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Santa Fe Las marcas del Salado - 20 años | Inundación del río Salado | Inundación en Santa Fe de 2003

La inundación de 2003 le regaló una nueva familia y cambió su vida para siempre: la historia de María José Soria

María José Soria tenía 9 años cuando la crecida del río Salado la obligó a salir de su casa de barrio San Lorenzo. Llegó al centro de evacuados de Club Banco Provincial donde conoció a la familia Monjo. "Siempre digo que la inundación es un antes y un después en mi vida", aseguró en diálogo con AIRE.

Cada 29 de abril remueve la memoria más profunda de los santafesinos. La feroz crecida del río Salado -que dejó bajo agua a gran parte del cordón oeste de la ciudad de Santa Fe- se convirtió en un momento bisagra para miles de personas. A María José Soria, una santafesina que hoy tiene 29 años, la inundación de 2003 le puso en su camino a la familia Monjo, quienes la “adoptaron” con mucho amor y le cambiaron la vida para siempre.

"La inundación es una palabra fuerte para mí. Más allá de que no quise saber nada por mucho tiempo, siempre digo que es un antes y un después en mi vida. Significó dejar muchas cosas, pero también fue empezar a vivir otras muy hermosas", definió Majo en una extensa charla con AIRE.

Maria José Soria: El agua le dio una nueva familia | Inundación 20 años

María José tenía 9 años cuando su tío entró asustado a su casa de barrio San Lorenzo con la noticia de que el agua del río Salado ya había llegado a la zona. En ese momento, ella vivía en calle Entre Ríos al 3.900 junto a Ricardo, su abuelo materno y sus tres hermanos. Su madre estaba en pareja con otro hombre y se había mudado a otro sitio tres años antes de la tragedia hídrica.

"Estábamos festejando el cumpleaños de mi abuelo y vino un tío muy asustado diciendo que el agua ya estaba en la esquina de la casa. Le pidió que nos vayamos rápido por lo que juntamos lo poco que teníamos y nos fuimos a buscar a mi mamá que estaba embarazada de ocho meses", recordó María José.

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Buscando escapar del agua, huyó hacia barrio Centenario junto a sus hermanos, su madre y su tío. Sin embargo, allí vivió las noches más largas, angustiantes y desoladoras de su vida. Les habían asegurado que la crecida no iba a llegar hasta ese lugar, pero sí lo hizo y fue implacable.

El agua nos arrasó a todos cuando intentábamos cruzar hacia la cancha de Colón para resguardarnos. A pesar de que hicimos un puente de manos, la fuerza del agua nos separó. Una mujer vio lo que pasó y nos dejó entrar a su departamento de barrio Fonavi. Desde ahí le gritamos a mis hermanos para saber si estaban bien hasta que nos contestaron”, rememoró.

Lograron salir todos juntos de barrio Centenario recién la mañana siguiente y a bordo de una canoa que los dejó en la intersección de la avenida J.J. Paso y Saavedra. En pocas horas, el agua había superado los dos metros de altura dentro del barrio y salir a pie era imposible.

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Durante esos días grises de otoño, la tristeza invadió a todo un pueblo.

Durante esos días grises de otoño, la tristeza invadió a todo un pueblo.

"Estuvimos un día entero ahí muriendo de frío y muertos de hambre. Estábamos todos mojados y no teníamos nada de ropa hasta que apareció una mujer llamada Patricia. Nos llevó en su auto hasta el Club Banco Provincial y quedamos evacuados ahí", expresó.

Los días en el Club Banco Provincial

María José y su familia fueron recibidos por Florencia y Mario, dos de los tantos voluntarios que estaban trabajando en el centro de evacuados del Club Banco Provincial de barrio Guadalupe. Se instalaron en uno de los gimnasios y allí vivieron, entre frazadas que simulaban ser paredes, durante los siguientes dos meses con otras personas en la misma situación.

Sin embargo, la convivencia intrafamiliar no fue sencilla. A los pocos días de llegar, apareció la pareja de su mamá, se quedó con ellos y Majo volvió a vivir las mismas situaciones de violencia que los había separado años atrás.

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María José estuvo en el centro de evacuados del Club Banco Provincial de la ciudad de Santa Fe.

María José estuvo en el centro de evacuados del Club Banco Provincial de la ciudad de Santa Fe.

Las agresiones del hombre eran constantes, así como también la justificación y la inacción de su madre a esas acciones. Sin encontrar otra salida, María José comenzó a pasar mucho tiempo con los voluntarios del centro para evitar a esa persona y terminó forjando un vínculo de cariño muy especial con ellos.

Hasta que un día, la situación se volvió insostenible y la niña de 9 años decidió decir basta. "La policía fue al centro de evacuados porque habían encontrado un arma entre los inundados. Hubo un allanamiento y, en ese momento, esta persona me pegó. Aproveché la situación y lo denuncié. Empecé a los gritos, entré en crisis y lo llevaron detenido", explicó.

El valiente acto de María José significó el final de la relación con su madre. Furiosa por lo que había ocurrido, la mujer comenzó a maltratarla por lo que los voluntarios tomaron la decisión de separarlas definitivamente. "Yo pasé de estar con mis hermanos y mi mamá a estar con ellos todo el tiempo".

