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Santa Fe Inundación en Santa Fe de 2003 | Ciudad de Santa Fe | Río Salado

Inundación en Santa Fe de 2003: los unió la solidaridad y las ganas de ayudar y hace 21 años que están juntos

La escuela Drago fue una de las tantas instituciones educativas que funcionó como centro de evacuados durante la inundación de 2003. Allí nació la historia de Leo y Vito, que coincidieron como voluntarios en esa misma escuela. Hoy siguen juntos y recuerdan aquellos días que los unió la solidaridad y las ganas de colaborar.

El desborde del río Salado que dejó bajo el agua a un tercio de la ciudad de Santa Fe, marcó para siempre a la sociedad santafesina. Aquel 29 de abril de 2003, familias enteras tuvieron que dejar sus viviendas y refugiarse en centros de evacuados que funcionaron principalmente en escuelas donde recibieron no solo un plato de comida, sino la contención de los voluntarios que se acercaron sin dudarlo a colaborar en lo que se necesitara.

La inundación en Santa Fe de 2003 fue un antes y un después en la vida de la mayoría de quienes vivimos en la ciudad. Y la historia de Leo Minoti y Vito Saez no es la excepción.

Se conocieron hace 21 años en el centro de evacuados que funcionó en la escuela "Luis María Drago". Los unió la solidaridad y las ganas de ayudar, como la de muchísimos santafesinos que se sumaron a la tarea de organizar la dinámica de estos centros que fueron un hogar para muchas familias del cordón oeste de la capital provincial.

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Leo y Vito, allá por 2003, cuando se conocieron.

Leo y Vito, allá por 2003, cuando se conocieron.

Coincidieron en la escuela Drago, la institución ubicada en General Paz al 5300. Leo, que en ese entonces tenía 23 años, había cursado allí la primaria y en ese entonces vivía a unas cuadras.

“Creo que como la mayoría de los santafesinos me enteré de que estaba entrando el agua a la ciudad por los medios de comunicación. En ese momento vivía con mis viejos y estudiaba Derecho en la UNL”, contó a AIRE mientras rememoraba aquellos días que dejaron huellas en cada uno de nosotros.

Vito por su parte, tenía 18 años recién cumplidos y estaba cursando el ingreso a la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UNL para comenzar la carrera de Diseño Gráfico. "Vivía en la casa de mis padres con mis hermanas, también estudiantes en ese momento. No teníamos mucha conciencia de lo que estaba por pasar, pero sí recuerdo que era un otoño muy lluvioso y que los días previos a la inundación, entre los vecinos se rumoreaba que podía entrar agua por la defensa, entonces muchos empezaron a armar bolsas de arena para tener “por las dudas”.

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Una de las postales de aquel fatídico 2003 tras el ingreso del Salado a la ciudad.

Una de las postales de aquel fatídico 2003 tras el ingreso del Salado a la ciudad.

"Si bien los más viejos del barrio decían que hasta ahí no iba a llegar el agua -recordó- porque vivimos en una zona alta cerca del ferrocarril, todos teníamos las bolsas por si acaso. Por suerte no nos llegó a nosotros, pero sí a unas pocas cuadras, pasando la avenida Facundo el panorama fue distinto. Me acuerdo haber intentado acercarnos a la vecinal del barrio Los Hornos, pero se veía el agua asomar a pocos metros de la avenida, como si existiera una línea imaginaria que frenó el agua en ese punto".

Ayudar en lo que se necesitara

Leo decidió sumarse como voluntario en la escuela Drago. Vito, luego de varios días de incertidumbre, clases suspendidas, "horas que no se pasaban más", se enteró que en las instituciones educativas se pedía colaboración.

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Leo y Vito se encontraron en aquel 2003 y nunca más se separaron.

Leo y Vito se encontraron en aquel 2003 y nunca más se separaron.

"Intentaba entender lo que estaba pasando y quería ayudar a las familias que habían quedado sin hogar pero no sabía ni dónde ni cómo. Me decidí a ayudar donde mi mamá por ese entonces daba clases: el jardín Lola Uranga de la escuela Drago. Primero fui sola y como se necesitaban muchas manos porque las familias seguían concurriendo, avise a mis amigas de la secundaria y allá fuimos", contó.

Coincidir y encontrarse en la solidaridad

La dinámica de cada centro de evacuados era distinta. En la Drago, las docentes y no docentes se pusieron a cargo la organización de las tareas. También había un grupo de vecinos que colaboraban y algunos grupos de jóvenes.

"Con el grupo de amigos de Leo enseguida nos organizamos con turnos y nos dividimos lo que teníamos que hacer. Ahí coincidimos. Todas las tardes llegábamos y nos encargábamos de armar juegos para los niños y niñas. También, mientras en el comedor preparaban la cena, acomodábamos las mesas, armábamos las raciones de comida y organizábamos donaciones", recordó Vito.

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Ambos recuerdan esos días en la escuela con mucho cariño a pesar del contexto angustiante.

Ambos recuerdan esos días en la escuela con mucho cariño a pesar del contexto angustiante.

Leo, por su parte, señaló que las horas que compartían en ese momento eran muchas. “Personalmente, también me quedó grabada la hora de la comida, en la que nos tocaba repartirla a las familias que allí estaban alojadas y que estaban pasando momentos muy difíciles por no saber con qué se iban a encontrar al volver a su casa”.

"En ese momento nos hicimos amigos entre los dos grupos -agregó Vito. Ya habíamos pegado onda, un mes después, ya casi terminando las acciones en el centro de evacuados, nos pusimos de novios, formalmente hablando".

Recuerdos y relatos quedaron grabados para siempre

Sobre los recuerdos que les quedaron de aquellos días grises en la ciudad, la joven de hoy 39 años, contó: "Me acuerdo de algunas cosas que charlamos con las personas con las que nos cruzamos en el centro de evacuados, hablar de la altura que les había llegado el agua a su casa y lo que habían perdido. También de las listas de las familias escritas en los pizarrones a la entrada de las escuelas, de los sonidos de las bombas detonando para que se vaya el agua y los helicópteros…".

Vito recuerda con una sonrisa las miles de historias y los juegos inventados para lograr "sacar una sonrisa a los chicos" que esperaban ansiosos que vuelvan los padres que habían quedado custodiando sus casas desde los techos.

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Hace cinco año, la pareja sumó a Juana a

Hace cinco año, la pareja sumó a Juana a "su equipo".

Leo, por su parte, habla del momento en que llegaban las donaciones y "las charlas con las personas". Son cosas que no me voy a olvidar", expresó.

Leo y Vito se encontraron en aquel 2003 y nunca más se separaron. Hoy rememoran aquellos momentos con mucho cariño. “Muchas veces nos reímos y pensamos en qué loco fue haber coincidido en aquel momento y lugar. Y la seguimos remando. Hace cinco años la sumamos Juana al equipo, nuestra hija, a quien le contamos de aquella época y la llevamos a conocer la escuela”, expresó Leo.

Vito, coincide en esa complicidad. "Hasta el día de hoy mantenemos la amistad con ese grupo que se armó allá por 2003 y cuando nos encontramos hacemos chistes del tiempo que 'duramos juntos' y 'del aguante'. Es lindo recordar lo que compartimos en la escuela a pesar del contexto tan angustiante".