presente el Certificado de Aptitud Ambiental”, proceso que deberá ser controlado el ministerio de Ambiente y Cambio Climático, que tendrá que informar cada mes sobre los avances -o no- de la empresa apuntada.

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La investigación había iniciado en abril de 2020 luego de ser detectada una mancha oscura en sus aguas.

La investigación había iniciado en abril de 2020 luego de ser detectada una mancha oscura en sus aguas.

Si bien el juez no culpó exclusivamente a ese shopping de contaminar el Ludueña, si reconoció que ese curso de agua tiene severos problemas y apuntó a diferentes actores a la hora de endilgar responsabilidades. “Para nosotros es un muy buen precedente porque el juez dice específicamente en su sentencia que hay contaminación y eso ya es un gran paso, aunque no se la adjudique directamente al centro comercial al sostener que eso no está probado”, explicó Martínez, quien agregó: “el juez dice que hay contaminación y que no puede atribuírsela exclusivamente al centro comercial, sino también a otros establecimientos. Para nosotros eso convalida la tesis de la fiscalía de que el Ludueña está contaminado y que la Justicia tiene que encargarse de este tipo de casos” subrayó la funcionaria.

Incumbencias ambientales

Para Martínez, la importancia de este fallo es, justamente, el reconocimiento y la legitimación hecha al accionar de una fiscalía en temas socioambientales. “Esto es el resultado de una concepción sobre el rol de las fiscalías que representan los intereses generales en función de los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales. Esto es algo muy importante” dijo la fiscal, para quien la sentencia también legitima la vigencia del Acuerdo de Escazú, un tratado internacional al cual Argentina adhirió que amplía los derechos ciudadanos en materia ambiental.

“Escazú fue el resultado de la lucha de muchas organizaciones ante los ilícitos sobre los militantes. Al hablar el juez de la legitimación amplia de la fiscalía nos está dando un elemento muy importante, porque en general este de denunciante lo vienen cumpliendo las organizaciones socioambientales, que no tienen los mismos recursos” argumentó Martínez, quien recordó que, si bien no existen fiscalías ambientales en el país, aun así los fiscales “tienen que ejercer ese rol”.

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¿La sentencia del juez Quiroga puede sentar un precedente sobre el papel que la Justicia puede tener en infracciones o delitos de tipo socioambiental? La respuesta para la funcionaria es positiva. “Esta causa está desde inicios de 2020 y prosigue, estamos investigando para la construcción de casos que, aunque no sean iguales, si son similares”, dijo.

Una cuenca degradada

Toda la cuenca del Ludueña presenta problemas asociados a acciones humanas, que van desde la modificación profunda de los usos del suelo por agricultura o negocios inmobiliarios hasta la persistencia de la antigua idea de que los cursos de agua son, ante todo, vertederos para afluentes comerciales, industriales y domiciliarios.

Desde el Taller Ecologista trabajan sobre este tema desde hace tiempo y más de una vez han pedido “complejizar la mirada de toda la cuenca” para poder tener una visión más completa del estado de degradación de este arroyo tanto por los efectos de la agricultura como por contaminación y construcción de canales ilegales.

La sequía excepcional de los tres últimos años empeoró el escenario hídrico, ya que ese curso de agua presenta -como todos los de la región- un menor caudal que se traduce en una menor capacidad para diluir las sustancias químicas o los afluentes comerciales e industriales.

Otra mirada

Para esa organización, es clave avanzar con otra mirada sobre la cuenca del Ludueña, que abra la puerta a acciones que ayuden a frenar la degradación de sus ecosistemas asociados. Una de esas acciones puede ser la reactivación del Comité de Cuencas a nivel provincial, para contar así con una herramienta interjurisdiccional y participativa con diversos actores sociales, entre ellas las organizaciones de la sociedad civil.

También mejorar -y mucho- las medidas de control como un monitoreo sostenido de calidad de agua a lo largo del arroyo y establecer áreas de pastizales nativos aún remanentes en la cuenca que ayude a conservar la riqueza biológica, ecológica y cultural de estos humedales.

Eso podría hacerse a través de la creación de nuevas áreas protegidas, como por ejemplo la Reserva San Jorge, el Bosque de los Constituyentes y la propia desembocadura del arroyo.