El reencuentro con su abuelo y su regreso a barrio San Lorenzo

María José no recuerda con exactitud en qué fecha ocurrió, pero sí recuerda que la alegría le invadió el cuerpo cuando vio a su abuelo en el centro de evacuados. Ricardo se había quedado en el techo de su casa en barrio San Lorenzo para evitar que entren a robar y no habían sabido nada más de él. Hasta ese momento.

"Mi abuelo logró encontrarnos después de un tiempo. Lo vi y le dije 'llevame con vos'. Me despedí de los voluntarios y me volví con él. Mis hermanos se quedaron ahí con mi mamá", recordó.

El regreso a barrio San Lorenzo dejó en Majo imágenes, sensaciones y olores que nunca podrá borrar de su mente. "Íbamos caminando por calle Santiago de Chile y recuerdo haberle dicho: 'esto es una guerra'. El olor a humedad era asqueroso y había montañas de basura de cosas que las personas sacaban de sus casas totalmente destruidas"

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Las familias inundadas perdieron todas sus pertenencias. El agua arrasó con todo.

Las familias inundadas perdieron todas sus pertenencias. El agua arrasó con todo.

La casa de Maria José estuvo tapada por dos metros de agua. El río se había llevado todas sus pertenencias y la reconstrucción tuvo que ser desde cero. "Adentro estaba lleno de barro. No había quedado nada sano. Todo estaba sucio, roto y embarrado. Ayudé a mi abuelo a limpiar un poco, pero no sé si llegué a hacer mucho. Calculo que, al menos, le hice un poco de compañía", estimó.

Las semanas pasaron, las cosas se acomodaron y María José tuvo que regresar a la escuela. Su vida transcurría con cierta normalidad hasta que un día fue sorprendida por voluntarios del Club Banco Provincial. El vínculo se había vuelto tan fuerte que la fueron a buscar. "Te estábamos extrañando. No sabíamos nada de vos", le dijeron.

La decisión que cambió su vida para siempre

En la puerta de la escuela estaban Julio Monjo junto a un grupo de voluntarios. A partir de ese momento, el contacto se hizo frecuente y familiar con los Monjo. La relación se volvió aún más estrecha y la invitaron a vivir con ellos.

"Todos los fines de semana me buscaban o yo iba a su casa. Hasta que un día me echaron indirectamente de la escuela y ellos me ofrecen la oportunidad de empezar desde cero: nueva vida, nueva escuela, nuevos amigos", recordó.

La propuesta sorprendió a María José, aunque también la motivó y vio en ella la oportunidad de aliviar un poco la carga de su abuelo. "Si bien con él nunca nos faltó nada, no estaba pudiendo conmigo y mis hermanos. Lo pensé como una ayuda para él, una forma de devolverle todo el amor que me había dado", reveló la joven.

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En el Club Banco Provincial conoció a la familia Monjo y forjó un vínculo para toda la vida.

En el Club Banco Provincial conoció a la familia Monjo y forjó un vínculo para toda la vida.

Aunque su madre se puso en contra de la propuesta, a Majo solo le importaba lo que su abuelo dijera. Ricardo estuvo de acuerdo y la niña se mudó, bajo tutela legal, con la familia Monjo para comenzar una nueva vida.

"Empecé con actividades ese mismo verano. Fui a una colonia de vacaciones que era básicamente Disney para mí. Después, empecé a hacer deportes en el mismo lugar donde estuve evacuada, hice un nuevo grupo de amigos que aún hoy en día sostengo. Así empecé a conocer otras realidades", expresó.

A pesar de los grandes cambios en su vida, María José nunca perdió el vínculo con su familia biológica. Siempre alentada por los Monjo, visitó a su abuelo y a sus tres hermanos todas las semanas tras la mudanza y, en la actualidad, mantienen una hermosa relación. “Hernán, Fabricio y Delfina son mi vida. Incluso ahora que mi abuelo ya no está, nos seguimos viendo constantemente", aseguró.

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Un tercio de los barrios de la ciudad quedaron bajo el agua.

Un tercio de los barrios de la ciudad quedaron bajo el agua.

A 20 años de la inundación

A 20 años de la inundación, Jose no tiene más que palabras de agradecimiento para la familia que le dio la oportunidad de cambiar su vida.

"Los Monjo me dieron muchas oportunidades. Gracias a ellos pude ir a la escuela, hacer deportes, disfrutar mi adolescencia y hasta militar. No sé si hay algo que no hice. Yo sé que mi abuelo no me hubiera prohibido nada, pero tal vez, en lugar de disfrutar, tendría que haber ocupado el rol que mi mamá no ocupó con mis hermanos", reflexionó.

A María José Soria, la inundación del río Salado la obligó a enfrentar sus mayores temores. Sin embargo, también le regaló una familia que la ayudó a convertirse en la mujer que es hoy en día.

"Lo que me dejó la inundación es que nadie se salva solo. Fue muy necesaria la ayuda de toda la gente que se solidarizó con los inundados. Por más que haya personas que digan que se bancaron solos, es mentira. Sin ayuda de otros nunca vamos a salir adelante", concluyó.